28 Dec 2011 - 2:40 a. m.

No puedo perdonar

Han pasado 25 años y a Ana María Busquets de Cano aún le duele no haberle dicho adiós, no haberlo tenido de la mano mientras se iba. Habla del periodismo de hoy y del libro que saldrá para que las nuevas generaciones conozcan a Guillermo Cano.

Diana Calderón / Especial para El Espectador *

Supongo que han sido un poco difíciles estos últimos días, a propósito de los 25 años del asesinato de su esposo.

Pues uno recuerda siempre, casi a diario; recuerdo lo que pasó, algún detalle o alguna cosa de Guillermo o porque ha habido algún acontecimiento, pero los aniversarios siempre son más complicados porque vive uno más directamente lo que pasó… Es imposible olvidar hora por hora en qué íbamos, en qué estábamos.

¿En qué estaba en ese momento Ana María?

Yo había ido con él al periódico como cada día, por la mañana. Yo iba tres veces a la semana, pero ese día me llamaron unas amigas para almorzar y me llevé las llaves del carro y Guillermo no pudo salir en el carro al mediodía, sino que lo tuvo que llevar una chiva. Parece que eso prolongó su vida unas horas porque ya lo estaban esperando, según lo que se ha sabido. Después le mandé las llaves y lo llamé y le pregunté mucho qué sabía de lo que había pasado en Miami, porque allá habían matado a Amparo Hurtado y a la hija y al marido, y eso había sido un drama terrible. Estuve muy asustada todo el día pensando que eso había sido también el narcotráfico, pero Guillermo desde el primer momento me dijo que no es eso, porque ella es una cronista cultural. Él pensaba que eran otros móviles, como se comprobó después.

¿Ese día particularmente tuvo miedo?

Todo el día estuve con una angustia espantosa.

¿Habían hablado acaso del riesgo que corría?

No, porque no se sabía. Es que ahora hay tanta vigilancia en los periodistas, tanto cuidado de que no les pase nada, que uno no entiende por qué Guillermo estaba solo. Hay que recordar que en ese momento no habían matado a nadie; a Lara Bonilla, pero porque era un ministro, estaba en el Gobierno, pero a un periodista no y siempre hay la posibilidad, él mismo lo dice en el último reportaje, pero yo pensaba, es una persona tan respetable, tan respetada, una persona mayor, el director de un periódico, pues no se van a atrever.

¿Cómo se enteró de que mataron a Guillermo?

A mí todavía no me lo habían dicho. Llegaron Alfonso y mi hermana a mi casa, porque vivíamos en casas pegadas. Yo estaba hablando precisamente con el cardiólogo de Guillermo, porque él había llamado a preguntar qué era lo que había pasado en Miami y que si Guillermo estaba bien vigilado, que tuviéramos cuidado… cuando me dicen “a Guillermo le dispararon y no sabemos todavía a dónde lo llevaron”. Entonces yo le dije al cardiólogo: oye lo que está pasando y cuando sepas por favor ve a ayudarlo. Cuando supimos fuimos a la Clínica de la Policía, que fue a donde lo llevaron y cuando vi la cara de Álvaro Monroy, que era un empleado del periódico de tantos años, dije esto ya no tuvo solución… y te digo, eso lo puede uno comentar ahora y hablarlo después de 25 años, pero yo duré mucho tiempo que no era capaz de contar cómo lo había sabido y qué había pasado, porque ese nudo en la garganta duró mucho tiempo en desaparecer, esa tristeza de no haberle dicho adiós, de no haberlo abrazado, eso era horrible.

¿Qué siente que le quedó por decirle?

Mucho. Mis hijos siempre me dicen que él ya lo sabía, pero no haberlo podido proteger, tenerlo de la mano mientras se iba, eso es muy horrible…

¿Qué edad tenían sus hijos, cómo reaccionaron a la noticia?

El menor tenía 20, sí, 20 tenía Camilo, y el mayor como 31, una cosa así. Juan Guillermo, cuando todo el mundo salió corriendo del periódico, se quedó paralizado y no podía alzar nada, no podía moverse. Fernando estaba en una novena en la casa de los suegros, y lo que hacía era gritar, es que no puede ser, es que no puede ser, le dio un desespero igual que a mis niñas.

¿Cuántos años llevaban casados?

De casados llevábamos unos 31 y si no hubiera pasado eso de pronto ahora llevaríamos casi 60.

¿Cómo ha logrado superar ese dolor, cómo ha hecho durante estos años?

Fue tal la angustia de lo que podía pasar, porque ahí sí empezaron las amenazas, a vernos rodeados de escoltas. Tocaba decirles a los niños que eran los amigos, pero los amigos no cargan con ametralladoras. Entonces tocaba era defenderse, protegerse y tratar de que no le pasara a nadie más lo que acababa de pasar, eso creo que fue lo que nos impidió acabarnos de la tristeza… Si no es por mi familia catalana en Barcelona, no sé qué hubiera pasado. A los periodistas no los apoyaron como han debido hacerlo en ese momento.

