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El 25 de octubre de 2005, en un episodio sin antecedentes en la historia del DAS, la cúpula del organismo de inteligencia se tranzó en un estallido de acusaciones al quedar en evidencia los primeros esbozos de la infiltración del paramilitarismo, hecho que cobró las cabezas del entonces director Jorge Noguera, el subdirector José Miguel Narváez y el director de inteligencia Enrique Alberto Ariza Rivas. Fue el punto de partida para las investigaciones venideras que destaparon la olla podrida de algunos funcionarios corruptos de la policía secreta, sus conexiones con las mafias del narcotráfico y la feria del ‘chuzo’, tan denunciada por estos días.
El origen de la disputa entre Noguera y Narváez tuvo nombre propio: Enrique Ariza, señalado por el subdirector de favorecer una central de inteligencia paralela para enterar al extraditado jefe paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, de todos los rastreos de la justicia en su contra. Noguera calificó el hecho como un complot, respaldó a Ariza, dijo sentirse defraudado como funcionario honrado y fue nombrado como cónsul en Milán mientras bajaba la espuma del escándalo; pero Narváez, pruebas en mano, aportó a la Fiscalía y a la Procuraduría grabaciones y denuncias, nunca suficientemente investigadas, sobre el desmadre de la Dirección de Inteligencia del DAS.
Hoy, cuando se sabe que desde esa dependencia se ordenaron seguimientos e interceptaciones ilegales a magistrados, periodistas y opositores políticos, en un bochornoso acto de espionaje que investiga la Fiscalía y tiene enredados en el Ministerio Público a cuatro ex directores del DAS, tres asesores del presidente Álvaro Uribe y al director de la Unidad de Investigación y Análisis Financiero, Mario Aranguren, cobran relevancia, más que nunca, los graves señalamientos que en su calidad de subdirector del DAS y con información privilegiada les aportó a las autoridades José Miguel Narváez en 2005 y 2006.
El Espectador conoció el testimonio que, con lujo de detalles, le entregó Narváez a la Procuraduría y sus revelaciones son tenebrosas. En principio contó que recolectó información delicada que daba cuenta de algunos funcionarios del DAS activos y retirados que incurrieron en delitos que iban desde homicidios ordenados por la Dirección de Inteligencia, sustracción de expedientes de la Fiscalía General, venta de información a jefes paramilitares y, en esencia, la articulación de una mafia enquistada en los más altos círculos de la cúpula del DAS y, podría decirse, en las mismas barbas de Jorge Noguera, recientemente acusado por el fiscal Mario Iguarán de delitos muy graves, incluidos los homicidios de cuatro sindicalistas y dirigentes de izquierda.
En concreto, Narváez sostuvo que un ex detective del DAS, Carlos Andrés Moreno, le solicitó una entrevista a través de dos funcionarios activos, Ana Padilla y Rafael Echavarría, este último director encargado de la seccional Cundinamarca para hacerle conocer hechos de corrupción a todo nivel desplegados con la aquiescencia de Enrique Ariza como director de inteligencia. El encuentro se llevó a cabo un sábado de septiembre de 2005, a las 10 de la mañana, en un restaurante del norte de Bogotá, y a ella asistieron Narváez, Padilla, Echavarría y el ex detective Carlos Andrés Moreno.
La primera bomba que le soltó fue que a partir de órdenes emanadas de la Dirección de Inteligencia le pidieron sustraer del despacho de un fiscal de la Unidad Antinarcóticos el expediente 777, en el que se investigaban las relaciones entre el capo del norte del Valle Wílber Alirio Varela, alias Jabón, con algunos funcionarios de la Policía. Narváez le pidió pruebas de ese señalamiento y, una semana
después, Moreno puso en sus manos una copia de 350 páginas de todo el proceso que había sacado luego de pagar $5 millones. “Me entregó una copia de dos fólderes con el expediente que sacó, según él, por instrucciones de Enrique Ariza”, les dijo a los organismos investigativos José Miguel Narváez.
Y, a renglón seguido, en una conversación que grabó Narváez y que hoy es pieza de análisis de las autoridades, Moreno le contó que fue testigo de cómo funcionarios de la Dirección de Inteligencia vendieron información clasificada a dos temibles cabecillas de los paramilitares del Llano: Miguel Arroyave, ex comandante del bloque Centauros asesinado en 2004, y Héctor Buitrago Parada, alias Martín Llanos, jefe de las Autodefensas Campesinas del Casanare. Moreno tenía por qué saberlo. De hecho, fue desvinculado del DAS porque filtró una investigación que se adelantaba en la Unidad Anticorrupción del organismo en contra de oficiales y suboficiales del Ejército.
