Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Percusionista de rutas

El Espectador encontró olvidado en España a Shangó Dely, quien trabajó con Carlos Vives y Carlos Santana en los años 90.

Juan Diego Ramírez C.

19 de agosto de 2012 - 04:00 p. m.
/ Archivo personal
PUBLICIDAD

El auténtico sonido africano que se escucha en el Monumento al Sitio y las Cortes de Cádiz, en el sur de España, no sólo proviene del cantante brasileño Carlinhos Brown, como pensarían turistas y curiosos, nace también de las manos callosas y ásperas de un hombrecito de 1,60, mirada infantil y melena despelucada que acompaña las voces de la samba y el reggae. Responde al nombre del dios de los truenos, la danza, los tambores y la música de la religión yoruba, pero la personificación en Shangó Dely, este cartagenero de 33 años, es el percusionista que tocó con Carlos Vives y Carlos Santana y ahora vive en Madrid, en donde estuvo por estos días enseñándoles su oficio a 225 niños de la Ruta Quetzal del BBVA*.

Las palmas de Shangó carecen de la indulgencia de una piel lisa. Esos callos producidos por azotar cueros los suaviza con aceites africanos y, a veces, con orina. Sentado en un bar de Cádiz, luego de un canto a los 200 años de la constitución nacional de España, junto con Carlinhos Brown, resume su vida, que hoy lo encuentra radicado en Madrid, viviendo de la música. Como siempre.

Moviendo esas manos ásperas explica, como apoyo de su palabra y como voz corporal, la partitura de su vida, que alcanzó su clímax laboral durante la década que trabajó con Carlos Vives y La Provincia. Conoció 25 países con la agrupación, reunió lo suficiente para comprar un apartamento en Cartagena para la familia e invirtió en un proyecto musical que fracasó. Entre otros gastos.

Cuenta, con ese acento caribeño que ni su nomadismo modifica, sobre el tiempo en que vivió en el departamento de Carlos Vives en Bogotá mientras estudiaba música en la Javeriana. Duró un año. Lo más sobresaliente en notas: el examen de solfeo de segundo semestre que aprobó junto con su coequipero Fonseca, que desertaría al mismo tiempo que Shangó para convertirse en el cantante que es ahora.

Tendrá que exigirle más a su memoria para contestar por qué la música. Y dirá que su padre Istvan Dely —filólogo húngaro, primer conguero de Europa del Este y traductor de El otoño del patriarca de García Márquez— conoció al amor de su vida en París, en 1975. A Leonor, una licenciada bogotana, la vio bailando en un festival. Lo demás serían sonrisas cómplices, cartas de amor a la distancia por un tiempo y al final las maletas del señor Istvan en la casa de Leonor en Cartagena, donde vivía por esa época.

Read more!

Llegó para casarse y quedarse por siempre. En el segundo embarazo de Leonor esperaban a una niña que llamarían Yemayá —diosa del mar—, pero nació un niño, nació Shangó, para sorpresa de los médicos.

Con la ayuda de José Oriol Bustamante, un curtido percusionista de la ciudad, sus padres fundaron el Cabildo de Tambores Millero Congo, en el barrio La Boquilla de Cartagena, una escuela musical gratuita en donde se forjaron Shangó y su hermano mayor, David, rodeados de alegres, bongós, dominicanas, yembés, darbucas, tamas, dundunes, güiros, gaitas y flautas. “El tambor es un universo por descubrir. No se debe tener la actitud de un domador sino la de un explorador”, le recomendaba el papá a Shangó.