¿Cómo recuerda a Guillermo, qué es lo que más recuerda de él?

Depende del momento. Cuando leo sobre cosas políticas o del ambiente del país, pienso en qué pensaría Guillermo o qué estaría diciendo en ese momento. Muchos de los editoriales que escribió, muchas de las advertencias que hizo, siguen siendo válidos. Si estoy en un momento familiar, me duele terriblemente que no haya podido disfrutar de una familia tan bonita, con unos nietos como los que tenemos, que no sólo son inteligentes sino hasta bonitos todos, le da a uno mucho coraje, mucha rabia que no lo hayan dejado disfrutar de ellos.

¿Se puede perdonar que le maten a uno a su marido, a ese hombre que además era quien era para usted y para el país?

No, yo no. Eso de decir yo perdono es facilísimo, porque decir la palabra, sale. Yo creo que a un personaje tan malo, a una persona que le hizo tanto daño a este país, y que nos hizo tanto daño, no. No creo que yo tenga derecho a perdonar eso, esas son cosas de mi Dios. No puedo adelantarme a los juicios de Dios. Pero eso no es perdonable.

¿Nunca en todos estos años pensó en rehacer su vida al lado de otra persona?

Ah, no, yo tengo muy buenos amigos, tengo gente muy querida con la que paso muy buenos ratos, he tenido uno que otro pretendiente, pero no, casarme con alguien no.

¿Sigue teniendo la disciplina de leer los periódicos en las mañanas?

Sí, cada día leo El Espectador. Hay unas personas que no las leo, y tengo El Tiempo para los días que están las personas que me gusta leer.

¿A quiénes le gusta leer?

Me gustan Ramiro Bejarano, Alfredo Molano, me gustas tú, me gusta Cecilia Orozco, me gusta mucho Abad.

¿Quién no le gusta?

No te puedo decir (risas), hay algunas personas que ya se fueron de El Espectador y otras que están en El Tiempo. Es que me queda muy difícil que me gusten, porque pienso muy diferente a lo que escriben y no creo que valga la pena leerlos; es bueno saber lo que piensan los demás, pero cuando los demás ya sabe uno lo que piensan, entonces tal vez no vale la pena perder el tiempo.

¿Qué piensa del periodismo que hacemos hoy?

El de ahora tiene menos amenazas, pero se autocensura bastante. Se pueden decir más claramente las cosas, pero no siempre se dicen. Muchas veces uno quisiera que fueran más estrictos, como más justos o más realistas o más valientes. Pienso que se ha vuelto también un poco farandulero, aunque a Guillermo le encantaba la farándula porque nos hizo hacer una columna: ‘Dicen que’ y ahí uno metía chismes.

¿Qué aspectos del país cree que le habrían preocupado a Guillermo en estos momentos?

Desde luego le hubiera dolido tremendamente lo que ha sido con el paramilitarismo. Estoy segura de que lo tendría tan angustiado como el narcotráfico. Y los falsos positivos, eso no se hubiera quedado callado, esa hubiera sido una lucha permanente en ese instante.

¿Cómo le gustaría que las nuevas generaciones recordaran a Guillermo Cano?

Estamos haciendo un libro para que precisamente lo puedan conocer, no sólo en la lucha por la libertad de prensa, los derechos humanos, el narcotráfico, sino que conozcan lo que es ser un periodista de verdad, un escritor, porque el que sea buen periodista debe saber también escribir bien una crónica de cine como un acto de la Corte Suprema de Justicia o una crítica literaria. El libro ya está casi terminado, la parte de crónica, que ha sido donde más se han encontrado cosas realmente buenas, bonitas y diferentes, eso lo hace Carlos Mario Correa, que es un profesor de la Eafit en Medellín, y Maryluz Vallejo en la parte de la antología, y Jorge Cardona, que es el jefe de investigaciones de El Espectador, está haciendo la biografía. Tenemos a María José París, que es historiadora.

Qué título tendrá el libro?

Todavía no se sabe si va a ser Guillermo Cano simplemente o ‘Las faenas de Guillermo Cano’.

‘Cómplices atajos’

Con el libro recientemente puesto en librerías nacionales, Cómplices atajos, el periodista Juan Guillermo Cano quiere hacerles un homenaje a los miles de muchachos asesinados por miembros de las Fuerzas Militares y a las familias de desaparecidos por múltiples causas en todo el territorio nacional.

“Cano ha hecho un trabajo periodístico importante, que tal vez ningún otro periodista había acometido. Y no es de extrañarnos, pues Cano es precisamente hijo de don Guillermo Cano, asesinado por el narcotráfico en diciembre de 1986”, dice en el prólogo Felipe Zuleta Lleras, quien recalca la intención de que la memoria de esos compatriotas asesinados no sólo quede en los recuerdos de sus familiares. “No se puede creer que todavía se sigan aplazando los procesos por el asesinato de jóvenes de Soacha y miles más, siempre de la mano de argucias legales usadas por los militares implicados y acusados en el caso”.

*Directora del Servicio Informativo de Caracol Radio.

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