17 Dec 2011 - 3:01 a. m.

Maestro vivo entre las nuevas generaciones

Si no hubiera muerto, hoy tendría 86 años. Se levantaría temprano, como todas las mañanas. Después de saludar a Ana María, su esposa, leería los diarios. Sin importar sus achaques, quizás se erguiría con su bastón y entonces, decidido, iría valeroso a trabajar al periódico que su abuelo, Fidel Cano, fundó hace 125 años.

Isabella Portilla *

Aún se le vería como a un hombre discreto, reservado a sus pensamientos (que no podrían ser más un hervidero de noticias); sin embargo, su pluma filosa resultaría potente; resonaría, deslumbraría y como siempre, nos invitaría a pensar. Pensar: un verbo indiferente para los colombianos.

Cuán llena estaría hoy su Libreta de Apuntes. Cuanta rabia y a la vez cuanta sensibilidad habría en aquella columna que aún hoy sus contemporáneos recuerdan con resplandor. Y cómo no si en estos 25 años de ausencia el país no se ha vuelto más igualitario, ni más justo, ni más honesto, ni mucho menos próspero, como él esperó.

Si Guillermo Cano Isaza estuviera vivo hoy seguiría con su tarea heroica-cotidiana, esa, la del firme compromiso ante la verdad, la de estar al frente de un periódico que no se vende a intereses empresariales, la de alzar la voz ante las injusticias, la de protestar contra las arbitrariedades del gobierno, y la de desenmascarar al narco Estado legalizado.

Héctor Abad Gómez, Carlos Mauro Hoyos, José Antequera, Bernardo Jaramillo Ossa, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro, Luis Carlos Galán Sarmiento, Jaime Garzón…. si Guillermo Cano nos hubiera acompañado durante estos años habría condenado, con dolor y furia, los asesinatos de tantos hombres que murieron por el país sacrificando sus vidas. Hombres como él, a quienes la patria les dolía y por eso mismo sentían que su deber era cambiarla.

Cómo no entrever sus palabras dolientes tras darnos cuenta que se cumplía su premonición al ver al Congreso encarcelado –vendido al narcotráfico– con gran parte de sus senadores cuestionados, con los partidos políticos desacreditados en sus ideales y, por ende, con un pueblo descreído de sus gobernantes.

Cómo no suponerlo indignado tras conocer los datos escandalosos que, según la Federación Colombiana de Periodistas, posicionan a Colombia como uno de los cinco países de más alto riesgo en el mundo para ejercer la profesión: 180 comunicadores asesinados en los últimos 20 años, de los cuales solamente 13 casos han sido resueltos desde 2000 a la fecha.

Cómo no imaginarse su insistencia por la conquista de lo moral en el sector público y en el sector privado; su propagación, desde la juventud, por crear una conciencia política entre los ciudadanos; su obstinación con la idea de sembrar valores sociales, valores inexcusables para que la democracia funcione.

* Ganadora de la primera edición del Premio Guillermo Cano para las jóvenes promesas del periodismo.

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