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Medellín
¿Cómo es que la capital antioqueña logró frenar la más fuerte escalada violenta de sus últimos tiempos? Habitantes de las zonas más afectadas, la Personería de la ciudad e investigadores de los cuerpos de inteligencia del Estado concuerdan en la misma explicación: Éricson Vargas Cardona, alias Sebastián, ganó el pulso armado por el control del Valle de Aburrá, que mantenía desde 2008 con Maximiliano Bonilla, alias Valenciano.
Aunque el fin de esta guerra se traduce en menos muertos, ahora los inermes ciudadanos son víctimas de otras modalidades delictivas impuestas por el grupo vencedor en la disputa.
De una tendencia que perfilaba el año 2010 como el más violento de la década —por encima de 2009, cuando se presentaron más de 2.000 asesinatos—, se pasó a una significativa reducción en el número de homicidios que tiene a Medellín respirando un nuevo aire. El alcalde Alonso Salazar y sus colaboradores no pierden oportunidad para destacar la efectividad de las medidas con las que, según ellos, conjuraron la violencia que tenía en jaque a la ciudad.
Septiembre fue el segundo mes del 2010 con el más bajo índice de homicidios y la tendencia a la baja se mantuvo durante octubre. Los 1.793 asesinatos que van hasta la fecha consolidan una cifra ligeramente menor a la registrada por la Secretaría de Gobierno hasta noviembre del año pasado. La tendencia positiva parece indicar que la cifra del 2010 no superará la del año anterior, como se temía y esperaba.
Sin embargo, otras prácticas criminales de alto impacto para la población civil se mantienen. “No hay asesinatos porque ya no hay dos combos, pero la vacuna, el narcotráfico, el control sobre las organizaciones comunitarias, las plazas y los abusos sexuales continúan. Aquí está ganando la ley del más fuerte”, afirma Juan Vergara*, uno de los líderes comunitarios de la zona nororiental con los que tuvo contacto El Espectador. En entrevista con Vergara y otros líderes comunitarios, este diario pudo comprobar el tenso ambiente en el que se mueven los habitantes de la zona nororiental. Cinco líderes del sector accedieron a hablar, pero ninguno estuvo dispuesto a dar su nombre o a entregar una entrevista en cercanías a su lugar de residencia. Todos denunciaron una férrea vigilancia ilegal que impera en sus barriadas.
Este diario también pudo comprobar que, a pesar de los incontables controles policiales en la zona, el transporte público continúa siendo extorsionado. Detrás de estas acciones delictivas estarían Sebastián y su poderoso aparato criminal heredado de la ‘Oficina de Envigado’. Después de dos años de intensa confrontación, la organización criminal que por años ha controlado los más variados negocios ilegales en el Valle de Aburrá, parece haberse reacomodado. Para Manuel García*, uno de los agentes de inteligencia que siguen de cerca la confrontación entre estas dos alas de la ‘Oficina’, Valenciano se habría quedado con los más importantes puertos de la Costa Atlántica, mientras que Éricson Vargas consolidó su influencia criminal en Medellín. “Valenciano nos abandonó”, es la afirmación que han escuchado, de boca de los jóvenes en armas, en el sector nororiental de la ciudad.
“Un combo resultó superior a otro y lo tiene acabado”, considera Vergara. “A unos los mataron, otros se fueron y algunos se unieron al otro combo, pero la gente sigue con miedo y es extorsionada. Lo único que ha cambiado son los muertos”, remata. Así las cosas, Sebastián sería el nuevo mandamás, como lo fuera Diego Murillo Bejarano hasta hace unos años.
Desde la base
Éricson Vargas, alias Sebastián o alias Éric, nació el 13 de octubre de 1973, se crió en un barrio popular de la zona oriental de Medellín y, al igual que Valenciano, escaló posiciones en el mundo sicarial de la mano de Murillo Bejarano, Don Berna.
Su historia resume tres décadas de violencia que han sacudido los cimientos de cuatro generaciones medellinenses. Antes de reclamar su trono como el número uno de la ‘Oficina’, Éric Vargas prestó sus servicios como sicario para Pablo Escobar y los hermanos Galeano, integró ‘Los Pepes’ y ‘La Terraza’ y formó parte de la nómina clandestina de los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada, que jamás se desmovilizó. “Durante 30 años han cambiado de razón social, pero son la misma organización de los hermanos Galeano. Ésta subsiste y está viva”, asegura García.
