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El primer dominio del mago argentino Radagast fue la práctica. Con ese terreno conocido y asimilado quiso recorrer otros caminos, pero sin olvidar sus pasos. Se enfrentó a la teoría, a establecer la razón, la explicación y el porqué de los procedimientos que seguía de manera cotidiana y que los demás definían como una rotunda muestra del arte del ilusionismo. Para él no fue un cambio de escalón, no fue un ascenso, fue un acto de profundización que se debía y que la exigencia de las artes escénicas en general le obligaba a asumir.
Al comienzo sintió miedo de convertir sus ideas en manifiestos densos, en homenajes a los somníferos y en montajes exclusivos para expertos y conocedores. Sin embargo, eso no era lo suyo porque debía ser fiel a una de las primeras frases que aprendió cuando aún no tenía el rótulo de profesional dentro de su sombrero de mago: “El público perdona todo, deja pasar cualquier cosa, menos el aburrimiento”.
La frase la conocía pero el responsable de hacérsela entender fue René Lavand, uno de sus grandes maestros y a quien nunca se ha cansado de ver. Jamás ha tenido la intención de identificar sus trucos, más bien trata de aprender aquellos aspectos generales como la relación con el público o la improvisación como parte de un guión completo en el que se le da libertad al artista pero también se le otorga un alto nivel de responsabilidad.
“El humor para mí es la herramienta de comunicación más fuerte. Se pueden tocar temas difíciles e inabordables desde el humor sin ofender, ni herir las susceptibilidades”, comenta Radagast, cuyo verdadero nombre es Agustín Aristaran. Comenzó a realizar sus primeros trucos de magia cuando tenía siete años, pero durante la adolescencia abandonó el ilusionismo porque se le cruzó en el camino la música, otra forma particular de tocar fibras y de construir universos paralelos a partir de la sensibilidad y la memoria.
Cuando estaba en la etapa de los gozosos con la música y era una de las figuras de la Baby Band Jazz, a Radagast le llegó la invitación para asistir al espectáculo del mago Gandalf. Tan pronto este personaje se asomó en la tarima, al argentino le dieron ganas de recuperar todas esas habilidades cedidas a las manifestaciones musicales y, por fortuna para el ilusionismo, el impulso no se quedó sólo en inicio y se comprometió en serio con lo que sería su oficio, su profesión, su vida cotidiana.
Su primer montaje se llamó El mago Radagast y la Radagast Jazz Band arman alharaca hasta agarrar plata, y luego de un tiempo logró presentarlo en distintos eventos, como la entrega de premios literarios en escuelas y colegios, en cumpleaños y en presentaciones en jardines infantiles.
Su debut oficial fue en el mítico Bar Mágico, en Buenos Aires. Así empezó a darse a conocer en el círculo local hasta que lo contrató Jorge Ginzburg para protagonizar la comedia musical Aguante el Circo y al poco tiempo se integró al grupo permanente de humoristas y magos del exitoso programa Mañanas informales, del Canal 13.
“Yo me tomo todo en serio; pienso que para mí lo más serio debe ser el juego. Una persona que no juega, no vive. Estoy convencido de que el espacio más importante de un ser humano es el lúdico, desde 0 hasta los 99 años o más”, dice Radagast, quien está en Colombia para presentar su espectáculo Basta de elefantes, una combinación entre ilusionismo, stand-up comedy y música, creada a partir de elementos de la vida cotidiana.
En Basta de elefantes la creación de cada sketch está ligada a fuertes recuerdos de su infancia en torno a sus juegos favoritos. En este montaje el texto implícito es “no te olvides de jugar, tengas la edad que tengas”, y sobre esa premisa se va desarrollando todo el espectáculo que la crítica y el público en general no han podido definir.
“Hace unos años me hacía ruido esta idea de no saber cómo definirme, hasta que un gran maestro me dijo, ‘¡Vos sos Radagast y listo!’, y agregó: ‘No debes ser nada más que vos mismo, ¡busca tu universo propio y sé feliz!’”. “No pretendo ser el mejor en lo que hago, pretendo ser el MEJOR Radagast que hay en mundo, y eso es todo”, dice el argentino que diseña sus montajes no a partir de lo que le hubiera gustado ver de niño sino con la visión del niño adulto que es hoy, el ser humano que llegó a ser por arte de magia.
Radagast en el Teatro Nacional La Castellana, calle 95 Nº 47-15. Sábado 11 de agosto, funciones a las 6:00 p.m. y 8:30 p.m. Domingo 12 de agosto, 6:00 p.m. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.