A los seis años recibió su primera lección y a los ocho el primer tambor, un alegre, en ocasión de su cumpleaños. En su niñez emulaba los sonidos de los tambores pegándole a cualquier cosa, pintaba teclados en cajas de zapatos y fingía tocar el órgano. En su infancia ya era profesor subestimado de escuela y ganador inesperado de un festival de tamboreros de Palenque y del diploma al mejor estudiante del Curso Internacional de Folklore Folkcuba en el verano del 89. “Y eso que era el único niño en ambos eventos. No creían que alguien tan pequeño —aún lo es en estatura— pudiera tocar así. Menos que yo fuera uno de los profesores de mi escuela”, dice Shangó, que vive en Madrid desde 2005, con su esposa Clara Sánchez. No planea regresar a Colombia a mediano plazo o radicarse en Cartagena, el lugar que le huele siempre a guayaba por el árbol del patio de la casa donde se crió, cerca de la ciudad amurallada.

Read more!

Paró en España luego de probar suerte adversa en Estados Unidos, en Austin, California, en donde varias veces se descubrió a sí mismo sin un peso en el bolsillo y obligado a buscar resguardo con conocidos porque no conseguía eventos donde tocar. Llegó allí porque un día le negaron una visa para una gira con Carlos Vives y decidió renunciar, cuando ya tenía pocos ahorros. “Es que la clave no es gastar el dinero sino repartirlo en varios meses”, confiesa con el mea culpa de haber derrochado más de lo necesario. “Y eso que ni fumo, ni meto drogas, ni nada”.

En Madrid ha oficiado como profesor de inglés y tocado en fiestas y festivales ocasionales. La Ruta Quetzal del BBVA, que llamó a 225 niños de 51 países para seguir los pasos del botánico español José Celestino Mutis por Colombia y España entre 1783 y 1816, lo contrató como el timbalero de la expedición de cinco semanas. Allí lo encontró El Espectador, olvidado por Colombia y nostálgico de los tiempos en los que tocó para grandes músicos y productores como JB Eckl y KC Porter, y cuando terminó en la banda de Carlos Santana, en cuyo álbum Supernatural participaría. También grabaría con grandes como Emilio Estefan, John Barnes y Brian Culbertson.

No ad for you

Sigue estragado por la nostalgia del Grammy en 2002 con Déjame entrar de Carlos Vives, con quien sigue teniendo una buena relación. Recuerda la vez en que su foto apareció en la primera página de El Tiempo, que lo confundía con Carlos Vives: el diario aseguraba en letras de molde que Vives era tan diestro por sus dotes de cantante como por sus artes de timbalero. Era Shangó el de la imagen.

Ya no sale en ningún diario en Madrid. Recuperar la poca fama que consiguió hace un tiempo no lo trasnocha. Sólo quiere seguir enseñando su oficio por el mundo.

¿Qué es la Ruta Quetzal?

En 1979 y por sugerencia del rey de España, Miguel de la Quadra-Salcedo creó este programa con el objetivo de consolidar entre la juventud de 16 y 17 años los cimientos de la Comunidad Iberoamericana de Naciones entre todos los países de habla hispana, incluidos Brasil y Portugal.

Ruta Quetzal BBVA es un viaje en el que se mezclan cultura y aventura. Gracias a él, y a lo largo de veintisiete ediciones, más de 8.000 jóvenes europeos, americanos y de países como Marruecos, Guinea Ecuatorial, Filipinas y China han tenido la oportunidad de viajar y descubrir las dimensiones humanas, geográficas e históricas de otras culturas.

No ad for you

La XXVII edición de la Ruta Quetzal del BBVA, que finalizó con éxito recientemente, invitó esta vez a 225 niños de 51 países para realizar una expedición por Colombia y el sur de España durante cinco semanas. El objetivo era seguir los pasos del botánico español José Celestino Mutis.

En este periplo diez colombianos estuvieron en la travesía, seleccionados por sus trabajos sobre el expedicionario español y otros sobre el escritor colombiano Gabriel García Márquez, cuya ciudad natal, Aracataca, visitaron los ruteros en los primeros días de viaje.

* Para más información sobre la Ruta Quetzal del BBVA lea “La Ruta Quetzal terminó con éxito” en www.elespectador.com.

Por Juan Diego Ramírez C.

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.