“Yo hablo de una acústica orgánica”, dice Mauricio Díaz, uno de los integrantes de la banda Remaj7, y como anticipándose a la pregunta: “pero, ¿qué tiene de orgánica la basura”, sigue explicando: “ensamblar la basura es un trabajo muy orgánico y la sonoridad que ésta da, también”. Así suena Remaj7, a algo diferente.
Andrea Defrancisco (vocalista de la banda) y Mauricio se ponen sus pintas de artistas. Hasta el más mínimo detalle es pensado para impresionar. No sólo por el diseño de sus trajes, que remite a un futuro lejano, sino por los materiales de los que están hechos, el neumático que usan como tela y las piezas de metal que unieron en forma de pulseras.
Todo en Remaj7 grita reciclaje, reuso y experimentación. “Queremos transmitir la imagen de que el límite está en la imaginación”, dice Mauro. Fue justamente su gran imaginación la que lo llevó a crear instrumentos con basura. Todo empezó cuando le regalaron un birimbao traído del Chocó. “El instrumento se dañó y tuve que arreglarlo con lo que estuviera a la mano”. Esa fue la semilla que germinaría en él una necesidad de buscar materiales distintos y construir con ellos instrumentos únicos.
Sus primera creación fue un clarinete hecho con tubo de PVC, el cual fue seguido por uno de lengüeta que le robaron apenas lo terminó. Esos primeros instrumentos los construía con materiales alternativos sin pensar aún en la basura. Su interés por el reciclaje creció junto al movimiento ambiental que se fortalecía mundialmente. Hablar de reciclaje ya no era algo extraño y la basura era el próximo paso para Mauro. Eso hace 12 años.
Desde hace un año y medio Andrea y Mauro se conocen, cuando él la invitó a su banda, un grupo de música experimental llamado Lady Guana. El proyecto se acabó abruptamente y los dos siguieron buscando su sonido.
“Yo me llevé un montón de los instrumentos de Mauro a la casa y empecé a ver qué podía hacer con ellos”, recuerda Andrea. Y es que los instrumentos de basura traen consigo un reto importante. No solamente deben construirlos y hacerlos sonar bien, sino que deben aprender a tocarlos (ya que no se usan como un instrumento normal) y luego ensamblarlos para producir música.
Fue casi que por medio de la experimentación que la banda se fue creando. Primero llegó un amigo de Mauro llamado Don Kiwi, quien había viajado a África para aprender percusiones. Luego llegó el chico de las cuerdas, Sebastián Hurtado. Pero todavía les faltaba algo, más fuerza en la percusión, por eso entró a la ecuación David Castilblanco a tocar la batería. Remaj7 estaba listo.
Mauro confiesa que tiene en su casa 60 instrumentos y planea hacer una nueva generación para ser utilizada en performances musicales. “Esos no son para tocar en grupo”, asegura. Sus ganas constantes de crear lo han vuelto adicto a los basureros. Va por la calle recogiendo tubos, metales y todo lo que le sirva. Durante la sesión de fotos encuentra unos tubos largos de vidrio y pide como un niño pequeño si se los puede llevar.
Para él, el proyecto musical lo ha llevado a hacerse preguntas filosóficas sobre el papel del artista frente a su material de expresión. Es una cuestión de volver a lo primitivo, a ensamblar una piedra con un palo como lo hacían los neandertales y no necesitar el instrumento más caro para hacer buena música.
Eso es lo que ellos quieren que el público se lleve cuando los ve. No es una cuestión de que todos los músicos hagan sonidos con instrumentos de basura. Es lograr que el público se haga interrogantes y, de cierta forma, crear un choque visual y auditivo.
“Todo tuvo sentido para mí cuando vi que las personas cercanas empezaban a reciclar después de vernos. Yo siempre había insistido en mi casa que recicláramos, pero nunca me habían hecho caso. Cuando empezamos a tocar, mi mamá comenzó a reciclar juiciosa”, cuenta Andrea.
Los chicos de Remaj7 no han desistido, inclusive cuando muchas personas no creen en lo que hacen. “Estamos construyendo el camino, ya que en Colombia no hay aún un movimiento fuerte de lutería urbana”, reflexiona Mauro. Mientras esperan a que su disco salga él próximo año, los chicos continuarán tocando al son de su basura.