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Pepinos producen crisis diplomática en Europa

Tensiones entre Alemania y España por cuenta del origen de las hortalizas contaminadas con la bacteria.

Emiliana Malfatto

01 de junio de 2011 - 02:03 a. m.
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Los europeos ya no pueden comer verduras sin temer por su salud. Seis muertos (cifra que podría subir a catorce si se confirmaran ocho muertes sospechosas), más de mil enfermos y una crisis diplomática, tal es el balance de una ola de infección sin precedentes causada por la bacteria Escherichia coli enterohemorrágica  aparentemente vehiculada al consumo de verduras crudas.

Tras el reporte de los primeros casos, las autoridades sanitarias alemanas se apresuraron y culparon a los pepinos y otras hortalizas importados de España. La ministra española de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, Rosa Aguilar, dijo que esto era “injusto, indebido y sin pruebas” y reclamó a la Unión Europea “medidas extraordinarias y de urgencia” para compensar las pérdidas sufridas por la huerta española.

Frédéric Vincent, portavoz encargado del consumo de la Comisión Europea, respaldó el rechazo español argumentando que “un 20% de los enfermos no habían consumido pepino”. Análisis más detallados obligaron a la autoridad sanitara de Hamburgo a declarar la inocuidad de los pepinos, tomates y lechugas españoles.

Pero el daño ya estaba hecho, y, según la Federación española de productores-exportadores de frutas y verduras, “casi toda Europa” ya dejó de comprar frutas y verduras españolas, afectando gravemente la economía. Alemania ha prometido indemnizar a los cultivadores ibéricos.

Pese a estas noticias, la paranoia del “pepino asesino” sigue difundiéndose por toda Europa, ya que casos sospechosos se han reportado en Holanda, Gran Bretaña, Dinamarca y Francia en los últimos días. La Unión Europea tuvo que tomar medidas a nivel comunitario para prevenir la ola de infección, “una de las más importantes jamás observadas en el mundo entero, y la más importante en Alemania”, según el Centro Europeo de Prevención y Control de las Enfermedades.

Las autoridades sanitarias alemanas temen que este sea apenas el comienzo de una epidemia mayor, y que el pico epidemiológico esté aún por venir. En el norte del país, en donde más se expandió la infección, varios hospitales están ya saturados y se preparan para enfrentar una posible crisis sanitaria.

La bacteria Escherichia coli enterohemorrágica (ECEH), más conocida como E-coli, está presente naturalmente en el sistema digestivo de los animales rumiantes y puede pasar a la cadena alimentaria mediante excrementos. Produce toxinas que, una vez en el cuerpo humano, destruyen las células a nivel de los vasos sanguíneos, generando problemas de coagulación, hipertensión arterial o destruyendo las células cerebrales. Estas toxinas se desarrollan primero en el aparato digestivo y luego se difunden en la sangre hasta los riñones y a veces el cerebro. La enfermedad se manifiesta clínicamente como una gastroenteritis aguda, que puede tratarse en menos de una semana, pero que puede también evolucionar hacia una forma severa de la infección, llamada sindroma hemolítico urémico (SHU) que afecta la sangre, los riñones y, en último caso, el sistema nervioso central.

En el caso presente, las autoridades sanitarias están sorprendidas por el tipo de población afectada. Según el Centro Europeo de Prevención y Control de las Enfermedades, el 67% de los afectados son mujeres adultas. Generalmente, el SHU afecta  a niños y personas mayores. Por otro lado, cerca de una cuarta parte de los infectados alemanes desarrollaron la forma severa de la enfermedad. Por lo general, este porcentaje no sobrepasa del 10%.

Por Emiliana Malfatto

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