La empresa Knome Inc. afirma ser, en su página de internet, la primera compañía especializada en genómica personal. Con sede en Cambridge (Massachusetts), Knome ofrece entre sus servicios secuenciar todo el ADN de una persona y “obtener, entender y compartir su información genética de una manera anónima y segura”.
Hasta ahora pocas personas en el mundo conocen la secuencia completa de su ADN. Entre ellas figuran James Watson, codescubridor del ADN, y Craig Venter, pionero en la investigación del genoma. Comprar los servicios de compañías como Knome permitirían entrar a ese exclusivo grupo que será recordado en la historia por ser los primeros en conocer su código genético. Recientemente esta compañía anunció que las primeras 20 personas que paguen US$ 350.000 conocerán toda la secuencia de su ADN.
Pero los directivos de la empresa advierten otras razones para pagar esta exorbitante suma: “Una vez su genoma haya sido secuenciado, usted podrá aprovechar los futuros descubrimientos genéticos. Más allá de las aplicaciones en la salud, su secuencia genética le permitirá asomarse a su genealogía y ancestros”.
Knome Inc, sin embargo, no es la única empresa en el directorio de esta nueva y prometedora industria de la genómica personal. 23andMe Inc, que recibe fondos de Google, Navigenics Inc, y deCODE Genetics Inc son otras compañías en la carrera por convertir la secuenciación del ADN en un servicio a gran escala en todo el mundo.
Los precios, que van de 350.000 a un millón de dólares, convierten por ahora a la genómica en un lujo y una excentricidad de millonarios y celebridades. Pero los especialistas no dudan que en cuestión de unos pocos años, gracias a los avances tecnológicos, miles de personas podrán conocer los secretos escondidos en su ADN a menores costos.
Gran paso en 2007
De hecho, para la revista Science uno de los desarrollos más importantes en ciencia en 2007 estuvo el campo de la genética. Hasta ahora, los científicos se habían concentrado en identificar las variaciones entre los seres humanos y otras especies, que llevó a descubrimientos asombrosos como que entre el simio y el hombre la diferencia del ADN a escala molecular es sólo del 1%. Pero en 2007 se avanzó en el estudio de las variaciones entre un ser humano y otro, en identificar qué hay en el ADN que nos hace humanos y qué hay para que cada uno sea como es.
En 2001, cuando concluyó el proyecto del genoma humano, los científicos quedaron con información en sus manos sobre tres billones de bases de ADN, pero sin saber muy bien cómo funcionaba esa larga y compleja secuencia. Era como conocer palabras y las letras de un abecedario, pero sin entender la gramática.
Gracias a buena parte de las investigaciones concluidas en los últimos dos años, comienza a entenderse la complejidad de esa larga cadena. Hoy se estima que existen 15 millones de lugares en el genoma que podrían variar entre una persona y otra o entre una generación y la siguiente. Para mediados de 2007, tres millones de esos lugares habían sido estudiados. Allí estaría la clave de un gran número de enfermedades.
Para Donald Kennedy, editor jefe de la prestigiosa revista Science, “Mejores técnicas de secuenciación están disminuyendo los costos de la genómica. Los pocos ‘genomas célebres’ pronto serán seguidos por otros; esperamos que no sea en un orden determinado por el precio, sino por la necesidad científica o circunstancias médicas personales”.
Caja de pandora
Según la revista Science, “el potencial para descubrir los riesgos genéticos al cáncer, el asma o la diabetes son excitantes, pero también terroríficos. No sólo acarrean la promesa de mejorar la salud a través de la medicina personalizada y entender nuestra individualidad, sino también el riesgo de discriminación y pérdida de privacidad”.
Así, mientras en 2007 los investigadores vincularon variaciones en al menos 50 genes al riesgo de una docena de enfermedades, y una incipiente industria aprovecha la ansiedad por conocer el ADN de cada individuo, las voces de alarma se hacen sentir.
En Estados Unidos ya transitan en el Congreso proyectos de ley para prevenir que las aseguradoras y empleadores no hagan mal uso de la información genética. Si obtener información sobre el ADN de las personas se convierte en unos años en una práctica tan sencilla como un test de glucosa o una prueba de VIH, ¿cómo evitar que la información revelada se convierta en un factor de discriminación laboral o social?
Pero las mayores preocupaciones radican en los temores innecesarios que se despertarían en las personas en las que el estudio de ADN advierta predisposición hacia algunas enfermedades. ¿Cómo sobrellevar el temor a desarrollar enfermedades como el Alzheimer o la diabetes luego de que un estudio del ADN indique que existen ciertos factores de riesgo genéticos?, se preguntan los contradictores de estas prácticas.
Por lo pronto, los empresarios de la genómica saben que no será difícil conseguir clientes en un mercado donde se subastan prendas de María Félix por cuatro millones de dólares y dónde existen personas dispuestas a pagar por el molde dental de Angelina Jolie cuando tenía 16 años, el bañador de Carmen Electra en Baywatch o un sandwich de Britney Spears.