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Los filósofos de la educación

Las falencias de la enseñanza motivaron a un grupo de investigadores a discutir soluciones para formar estudiantes afectivamente sanos. La soledad y el consumismo infantil, sus mayores preocupaciones.

Mariana Suárez Rueda

17 de octubre de 2009 - 05:00 p. m.
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En el país ideal, los niños y jóvenes saltarían de emoción cada vez que tuvieran que levantarse para ir a estudiar, tendrían largas charlas con sus padres sobre sus problemas y preocupaciones, aprenderían, además de conceptos, valores y herramientas para enfrentarse a la competitividad del mundo actual. Las armas y los cuchillos no se esconderían entre los lockers y las maletas, el acoso escolar sería un chiste de pasillo y la tecnología el mecanismo ideal para mantenerlos atentos durante las clases, al tiempo que desarrollan sus habilidades cognitivas.

Sin embargo, en Colombia la escuela está lejos de ser el lugar en el que los estudiantes, de la mano de sus maestros, reflexionen sobre la realidad y trabajen por construir una sociedad mejor que esta en que viven. Aquí las aulas son el reflejo de la violencia y las agudas problemáticas sociales del país.

Preocupados porque el Estado está más pendiente de los resultados de las pruebas que miden la calidad educativa de los colegios y universidades, que de la formación intelectual y afectiva de los estudiantes, un grupo de reconocidos pedagogos, psicólogos y académicos, inmersos en el mundo de la educación, decidieron conformar una institución mediante la cual pudieran discutir y formular soluciones para que lo que se enseñe en la escuela realmente responda a las necesidades de los educandos.

Se trata de la Academia Colombiana de Pedagogía y Educación, una entidad que ya lleva cuatro años funcionando, pero que apenas ahora comienza a visibilizarse, gracias a los trabajos investigativos de sus miembros, entre los que se destaca el decano de la Facultad de Educación de la Universidad Javeriana, Rafael Campo, quien preside la organización. Todos los meses este grupo de activistas intelectuales se reúne para abordar los temas más álgidos y que más preocupan a padres y docentes: el aumento en el índice de suicidios juveniles, la violencia escolar, las falencias en los sistemas de evaluación y el desencanto de los estudiantes por el colegio, entre otros.

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Aunque sus discusiones resultan sumamente valiosas, pues algunos como Néstor Bravo están vinculados en proyectos de la Unesco, o como Andrés Gaitán, quien preside la Asociación Colombiana de Educación Preescolar, participan en la formulación de estrategias para la primera infancia, hasta ahora solamente han podido lanzar mensajes de alerta, pero los cambios de fondo en la educación del país aún no han podido realizarse, la academia todavía no tiene la fuerza suficiente para incidir en las políticas elaboradas por el Ministerio de Educación o en las concepciones de enseñanza de las instituciones privadas.

Sin embargo, su labor crítica ha comenzado a hacer mella y las voces de algunos de sus integrantes como la del psicólogo Miguel de Zubiría, obsesionado con el problema de la soledad y la depresión en niños jóvenes, cada vez se escuchan más en los medios de comunicación y en los foros para padres.

Aunque este grupo de intelectuales sabe que tiene el reto de propender por una enseñanza enfocada en el estudiante como ser integral, también es consciente de que sólo de la mano de los padres, los docentes y los gobernantes podrán realmente asegurar un cambio y contribuir a que las futuras generaciones sean más felices.

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Por Mariana Suárez Rueda

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