Científicos del Instituto Médico Howard Hughes y del Instituto Salk de Estudios Biológicos (en Estados Unidos) se han encargado de realizar experimentos de los medicamentos en roedores sedentarios.
Los resultados de su estudio, publicados en la revista Cell, demuestran que, sorprendentemente, las dos sustancias hacen que las células musculares aumenten su rendimiento y mejoren la capacidad de quemar grasas, lo que contribuye a combatir la obesidad, y a evitar el cansancio físico.
Además, los medicamentos también podrían servir para el tratamiento de enfermedades musculares, ayudarían a pacientes que por problemas físicos no pueden realizar ejercicios, a personas con discapacidades y a quienes sufren trastornos metabólicos o distrofia muscular.
Habrá que esperar a que esta maravilla de fármacos se puedan probar en los seres humanos.