Publicidad

Los hombres que no amaban a las mujeres

Un grupo de investigación forense está reconstruyendo el perfil psicológico de diez hombres que mataron a sus esposas.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Carolina Gutiérrez Torres
23 de mayo de 2012 - 10:43 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El término oficial es uxoricida: hombre que mata a su mujer. Como el exconcejal de Bogotá Vladimir Melo, que les pagó cinco millones de pesos a tres hombres para que asesinaran a su esposa el 17 de julio de 2009, o el empresario barranquillero Samuel Viñas, que le disparó dos veces por la espalda a su compañera el 1° de enero de 2010. Uxoricida también se le puede llamar al excomandante de la Policía de Tolima 3, Joaquín Aldana, que el 9 de septiembre de 2009 golpeó en la cabeza a su pareja hasta hacerla perder el conocimiento; después, literalmente, la despedazó.

Los tres casos los viene estudiando con detalle Belisario Valbuena, psicólogo forense y docente de la Universidad Manuela Beltrán de Bogotá. Los de ellos tres y los de otros siete asesinos, uxoricidas, que también fueron noticia en la prensa del país. La investigación de Valbuena, y un grupo de estudiantes del programa de Investigación criminal, quiere adentrarse en la mente de estos hombres. Desentrañar sus motivaciones, sus pensamientos, sus lógicas.

Ya tienen las primeras pistas, que son suficientes para perfilar a estos hombres que han matado a sus esposas o a sus compañeras permanentes con intención —o dolo—. Con determinación. “No es el esposo maltratador, porque el maltratador disfruta del daño físico —explica Valbuena—. La violencia que utiliza el uxoricida es psicológica. Disfruta haciendo sentir menos a su pareja, así le pague cirugías o la exhiba. Es humillativo. Padece, generalmente, de celotipia, de una suspicacia imaginativa de que siempre lo van a traicionar”.

El momento de perpetrar el crimen no responde a un impulso. Es planeado. “No corresponde a un estado de obnubilación del juicio y la conciencia, por eso es un error otorgar rebajas y realizar preacuerdos por atenuantes relacionados con supuestos estados de ira e intenso dolor”, reza en un documento realizado por los investigadores. Y Valbuena lo complementa diciendo: “las matan porque se quieren deshacer de ellas, pero pretenden mostrar que fue un impulso”.

A continuación, Valbuena cita el caso del empresario Viñas, el mismo que a la pregunta de un periodista de El Tiempo sobre cómo sucedió el crimen respondió: “Los hechos ocurrieron, como se ha dicho, en un momento en el que la rabia intensa me llevó a perder el control”. “Él mata a su esposa en la habitación de los dos —narra el psicólogo—, se entrega a la policía, dice que no se acuerda del momento, que estaba totalmente obnubilado, que cuando volvió en sí estaba ahí, con el arma, y ya había disparado. Inicialmente logra incluso que no se le dé medida de aseguramiento”.

La ley colombiana establece que cuando el uxoricida cometió el asesinato en un “estado de enajenación momentánea o de ira e intenso dolor”, es posible la rebaja de penas. “Nuestro sistema, como otros sistema, no excluye la responsabilidad penal, pero sí otorga la disminución si se dan esos requisitos de ira o intenso dolor, motivado por un comportamiento grave e injusto de la víctima”, explica el abogado penalista Jaime Córdoba Triviño, y dice además que, por ejemplo, el hecho de sorprender al cónyuge en un acto de infidelidad “puede constituir un comportamiento injusto por parte de la pareja”.

Si al uxoricida se le dictamina enajenación momentánea, su condena puede ser rebajada así: “no menor de la sexta parte del mínimo, ni mayor de la mitad del máximo”. En el caso del empresario Viñas no fueron suficientes sus versiones: fue condenado a 45 años y 10 de meses prisión.

Si tuviera que condensar en un solo perfil a esos diez hombres que se ha dedicado a estudiar Valbuena, este sería el resultado: presentan un pasado conflictivo con sus madres por abandono, por maltrato físico, por violencia psicológica (en ocho de los diez casos se detectaron este tipo de antecedentes). Tienen rasgos de “psicópata integrado”: hombres con posición y reconocimiento dentro de la sociedad, aparentemente impecables y encantadores, sin antecedentes.

Narcisistas. Manipuladores. Con gran habilidad para mentir. No respetan los derechos de los otros. No tienen consideración por el dolor ajeno. “‘Objetivizan’ a la víctima: para ellos, su esposa o su compañera es un títere que pueden manejar a su antojo, para sus intereses personales; es un objeto que les sirve para mostrar, o para tener un hijo y una familia”. Fríos. Calculadores.

Calculadores como el coronel Aldana, que planeó cada uno de sus movimientos para desaparecer las evidencias: le arrancó las huellas digitales, le removió los implantes mamarios, le extrajo dos costillas y la desmembró. Sin embargo, fue imposible borrar todos los rastros. “No existe el crimen perfecto”, dice Valbuena, y luego cuenta que Aldana tendrá que pasar 33 años y 9 meses en la cárcel.

Vladimir Melo Carrillo

El 17 de julio de 2009, un sicario contratado por él asesinó de un tiro en la cabeza a su esposa, Alejandra Díaz Lezama. Tres hombres recibieron cinco millones de pesos para perpetrar el crimen y lo hicieron en la casa de la mujer, simulando un hurto.

“La Fiscalía logró probar que el móvil del crimen fue ‘pasional’, pues Vladimir Melo, para proteger su carrera política, contrató sicarios para evitar la publicidad de un video en el que sostenía relaciones con una compañera de trabajo en el Concejo, el que su esposa amenazó con hacer público”, cuentan los investigadores.

Melo, concejal del Partido Cristiano de Transformación y Orden, fue capturado junto a los sicarios el 22 de octubre de 2009. Fue condenado a 41 años de cárcel.

Samuel Viñas

El primero de enero de 2010, luego de la celebración del año nuevo, le disparó en dos ocasiones por la espalda a su esposa Clarena Acosta. Su esposa le había confesado que se había enamorado de otro hombre.

“Viñas se entregó y poco después quedó en libertad por orden del fiscal 10 de la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía, quien argumentó que el acusado fue quien llamó a la Policía para entregarse y aceptar cargos”, cuenta el grupo de la Manuela Beltrán que ha estudiado su expediente.

El hombre fue recluido en una clínica de reposo, pero días después se descartó que padeciera un desorden psicológico. El 29 de noviembre de 2010 fue condenado a 45 años de prisión.

Joaquín Aldana

“Asesinó a su esposa (Érika Yeneris Gutiérrez) el 9 de septiembre de 2009, al verse descubierto por ella en unas fotos explícitas en su computador donde sostenía relaciones homosexuales”, aseguran los investigadores que han estudiado los detalles del caso. También se ha hablado de una posible infidelidad de ella.

La golpeó en la cabeza, le hizo 58 cortes en la cara y le extrajo las huellas digitales para evitar que fuera identificada. “Aprovechó sus conocimientos y habilidades en criminalística para limpiar la escena del crimen y borrar indicadores de identificación en el cuerpo de la víctima”. Es el caso más macabro. Pagará una pena de 33 años y nueve meses de prisión.

Por Carolina Gutiérrez Torres

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.