“Moreno me entregó copia del informe de contrainteligencia que había sido el resultado de las investigaciones que se habían hecho contra él, circunstancia que me pareció gravísima, porque se supone que esa documentación es secreta, a lo cual Moreno me manifestó que él la había comprado con gente de la Dirección de Contrainteligencia”, expresó Narváez, quien reconoció que en dos oportunidades se entrevistó con Moreno, siempre en compañía de Ana Padilla y Rafael Echavarría. De hecho, en declaraciones juramentadas ante el notario 64 de Bogotá, los tres dejaron constancia de las graves denuncias que conocieron por boca de Moreno y que fueron enviadas a una fiscal delegada ante el Tribunal de Bogotá.
“Ana Padilla es fiel testigo de lo que el señor Moreno dijo en la reunión y quedó perpleja cuando él mismo le afirmó que también a ella la querían matar”, le explicó el ex subdirector del DAS a la justicia. En su relato se toca el tema de los homicidios de personas que se habían convertido en la piedra en el zapato, al decir de Moreno, de Ariza y otros funcionarios de inteligencia.
Como si fueran pocas las sombras en esa dependencia, Narváez aportó otra grabación que había sido efectuada por un funcionario de la Dirección de Inteligencia a otro detective de esa oficina en la que se mencionaba la creación de una central espejo o paralela al servicio de Macaco.
Quien grabó fue Andrés Hoyos. El grabado, Orlando Vargas. Este último le reconoció a Hoyos que ese proyecto estaba en desarrollo apoyado en tecnología oficial, y que quien impulsó el asunto fue Enrique Ariza, de quien trascendió ya tendría los recursos necesarios para montar esa central. “Dentro de la misma grabación se dice que un general de la Policía y Narváez serían el problema con el que se enfrentarían al tratar de sacarla adelante”, declaró José Miguel Narváez. Con estas evidencias, Narváez le pidió a Moreno que testificara ante la Fiscalía pero se negó, aduciendo razones de seguridad. De cualquier manera, Narváez enteró a Noguera de la ‘papa caliente’ que tenía.
“Me dijo que algunas personas estaban interesadas en ponerme en disputa con Ariza, que no creía que eso fuera cierto, que por qué no le preguntábamos al doctor Ariza directamente, pero ante mi insistencia por denunciar me dijo: ‘Que se sepa toda la verdad, nos dé el agua donde nos dé’. Salí a hablar con el fiscal Mario Iguarán (...). Tenía la obligación de denunciar los homicidios de testigos protegidos, o cómo se vulneraron archivos de contrainteligencia del DAS, o cómo sacaron el expediente 777, pues Moreno, con lujo de detalles, menciona el monto del pago, sitio de la entrega y a quién se lo dio; hechos en los que estaría involucrado el director de Inteligencia”.
De igual manera, Narváez afirmó que el doctor Rafael Echavarría fue amenazado cuando en el DAS se enteraron de que junto con Ana Padilla habían sido testigos de las confesiones escabrosas del ex detective Moreno, de quien se desconoce su suerte. “Cuando me dijo todo eso yo estaba incluso como director encargado del DAS. Puse en conocimiento del fiscal delegado ante el DAS, Rafael Bello, que iba a tener una reunión con Moreno (...). Recuerdo que una vez le entregué estas pruebas al fiscal Iguarán, él me dijo que teníamos que unir esfuerzos Fiscalía y DAS para llegar a la verdad”.
Pero esa verdad se embolató en el entretanto, y la insuficiente investigación de estos sucesos sirvió de caldo de cultivo para que desde la Dirección de Inteligencia del DAS se hiciera y deshiciera, tal como lo demuestra el escándalo de las ‘chuzadas’ de la entidad. Ariza sucedió en 2005 en la Dirección de Inteligencia a Giancarlo Auque —mano derecha de Noguera, quien está investigado por el asesinato de varios sindicalistas a manos de las Auc y por otros contratos—, y se la entregó en 2006 a Carlos Arzayús, quien fungió en este cargo durante la administración de Andrés Peñate, en la que se efectuaron interceptaciones ilegales a candidatos presidenciales en plena campaña electoral.
