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Durante cuatro semanas este grupo de personas tuvo que devorar toda la pizza, papas fritas, helado y chocolate que quisieran. Y se les advirtió que no hicieran ejercicio. El médico Rudy Leibel, especialista en nutrición de la U. de Columbia en Nueva York, fue el encargado de supervisar el experimento, que arrojó resultados sorprendentes: después de cuatro semanas, la mayoría de los voluntarios subió entre 3,5 y 5,5 kilos. Pero hubo dos que sólo aumentaron medio kilo y otro que disminuyó grasa corporal.
Leibel explicó que esto se debe a que todos tenemos un peso natural biológicamente determinado y que nuestro cuerpo lleva a cabo todo tipo de esfuerzos para mantenerse en ese peso, seamos delgados o gordos.