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Sus nombres están en las primeras páginas de toda la prensa uruguaya: Marcelo Pereira y Ariel Acevedo. Enfermeros de la clínica Asociación Española. Autores confesos del asesinato de al menos 16 pacientes que estaban bajo su cuidado. Detenidos desde el viernes pasado en la cárcel de Juan Soler, San José. Los medios de comunicación se refieren a ellos como “los ángeles de las muerte” y detallan que en sus primeras declaraciones los hombres aseguraron haber actuado por “piedad”. Dijeron haber asistido la muerte de enfermos que cargaban con un enorme sufrimiento.
Cada día surgen nuevas pistas para esclarecer lo que realmente sucedió. Las últimas informaciones señalan que los dos enfermeros tenían plena conciencia de que algunas de sus víctimas (de entre 22 y 80 años) no se encontraban en estado terminal, como se había dicho en un principio. Las pesquisas han permitido también perfilar a cada uno de los acusados y establecer que, aunque se conocían, no trabajaban en equipo.
Sin embargo, el ministro del Interior de Uruguay, Eduardo Bonomi, afirmó que los dos enfermeros sí tenían conocimiento de lo que el otro hacía y que incluso “competían entre sí”. Dijo además que las víctimas de ambos llegarían a unas 200.
Ariel Acevedo
El hombre de 46 años cargaba una jeringa con 20 centímetros cúbicos de aire y se la inyectaba en una vena al paciente. En pocos minutos el enfermo sufría una embolia pulmonar que, ocasionalmente, terminaba en un paro cardiaco. Los detalles los dio la abogada de Ariel Acevedo en entrevista al diario El País de España. Su nombre es Inés Massiotti y es amiga de infancia de Acevedo.
La abogada detalló también cómo transcurrió el primer interrogatorio, celebrado el sábado pasado. “Le pusieron decenas de fotos de pacientes y fue diciendo a quiénes había matado. Esta sí, esta no, esta no... Así, hasta llegar a 11. Yo le dije: ‘Vos te creíste Dios’. Él confesó todos los hechos y pidió perdón. Dijo: ‘Sí, me creí Dios’”.
Las declaraciones de la abogada Massiotti fueron más allá: contó que Acevedo nació en un pueblito llamado Minas y que a los 13 años fue violado por su cuñado. Que años más tarde se trasladó a Montevideo, se incorporó a la policía y estudió enfermería. Que hace cuatro años está casado (unido legalmente) con un comerciante de artesanías. De él sus compañeros dicen que es un hombre comprometido, trabajador, de buen humor, apreciado (según una publicación hecha por el medio uruguayo Subrayado.com).
Antes de terminar la entrevista la abogada retoma el momento del interrogatorio y dice: “La pericia fue muy exhaustiva; duró tres horas y determinó que él es plenamente consciente de sus actos. Tenía conciencia y voluntad de que haciendo éso esta gente moría. Pero la propia pericia determina que Ariel relata una gran angustia por lo que hizo. Su circunstancia es muy diferente a la del otro enfermero”.
Marcelo Pereira
“Pereira ha declarado que su móvil era la piedad. Les aplicaba morfina a pacientes que estaban en estado de cierta gravedad; no terminales, hay que aclararlo. Generalmente eran personas muy añosas. Les aplicaba calmantes, no con la intención de darles muerte, sino para paliar el sufrimiento”. El que habla es el abogado Fernando Posada, defensor del otro enfermero, Marcelo Pereira, de 40 años. Sus víctimas fueron cinco: tres que eran atendidos en el hospital público Maciel (en el que trabajaba media jornada) y dos en la clínica Asociación Española. Siempre usó el mismo mecanismo: les inyectó morfina.
Pereira era visto por sus colegas como un hombre molesto, un “mal compañero” (según Subrayado.com). Quienes fueron interrogados coincidieron en que siempre llevaba un maletín cargado de fármacos. El día del arresto cargaba numerosas dosis de Dormicum, medicamento que utilizaba para preparar a los pacientes antes de ejecutarlos (aseguró el periódico La República de Uruguay).
En este caso hay una tercera involucrada: Andrea Acosta, procesada como cómplice. Precisamente un mensaje suyo enviado a uno de los enfermeros, que decía “Sé lo que estás haciendo”, fue la prueba reina para ordenar las capturas el viernes. La investigación había empezado desde el pasado 2 de enero, cuando las autoridades recibieron las primeras denuncias anónimas.