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Cada día van vestidos de un color distinto. Azul y blanco son los que más se utilizan, porque ambos llaman a la apertura de la mente, del cuerpo y el espíritu. Paula Andrea Roldán, la instructora de las clases de rumbaterapia para pacientes que se encuentran en los primeros estadios del Alzheimer o el Parkinson, confiesa que recurrir a la terapia del color ayuda a sus alumnos a estar más concentrados y a sacarles el mayor provecho a los 60 minutos de baile.
Desde hace un año, en una casa en el norte de Bogotá, se reúnen todos los días grupos de máximo diez personas que buscan a través de la música sentirse más animadas, mejorar su condición cognitiva, su metabolismo, flexibilidad y salud cardiovascular. Carlos Mario Marín, el médico que asesora este centro llamado Reinova, explica que el ejercicio puede atrasar el deterioro mental causado por el Alzheimer, combatir los trastornos de la conducta y la depresión.
Marín agrega que “como se utiliza música de la época (años 60 y 70), los pacientes recuerdan cosas de su juventud, muchos traen al presente imágenes de sus primeros noviazgos, y esto les ayuda a mejorar su parte cognitiva. Además, la actividad física hace que la persona produzca endorfinas y éstas a su vez le genera sensaciones de placer y calma”.
Los movimientos son lentos. Hay algunas flexiones y rotaciones de la cadera y la cintura. El esfuerzo no debe ser muy grande, ya que casi todos los asistentes son adultos mayores que adicionalmente sufren de sobrepeso o artritis. Junto con ellos están sus cuidadores. Hijos, sobrinos y nietos que han dedicado su tiempo a acompañar a sus seres queridos a aprender a vivir con el Parkinson o el Alzheimer.
Fanny Villarraga procura que su mamá de 83 años asista varios días de la semana a rumbaterapia. Desde que comenzó estas clases ha sentido que su ánimo cambió. “Está más contenta. Ahora se mueve, camina y tiene mayor flexibilidad. La idea es que la familia no se aísle de su proceso, por eso siempre la acompaño y hago la clase con ella”.
Dolly Delgado fue quien le dio vida a Reinova hace un poco más de un año. Después de asesorarse de diferentes profesionales de la salud comprendió que a través de la música es posible mejorar la calidad de vida de personas que sufren enfermedades no curables, pero que sí se puede aprender a manejar.
“La rumbaterapia fue pensada para quienes se encuentran en la edad de oro, los adultos mayores que a veces están un poco abandonados y por quienes hay mucho que hacer para que el resto de vida que les quede sea de calidad”. Delgado recuerda con cariño a una mujer de más de 70 años con Alzheimer en una etapa muy avanzada, que cada vez que va a rumbaterapia baila hasta el cansancio. Siempre con una sonrisa en su rostro.