Las denuncias de Narváez no dejaron títere con cabeza, como reza el dicho común, pero tras su salida del DAS en octubre de 2005 y las amenazas que se materializaron en los meses siguientes y aún se mantienen, el ex subdirector del organismo de inteligencia, de profesión economista, tampoco se ha escapado de graves señalamientos. Salvatore Mancuso, Jorge Iván Laverde (alias El Iguano) y Freddy Rendón Herrera (alias El Alemán) lo han acusado de haber dictado charlas en un campamento de Carlos Castaño sobre la guerra contra el comunismo, versiones que con vehemencia ha desmentido Narváez y el propio paramilitar Hébert Veloza, alias H.H.
Paradójicamente Narváez, quien tuvo un contrato de asesoría con el DAS durante 14 meses y estuvo como subdirector entre junio y octubre de 2005, terminó denunciando a Enrique Alberto Ariza Rivas, el cuestionado director de inteligencia que, de acuerdo con un acta firmada en febrero de 2005, fue quien se comprometió a ejercer el control y la vigilancia del contrato de prestación de servicios suscrito entre Narváez y el DAS. Y, como cosa curiosa, con quien firmó el contrato de asesoría fue Giancarlo Auque de Silvestre, también involucrado en el escándalo de infiltración del paramilitarismo en el DAS.
Interrogado por El Espectador, Narváez —investigado por la Procuraduría por el escándalo de las ‘chuzadas’— ratificó su inocencia, manifestó que como subdirector nunca tuvo funciones para manejar las salas de interceptación del DAS, que las declaraciones en su contra por parte de jefes paramilitares son una retaliación por sus denuncias y que está dispuesto a acudir ante las autoridades a rendir las explicaciones que se necesiten, con documentos en mano.
Aún así, la Fiscalía lo investiga de manera preliminar por las imputaciones de Mancuso, El Iguano y El Alemán. Sin embargo, aunque su panorama judicial no es claro, lo cierto es que las denuncias que les entregó a la Procuraduría y Fiscalía nunca fueron indagadas debidamente.
El escenario que le describió Narváez a la justicia demuestra que la Dirección de Inteligencia del DAS era desde mucho tiempo atrás una cueva clandestina de algunos funcionarios que se prestaron para vueltas ilegales y que después le montaron una verdadera cacería a magistrados de la Corte Suprema de Justicia, de los que, pese a grabarlos y seguirlos y monitorearlos financieramente, no encontraron prueba alguna de que desde esa corporación se estuvieran orquestando delitos.
Un cerco que tuvo como génesis, coincidencialmente, el escándalo parapolítico como telón de fondo y, cómo no, las agrias confrontaciones entre el Ejecutivo y el Poder Judicial por casos como el de Tasmania o el encuentro en Palacio con emisarios del siniestro paramilitar Don Berna.
Jorge Noguera, el principal acusado
Jorge Aurelio Noguera Cotes fue nombrado como director del DAS en agosto de 2002. Durante tres años, según lo documentó la justicia, torpedeó investigaciones en contra de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, y Hernán Giraldo Serna, entregó a paramilitares listados de sindicalistas y dirigentes de izquierda o profesores como Alfredo Correa de Andréis, que después terminaron asesinados; de proporcionarle información clasificada al bloque norte de las Auc. Hace dos semanas fue acusado de los delitos de concierto para delinquir, homicidio agravado, abuso de autoridad y protección de personas al margen de la ley.
Las ‘chuzadas’, prioridad de la Fiscalía
El escándalo originado por las interceptaciones ilegales del DAS es hoy en día prioridad en la agenda del ente investigativo. Cuatro de los ex directores del organismo de seguridad, Jorge Noguera, María del Pilar Hurtado, Andrés Peñate y Joaquín Polo, fueron llamados a interrogatorio por la Fiscalía. Los capitanes (r) de la Armada Jorge Lagos y Fernando Tabárez, ex directores de contrainteligencia e inteligencia del DAS respectivamente, ya presentaron sus descargos ante la justicia.
Según lo ha manifestado en público el fiscal Mario Iguarán, lo que se ha descubierto hasta la fecha sobre el DAS “hiede”. Los resultados de las pesquisas tendrán la palabra final de lo sucedido.
Vea el facsímil de la declaración de Narváez a la Procuraduría haciendo clic AQUÍ