La nueva fiscal general de la Nación, la bogotana Viviane Morales Hoyos, a escasas horas de que la Corte Suprema de Justicia la ungiera como la sucesora de Mario Iguarán, ya empezó a ocuparse de temas polémicos y a enviar mensajes que seguramente causarán roncha. En tono vehemente reivindicó que el sistema judicial colombiano da plenas garantías y, sin aludir al caso de la ex directora del DAS María del Pilar Hurtado, dio a entender que el asilo es una salida que riñe con las investigaciones que eventualmente pueden enfrentar altos funcionarios del Estado.
Madre cabeza de familia, tres hijos, abogada rosarista, 48 años, con largo aliento en la política, experta en temas constitucionales y con un paso fugaz como comentarista en Caracol Radio, Viviane Morales fue protagonista en tiempos del presidente Ernesto Samper de una tutela que consagró la inviolabilidad del voto de los congresistas y, con fallo en mano, de un plumazo se acabó la investigación que la Corte Suprema adelantaba en contra de 109 congresistas que absolvieron a Samper por el ‘narcoescándalo’ del Proceso 8.000.
Algunos la califican como muy cercana al ex presidente Álvaro Uribe —él la incluyó en la Comisión de Notables para la reforma política—, otros la ubican del lado del samperismo. Con todo nadie duda de sus capacidades aunque, hoy traten de enrostrarle las andanzas de su ex esposo Carlos Alonso Lucio, ex militante del M-19 que terminó como asesor de los desmovilizados grupos de autodefensas. Hace dos años se divorció de él y cualquier referencia suya le causa malestar. Ayer le preguntaron por Lucio y ella contestó tajante: “Me parece una pregunta discriminatoria. A ningún hombre que ha aspirado a ser Fiscal le han preguntado sobre sus relaciones afectivas. Espero que no vuelvan hacerme preguntas sobre ese tema”.
Morales hereda tremendos chicharrones en la Fiscalía. Además de la congestión habitual de casi todos los despachos, la lentitud procesal o la bomba de tiempo que significa procesar más de 17.000 paramilitares desmovilizados que quedaron en un limbo jurídico una vez la Corte Constitucional tumbó el principio de oportunidad para ellos, la nueva Fiscal deberá resolver cuanto antes la suerte del ex secretario general de Palacio, Bernardo Moreno, y la hoy asilada en Panamá, María del Pilar Hurtado. Aunque se había fijado como fecha el próximo 13 de diciembre para imputarles cargos, Morales consideró conveniente estudiar el expediente antes de formular cargos contra estos ex funcionarios.
Asimismo, el Vicefiscal que ella designé deberá sustentar ante la Corte Suprema de Justicia la acusación en contra del ex ministro Sabas Pretelt de la Vega por el escándalo de la yidispolítica. Y ese mismo funcionario deberá resolver qué ocurrirá en la investigación en contra del ex ministro Diego Palacio y de Bernardo Moreno por los mismos hechos. La Fiscalía tiene hoy casos sensibles como las pesquisas por el holocausto del Palacio de Justicia, la reactivación de la llamada farcpolítica con lo que se ha encontrado en el computador del abatido ex miembro del secretariado, alias Mono Jojoy, el proceso de Justicia y Paz y expedientes en desarrollo por magnicidios que fueron declarados crímenes de lesa humanidad.
Ni qué decir del proceso por el llamado carrusel de la contratación en Bogotá. Será bajo su administración que se defina si Miguel, Manuel y Guido Nule serán beneficiarios del principio de oportunidad a cambio de que pongan en evidencia sus enlaces en el Gobierno y en Bogotá, y cuenten en detalle cómo se repartieron la torta de la contratación. Viviane Morales tiene por delante ser la cabeza de la aplicación de la política criminal en un país tan violento como Colombia. Ella, la primera mujer en acceder a este cargo, quiere ponerle el tatequieto a la impunidad que ronda el Sistema Penal Acusatorio y seguir desentrañando las mafias del narcotráfico enquistadas en distintos escenarios de la vida pública. Morales sabe que la corrupción aún campea y que deberá rodearse bien para enfrentar semejante desafío. Su experiencia política sin duda le ayudará a sortear las dificultades que seguramente le lloverán. Ayer empezó el empalme con el saliente fiscal encargado, Guillermo Mendoza.
La reorganización de la Corte
En la plenaria del miércoles la Corte Suprema de Justicia, además de eligir Fiscal General, escogió a cinco nuevos magistrados que reemplazarán a quienes terminaron su período constitucional hace algunas semanas. Fernando Giraldo a César Julio Valencia Copete, de la Sala Civil; Fernando Castro a Yesid Ramírez, de la Sala Penal; Gabriel Miranda a Isaura Vargas, de la Sala Laboral; Mauricio Burgos a Javier López, de la Sala Civil, y Juan Carlos Molina a Luis Javier Osorio, de la Sala Civil. El alto tribunal también ratificó como presidente en propiedad al magistrado Jaime Arrubla Paucar.
Intimidades de la elección en la Corte
La maratónica jornada de la Corte Suprema para destrabar la elección del Fiscal duró 14 horas. Desde las 10 de la mañana del pasado miércoles la Sala Plena se reunió para dar inicio a los consensos. Cada vez con mayor frecuencia, los propios magistrados comentaban que la corporación pasaba por un mal momento, llovían los comentarios sobre la supuesta politización y las agudas divisiones internas que impedían darle agilidad a la Corte, y por eso se había decidido unificar criterios para seleccionar al sucesor de Mario Iguarán.
El debate, sin embargo, no fue fácil. Se oyeron voces internas que hasta último momentos defendían la tesis de que la terna anterior (integrada por Jorge Aníbal Gómez, Marco Velilla y Margarita Cabello) seguía vigente y que, por tanto, había también que votarla. Al final, y después de varias discusiones, dijeron que no podían protagonizar una pelea más y que mantener la terna anterior podía ser interpretado como una declaratoria de guerra al Presidente actual, aunque ésa no fuera la intención.
Lo cierto es que con 14 votos fue elegida sobre el filo de la medianoche Viviane Morales. Siempre hubo una clara tendencia en la Corte de votar por una mujer y fue claro que el nombre de la ex congresista cayó muy bien. Su exposición, dijeron a El Espectador algunas fuentes consultadas, no fue la más fluida, pero logró convencer a los magistrados cuando respondió las preguntas formuladas por la Sala. Independencia y probidad fueron los dos términos que refirieron los magistrados a la hora de votar por Viviane Morales.
Conciliar tantas posiciones no fue tarea fácil. Sobre las 4:30 de la tarde los magistrados habían logrado superar por fin el tema de la anterior terna y había un principio de acuerdo para escoger a Jaime Arrubla como presidente en propiedad —llevaba 10 meses como encargado—. Seguidamente se presentaron algunas discrepancias internas que incluyeron algunas recriminaciones sobre quiénes o qué sectores de la Corte habían torpedeado la elección de Fiscal y si había o no politización de la justicia. Fue el momento más tenso de la jornada.
La Corte sabía que su prestigio había comenzado a menguar, que el asunto de la interinidad en la Fiscalía ya comenzaba a pasarle factura. A la medianoche hubo humo blanco y Viviane Morales obtuvo los votos necesarios. Fue una competencia muy pareja con Juan Carlos Esguerra. El ex procurador Carlos Gustavo Arrieta, en cambio, no despegó jamás. No alcanzó más de tres o cuatro voces de apoyo en el seno del alto tribunal. Pesaron en su contra rumores de que tenía estrechas relaciones con el gobierno anterior.