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Lucha por la vida

Cada año se registran en Colombia 72.000 casos de cáncer. El 80% podrían curarse de ser diagnosticados y tratados a tiempo.

Mariana Suárez Rueda / Sandra del Castillo

03 de febrero de 2012 - 10:58 p. m.
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Adriana Vargas tenía tan sólo 23 años cuando le diagnosticaron cáncer de estómago. Desde el momento en que empezaron las molestias acudió al médico general, pero equivocadamente le dijo que no se trataba de algo complicado. Sin embargo, los síntomas persistieron y, cuando al fin pudo obtener cita con el especialista, la enfermedad se encontraba en una fase muy avanzada. Ya no había mucho que hacer.

Según el Instituto Nacional de Cancerología, de los 72.000 nuevos casos que se reportan anualmente en el país, 40.000 terminan en la muerte. De acuerdo con la entidad, para evitar este trágico desenlace no sólo es importante la detección temprana de la enfermedad, sino también contar con un equipo médico competente, el tratamiento apropiado y el apoyo de los desarrollos tecnológicos.

“Un cáncer diagnosticado en las primeras fases tiene un 80% de posibilidades de curación, desafortunadamente en Colombia el 50% de los tumores se detectan en fases avanzadas”, señala Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana contra el Cáncer. En esto también coincide Raúl Murillo, director del Instituto Nacional de Cancerología, quien asegura que el diagnóstico es uno de los puntos más críticos.

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Hay una diferencia entre Colombia y los países desarrollados en la tendencia de la enfermedad, explica Murillo. “En Estados Unidos y Europa hay muchos cánceres como el de seno, colon, estómago, cuello uterino y próstata que están descendiendo gracias a las medidas preventivas y a la detección temprana de la enfermedad. Pero mientras en Estados Unidos el 70% de los cánceres de mama se detectan en la primera fase, en nuestro país ese porcentaje apenas llega al 30%”.

Según estudios del Instituto Nacional de Cancerología, el 60% de las mujeres que tienen una mamografía anormal acuden al médico, pero el 35% de ellas se demoran hasta seis meses en acceder al tratamiento y en ese lapso la enfermedad progresa y cambia el pronóstico clínico. A esto se suma que el cáncer tiene un período de latencia muy largo. Una persona puede desarrollar un desorden genético durante 20 años y nunca haber manifestado síntomas.

Por eso, advierte Castro, hay que estar atento a señales de alarma, como la pérdida inexplicable de peso, cicatrices que no sanen adecuadamente, aparición de masas en el cuello, dolores gástricos, cambios en el hábito intestinal, ronquera y tos persistente.

¿Qué origina el cáncer?

Son varias las causas. Para empezar, el tener una expectativa más larga de vida aumenta el riesgo de adquirir la enfermedad y quienes tienen antecedentes de cáncer en la familia son más vulnerables. Además, de estilos de vida poco saludables como el sedentarismo, la falta de cuidados de la piel con el sol, la obesidad o el tabaquismo.

Asimismo, existen infecciones asociadas con la aparición del cáncer como el virus del papiloma humano, que se relaciona con el cáncer de cuello cervical o la bacteria Helicobacter pylori con el cáncer gástrico. En nuestro país, el cáncer que más vidas cobra es el de estómago. Anualmente se presentan 7.500 nuevos casos, de los cuales 5.500 no responden al tratamiento. Por el contrario, el cáncer de próstata, a pesar de tener la incidencia más alta (8.000 nuevos casos reportados al año), sólo es irreversible en cerca del 25% de los pacientes.

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El panorama no es del todo desalentador, aunque todavía es necesario concientizar a la población sobre las medidas de prevención, fomentar hábitos de vida saludables y lograr que se hagan un diagnóstico y un tratamiento temprano. Además, asegura Murillo, es fundamental “mejorar la vigilancia de la gestión que se hace con los pacientes, corroborar que las instituciones tengan contratos con centros que brinden un manejo integral de la enfermedad, reducir la tramitología y evitar el traslado de las personas enfermas de un lugar a otro”.

La historia de un guerrero

Susurrando, por cuenta de una cirugía en la que le quitaron el esófago para liberarlo del cáncer que le descubrieron en noviembre del año pasado y que le afectó las cuerdas vocales, pero con una asombrosa actitud positiva y unos deseos de vivir que le brotan por cada poro, Luis Felipe Fonnegra cuenta que lo único que quiere es disfrutarse cada segundo de su existencia.

A pesar de que este año le dijeron que la enfermedad había aparecido ahora en el pulmón (ya se ha realizado varias sesiones de quimioterapias y afortunadamente no ha progresado, tiene el próximo examen en tres meses), este ingeniero mecánico de 59 años, padre de cuatro hijos y abuelo, no se ha resignado a darse por vencido.

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En su casa la rutina sigue igual que siempre. Le pidió a su esposa María Fernanda que no cambiaran las cosas, que las lágrimas y la tristeza no se adueñaran de su hogar. Al principio, confiesa, fue terrible. “Es muy duro cuando te dicen que tienes cáncer, ahí mismo piensas en la muerte, pero he puesto todo en las manos de Dios y eso me ha ayudado”.

La muerte de un amigo suyo hace cinco años (le dio cáncer de uña y le hizo metástasis en muy poco tiempo), también le enseñó a Luis Felipe que más que lamentarse, lo que debía era vivir. Y eso ha hecho. El negocio de finca raíz lo asumió por ahora su esposa, él dice que está como en una especie de vacaciones. Acaba de llegar de Estados Unidos y Cartagena, y si su salud lo permite espera viajar pronto a Ibiza, España y París. “El apoyo de mi familia ha sido fundamental y tengo la corazonada de que voy a salir adelante”.

“Me ayudó siempre ser positiva”

Ya han pasado cinco años desde que a Carmen Liliana Buendía, administradora de instituciones de servicio de la U. de la Sabana, le ganó la batalla al cáncer. Cuando la diagnosticaron tenía 20 años. Fue justo unos días antes de regresar a la universidad después de vacaciones. El primer médico que la vio, luego de leer su radiografía de tórax y la biopsia de un ganglio que tenía en el pecho, le dijo que no había nada que hacer. Pero sus padres, Alejandro y Liliana, un médico y una enfermera que se negaban a creer la noticia, buscaron otro especialista y comenzaron las quimioterapias.

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Todo el tiempo Carmen Liliana mantuvo una actitud positiva, confiaba en que las cosas iban a salir bien. A pesar de que a veces la dominada el cansancio, de que perdió su pelo, mucho peso y la posibilidad de salir a divertirse con sus amigos, pues tenía las defensas muy bajas durante el tratamiento, nunca dejó de reír. Tampoco de estudiar. Las directivas de la universidad la animaron a realizar el semestre de manera virtual, era la primera alumna de la facultad a la que se le daba esa concesión. “Tener la mente ocupada me ayudó muchísimo. Terminé el semestre con uno de los mejores promedios”, recuerda.

Poco a poco ha recuperado su vida normal. A pesar de que un par de veces el haber tenido cáncer se convirtió en un impedimento para ser contratada, no se ha dado por vencida. “Después de haber pasado por esta experiencia se aprende a no sobredimensionar los problemas, a ser consciente de que todo tiene solución, que lo único irremediable es la muerte y gracias a Dios aún no me tocó”.

Por Mariana Suárez Rueda / Sandra del Castillo

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