Desde finales de los 80 lo acompaña Franklin, su hermano y mano derecha. Con 15 años, cuenta García, “ya era uno de los cabecillas de ‘La Milagrosa’, un grupo delincuencial bastante representativo. A los 17 años ya tenía gran poder en ese grupo”. Fue entonces cuando Don Berna puso sus ojos en ese muchacho, quien más tarde formaría parte de su círculo de consentidos, junto con Valenciano.
La extradición de Don Berna a EE.UU. a principios de 2007 rompió la cadena de mando de la ‘Oficina’. Gustavo Upegui, Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio; Daniel Rendón, Danielito; Mauricio Cardona López, alias Yiyo; Francisco Iván Cifuentes, alias Pacho Cifuentes, y Fabio León Vélez, alias Nito, reclamaron el derecho a suceder a Diego Murillo. Los que no fueron asesinados en este reordenamiento, entre 2007 y 2009, terminaron sometidos a la justicia estadounidense.
Sebastián tuvo entonces luz verde para tomarse el poder que por tres décadas ha ostentado la ‘Oficina’. Con el aparente repliegue de Valenciano parece abrirse el camino para que consolide su hegemonía en el Valle de Aburrá.
¿Repitiendo la historia?
Diversas voces comunitarias consultadas por El Espectador manifestaron su preocupación ante esta situación que, si bien no se ve reflejada en el índice de homicidios, tiene implicaciones dentro de los barrios pobres de Medellín. En especial, se teme porque se repita la llamada ‘donbernabilidad’, que por años mantuvo la ciudad en un aparente control, mientras clandestinamente se penetraban organizaciones comunales y se consolidaba un peligrosísimo poder mafioso. De Don Berna, se sabe ahora, aprendieron tanto Sebastián como Valenciano, esos muchachos que en los 90 prestaron sus cañones al servicio de Pablo Escobar.
La Personería de Medellín destacó el trabajo del Estado y celebró la reducción del índice de asesinatos, pero aclaró que esto se debe, en gran medida, al control que ha logrado consolidar Sebastián. El ente del Ministerio Público habla de “un posible triunfo de la estructura de alias Sebastián sobre los grupos armados pertenecientes a alias Valenciano, en sectores conocidos como la Galera y el Hoyo en la Comuna 1, el Desierto en la Comuna 3, el Sinaí en la Comuna 2, el Volado del barrio El Salado y las Independencias II en la Comuna 13”.
Y mientras unos temen que el reacomodamiento de poderes de la ‘Oficina’ continúe impactando las más variadas capas de la sociedad antioqueña, hay quienes ven en esta coyuntura una oportunidad de oro. Es el caso del investigador García: “Es la primera vez que hay un fraccionamiento de la ‘Oficina de Envigado’ en 30 años. La diferencia es que ahora no hay esos vínculos entre la ilegalidad, los servidores públicos y la sociedad”.
Mientras la Policía de Medellín enfila baterías contra Éricson Vargas, los uniformados del Bajo Cauca antioqueño hacen lo propio contra Ángel de Jesús Pacheco Chancí. Ambos responden al alias de Sebastián, coincidencia que, sumada a la alianza criminal entre sus dos organizaciones, ha provocado confusiones entre la opinión y la Fuerza Pública. Pacheco Chancí es el hombre que controla la estrategia militar de ‘Los Rastrojos’ desde el Bajo Cauca antioqueño, organización que sería la punta de lanza del ala rural de la organización de Éricson Vargas.
Se presume que está en cercanías a Medellín, pero no tiene orden de captura. El comandante de la Policía de Medellín, coronel Luis Eduardo Martínez, ha lanzado duros cuestionamientos contra el sistema judicial ante la ausencia de este requisito legal.
Labor social, estrategia de Alcaldía
Para el secretario de Gobierno de Medellín, Felipe Palau, el respiro que vive la ciudad es producto del rechazo de la sociedad y de las instituciones estatales: “Uno respeta interpretaciones diferentes, pero me parece que ha habido un compromiso cada vez mayor de organizaciones comunitarias, empresarios, medios de comunicación y la administración municipal en inversión social focalizada en las poblaciones donde más se presentaba violencia. Hay articulación entre mano dura y oportunidades”.