5 Nov 2008 - 11:00 p. m.

Petrópolis club

A una hora de Bogotá más de 70 perros de distintas razas aprenden salto largo y natación. Después de la muerte de su perro, Ernesto Porras creó un lugar para la diversión canina.

Mariana Suárez Rueda

Ernesto Porras decidió dejar a un lado su promisoria carrera como ingeniero y administrador de empresas en una reconocida multinacional estadounidense, para cumplir la promesa que le hizo a su perro Lucas, antes de que falleciera, de construir un hermoso lugar para el entrenamiento, la diversión y el esparcimiento de quienes considera los mejores amigos del hombre. No quiso ahorrar en gastos a la hora de elegir el terreno en donde desde hace casi dos años funciona Petrópolis, el club campestre para perros más grande de Latinoamérica.

En el municipio de Subachoque, a una hora de Bogotá, más de 70 perros, de diferentes razas, edades y tamaños disfrutan de una programación diseñada especialmente para ellos. El día comienza alrededor de las 9:30 de la mañana cuando las cuatro rutas llegan al club después de un agitado recorrido, durante el cual las monitoras se ven obligadas a recurrir a diferentes trucos para mantener el orden dentro del bus y evitar a toda costa que los perros se levanten de sus asientos.

A cada uno lo recogen en la puerta de su casa. Deben llevar puesto el collar y traer una lonchera con el almuerzo, que se sirve de 12:00 a 1:00 de la tarde. A veces algunos también usan uniforme, aunque no es obligatorio y depende más del estado de ánimo y de la personalidad de su dueño.

Durante toda la mañana adultos y cachorros disfrutan de actividades recreativas con el grupo de compañeros que les fue asignado, después de los resultados de una entrevista que realiza la etóloga Claudia Rodríguez a sus dueños para determinar los rasgos de la personalidad de sus mascotas, si son perros agresivos, tímidos, hiperactivos, sociables, nerviosos, desobedientes o solitarios. Por eso, no es raro encontrar en los salones del club a un pug jugando con un rhodesian o a un labrador dorado revolcarse en el pasto junto a un schnauzer miniatura.

Doce entrenadores dirigen el cronograma de los miembros de Petrópolis y llenan un reporte diario sobre su comportamiento, el cual le entregan a sus dueños periódicamente, con el objetivo de detectar cualquier cambio o anomalía y así descubrir a tiempo si presentan alguna enfermedad. Como sucedió con Motas, un fresh puddle, que convulsiona.

“El veterinario no le encontró nada, sin embargo, gracias a que los entrenadores detectaron a tiempo este comportamiento extraño aprendimos a darle respiración y a acomodarle la lengua cuando sufre estos ataques”, explicó Porras, quien luego recordó conmovido el problema de tiroides de Sabrina, una golden retriever, que desde hace varios meses asiste a consultas con un homeópata para controlar su problema de sobrepeso.


Entrenamiento y diversión

Asistir a Petrópolis cuesta entre $35.000 y $500.000 mensuales dependiendo de la cantidad de días que vayan las perros y de las actividades a las que estén inscritos. La mayoría de los dueños aprovechan las amplias zonas verdes que ofrecen estas instalaciones para que un entrenador adiestre a sus mascotas y les enseñe todo tipo de trucos. Desde cumplir órdenes para sentarse, dar la mano, acostarse boca arriba o girar en rollos sobre el suelo hasta aprender a correr en el canódromo, realizar pruebas de velocidad y saltar obstáculos.

Pero quizás una de las actividades más divertidas y complejas es la de salto largo. Los perros deben correr y luego brincar sobre una piscina climatizada en donde también nadan durante horas. Simón, un golden retriever de siete años, no se ha dejado aminorar por la edad y es uno de los que más disfruta dentro del agua. Puede durar hasta media hora agitanado sus patas y jugando a tragarse las gotas que saltan del agua cada vez que la golpea con fuerza. Los fines de semana amos y mascotas se divierten dentro de la piscina y aquellos perros a los que sus dueños dejaron en guardería son vigilados con especial atención por los entrenadores.

Algunos, como una familia de cinco chau chau disfrutan de la suite imperial. El cuarto más costoso de Petrópolis, pues cuenta con atención personalizada y una cómoda cama king size. Porras reconoce que no son muchas las personas que pagan por este lujo, sin embargo, de vez en cuando hay quienes están dispuestos a ofrecerles todas las comodidades a sus mascotas.

Los únicos servicios que no ofrece este club son los de peluquería. Porras explica que su intención no es convertirse en la competencia de las veterinarias, sino en su complemento. “Los perros que llegan a Petrópolis lo hacen por recomendación de su veterinario, pues mi intención es ofrecerles un espacio amplio y adecuado para sus necesidades. Un lugar en donde se sientan felices”. Precisamente fue este deseo el que Porras no le pudo cumplir a su mascota Lucas. Un schnauzer que sufrió de depresión y murió de cáncer, luego de haber sido sometido a un entrenamiento severo e incluso violento.

“Lo dejé un par de días en una guardería mientras viajaba y cuando lo recogí comenzó a actuar extraño”, recuerda Porras. “Temblaba y ladraba mucho”. Solamente después de su muerte Porras descubrió lo que había pasado. Embargado por el dolor y los sentimientos de culpa, prometió que construiría un lugar donde Lucas hubiera sido feliz. Hace dos años cumplió su compromiso y hoy más de 70 perros disfrutan de una sede campestre en la que aprenden acrobacias, a socializar con otros perros y a disfrutar la libertad.


Consejos para educar una mascota

Los cachorros son como niños, hay que enseñarles lo que está permitido y lo que está prohibido. La educación del animal se debe iniciar desde el momento en que  llega al hogar. Así será más fácil implantar las bases de lo que puede o no hacer.

La mejor opción a la hora de educar un perro es que el amo sea quien se encargue de esta tarea, aunque existen escuelas de adiestramiento con  instructores, conocedores de la psicología canina y en donde el dueño puede aprender la metodología correcta para enseñarle a su mascota cómo tiene que comportarse.

Los veterinarios también aconsejan educar a los perros de una forma positiva. Es decir, que cuando el animal haga algo bien es necesario hacérselo saber, para ello se le puede entregar un premio o una recompensa. En este caso es preferible una palabra amable o una caricia, no tiene que ser necesariamente un trozo de comida.

Alimentación saludable

Aunque parezca increíble, la preocupación por la buena nutrición de las mascotas se ha convertido en un asunto importante para sus dueños, quienes temen que éstas sufran de sobrepeso, problemas digestivos e incluso enfermedades cardiovasculares.

Por eso, compañías dedicadas a la fabricación de comida para perros han creado novedosos productos que con ingredientes naturales, como los vegetales, cereales y carne, ayudan a que los queridos amigos del hombre tengan una mejor digestión y los nutrientes que necesitan para gozar de buena salud.

Pedigree, por ejemplo, lanzó una nueva línea de concentrado que contiene, entre otros componentes, omega 3, para ayudar al mantenimiento de un pelaje sano.

Asimismo, empresas europeas se han dado a la tarea de crear bebidas para los perros, como una cerveza sin alcohol que se vende en Austria y que está hecha a base de carne y malta.

msuarez@elespectador.com

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