4 Jan 2019 - 5:13 p. m.

Manizales huele a café

Con el objetivo de darle una identidad gastronómica a la ciudad nació “Un Manizaleño”. Más de 20 productores trabajan actualmente por ofrecer una taza de café con una receta propia.

* Redacción Especiales

¿Qué es lo primero que se le viene a la mente cuando escucha hablar de Manizales? Para muchos, la ciudad de las puertas abiertas es referente de ferias, del pasodoble que por años la ha hecho famosa en Colombia y el mundo, de las empinadas calles que caracterizan su geografía y recientemente de los buenos indicadores que la han posicionado entre las mejores ciudades con calidad de vida del país. Ahora a todos estos atractivos se le suma uno que huele y sabe a campo y naturaleza: el café.

“Desde la Alcaldía de Manizales tenemos una preocupación importante, que es crear un vehículo para generar identidad gastronómica en la ciudad y posicionarla en Colombia y el mundo. En esa búsqueda de vender lo que somos llegamos al café, que es lo que identifica nuestra tierra. Representa la cultura paisa, al papá, la mamá y la familia. Teníamos que encontrar la manera de dar a conocer las bondades de ser la capital del centro del café en el país, y ahí es donde nace ‘Un Manizaleño’”, explica John Robert Osorio, secretario general de la Alcaldía de Manizales.

“Un Manizaleño” es una mezcla de bebida especial de café que tiene notas de anís (aguardiente), roble (ron) y miel (aguapanela), que quiere contar en cada taza la historia de una tierra, de su gente pujante y de la ciudad que está comprometida con la producción de este importante grano que ha servido de vehículo transmisor de toda una legendaria cultura agrícola nacional. “No se trata de un empaque específico, con cualquier café de vereda se puede hacer “Un Manizaleño”. No estamos interesados en una marca, sino en usar una imagen para que la gente conozca la receta y sepa que es de excelente calidad y de fácil acceso”, aclara Osorio.

El Sena fue parte importante en la construcción de la fórmula, que permitió mezclar elementos propios para generar un traste como una ciudad que crea una bebida propia e insignia. En este momento están vinculados aproximadamente 20 productores y 36 comercializadores al proceso y junto con ellos una cadena hotelera en Europa que incluirá la receta en su carta de cafés.

El objetivo de “Un Manizaleño” no consiste en competir con el desarrollo de tiendas que vendan café. El objetivo es desarrollar un producto completo que pueda ser ofrecido en las principales tiendas de la ciudad, el país y el mundo. El diferenciador radica en esa mezcla amigable de los cafés especiales que se cultivan en las diferentes temperaturas de la región de Manizales.

El sello de “Un Manizaleño” no solo está en su sabor, sino también en la historia que se esconde detrás de cada cultivo, como la historia de Manuela.

“Nací en un área rural de Manizales, mi familia es caficultora. Tengo unas raíces que nunca he abandonado. Todos nacemos en diferentes ambientes y el mío fueron los cafetales. A medida que iba creciendo fue aumentando esa pasión y tuve la oportunidad de estudiar barismo, catación, soy técnica en laboratorios de café y ahora estoy estudiando administración de empresas agropecuarias”.

Manuela es la encargada de personificar a Flor, la imagen de “Un Manizaleño”. Ella es el empalme generacional y la reivindicación de la chapolera, la mujer que se dedicaba a recoger café usando los métodos tradicionales. Reúne todas las bondades de las campesinas: la excelencia, la dedicación, la solidaridad y la responsabilidad a la hora de cumplir con los otros roles de la vida diaria.

“‘Un Manizaleño’ tiene mucho que ver con Flor, porque es lo mejor del campo, de las zonas rurales de Manizales, con notas especiales y con aromas y sabores únicos, a una apuesta en ciudad. Flor le aporta, porque ella es el vehículo para que todos empiecen a ver a Manizales con un sentido de pertenencia. Mostrar lo bonito que tienen el campo y el café”, agrega Manuela Gallego.

En el personaje y en la vida real son varios los retos que tiene Manuela. Entre ellos: “Empezar a cambiar la perspectiva de las personas, tenemos que saber que en el campo no debe haber ningún tipo de exclusión ni por tono de piel, ni por raza, ni por género, ni por tatuajes. Otro reto es ayudar a que los jóvenes se enamoren del campo, encuentren allí oportunidades y  crean en él, y cuando uno cree en algo le apuesta y eso es empezar a crear unidades productivas para que nos quedemos ahí, porque si el campo se está envejeciendo quiere decir que está en manos de los jóvenes, y la idea es que los jóvenes le apuesten a una economía productiva real basada en la innovación”.

Por el momento, “Un Manizaleño” se consigue en 16 establecimientos del centro histórico de Manizales, con el tiempo se comercializará en otras ciudades de Colombia y más adelante en otros países.

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