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El dengue, ese virus transmitido por el mosquito Aedes aegypti, que cada año infecta a unos 100 millones de personas y tiene en riesgo a casi la mitad de la población mundial, le ha ganado la batalla a decenas de laboratorios y científicos que luchan por hallar una vacuna.
Sin embargo, tras veinte años de investigación, un equipo de expertos en inmunología, química e informática parece haber encontrado la preciada fórmula.
A 30 minutos de la ciudad de Lyon, en Francia, se encuentran las instalaciones de Nouville, un laboratorio de 28 hectáreas construido por Sanofi Pasteur y en cuyo corazón está el prototipo de la vacuna contra el dengue más avanzada, a la cual se le está determinando su efectividad.
Unos 150 equipos de alta tecnología y 300 científicos trabajan cinco días a la semana fabricando antígenos, cultivando células y manteniendo estrictas condiciones de temperatura y limpieza para que, una vez la vacuna tenga todos los avales, se puedan producir 100 millones de dosis anuales, unos 1.000 millones en diez años.
Para entrar a Nouville hay que desvestirse completamente y ponerse dos trajes esterilizados con diferente tipo de tela, casco y gafas de seguridad. En total, cada empleado tarda 15 minutos en la mañana y otros 15 en la tarde preparándose para el ingreso.
En el interior están prohibidos los celulares, las cámaras, los computadores, los alimentos o cualquier tipo de objeto personal. Asimismo, dos barreras de vidrio separan los pasillos y oficinas de los laboratorios. Según Antoine Quin, gerente del Centro de Producción de Vacunas de Sanofi Pasteur, “hay que proteger al máximo nivel esta aventura humana que nos ha costado años, sudor y millones”.
Para fabricar el prototipo de la vacuna, los funcionarios del laboratorio toman células caracterizadas provenientes de monos, las nutren y las modifican durante 19 días. Posteriormente las infectan con muestras vivas del virus del dengue y las atenúan durante siete días con antígenos que ellos mismos producen. Allí está el gran secreto de su hallazgo.
La cosecha de células se purifica, se distribuye en bolsas de plástico y se congela. Al resultado se le practican pruebas de efectividad y se transforma en vacuna, de la que ya se verificaron los niveles de seguridad y ahora se está probando en 40.000 voluntarios de 15 países, entre ellos Colombia.
Los resultados estarán disponibles a mediados de 2014 y, de ser positivos, la primera vacuna contra el dengue tendría vía libre en 2015, se aplicaría en tres dosis (una cada seis meses) y resolvería, en gran parte, el problema de salud pública mundial que significa la enfermedad.
Duane Gluber, director del Programa sobre Enfermedades Infecciosas Emergentes de Singapur, uno de los países más afectados por el virus, dice: “Por primera vez en mi carrera veo que estamos cerca de controlar el dengue como problema de salud pública. Honestamente, no creí que viviera para ver esto”.
Según Gluber, si bien no es correcto especular sobre los resultados de las pruebas que se están aplicando en la actualidad, “los datos preliminares, a los que he tenido acceso, dejan ver que se trata de una vacuna segura con alta eficacia para tres de los cuatro tipos de virus que producen el dengue”. El científico resalta además que, “incluso si la vacuna no es 100% efectiva, el avance sería extremadamente positivo para el bienestar de la población mundial”.
Sobre el costo que tendría, Guillaume Leroy, vicepresidente de Vacuna Dengue de Sanofi Pasteur, aclara que aún no hay un estimado, pero el impacto que tendría en más de 100 países amenazados por el virus sería enorme: “A una persona en América Latina que tiene dengue le cuesta en promedio US$200 curar la enfermedad y tiene baja productividad durante un mes”.
Al respecto, Mancel Martínez, director de Vigilancia y Análisis del Riesgo en Salud Pública del Instituto Nacional de Salud, dice que hasta hace una semana Colombia había sumado 67.920 casos probables de dengue en este año, 961 de los cuales ya han sido confirmados, y que son muchos más de los que se habían previsto para 2013. Es decir, “el dengue va en ascenso en el país y una vacuna como la que se promete disminuiría un costo social enorme, evitaría la inasistencia escolar y laboral de cientos de niños y adultos”.
Sin embargo, este gran paso que ha dado la ciencia tiene sus peros. De acuerdo con Iván Darío Vélez, director del Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales (Pecet), de la Universidad de Antioquia, de los cuatro serotipos del virus que produce el dengue (Den-1, Den-2, Den-3 y Den-4), la vacuna hasta ahora no ha mostrado suficiente efectividad con el segundo, el más común en América Latina y Colombia.
“Esta es una limitante muy grande. No tendría sentido que los países de este continente gastaran enormes cantidades de dinero en una vacuna que va a desproteger a la población del virus de dengue que más la ataca”, resalta Vélez, y agrega que, a su parecer, tres dosis de la vacuna podrían ser demasiado costosas para aplicar en la población que está amenazada por el dengue, principalmente en países en vía de desarrollo.
Aunque el director del Pecet reconoce que los avances de Sanofi Pasteur son un gran primer paso para la lucha contra el dengue, cuenta que otro laboratorio, Inviragen, está desarrollando otro prototipo de vacuna “muy prometedor”, llamado Denvax, que ya está terminando la fase de validación de seguridad en Tailandia, Singapur, Puerto Rico y Colombia.
Según cuenta Vélez, que fue designado por Inviragen para liderar las pruebas en Colombia, “pese a que no podemos cantar victoria hasta que esté lista la fase 3 (la de efectividad), esta vacuna tiene la ventaja de que sólo requiere dos dosis y muestra anticuerpos contra los cuatro serotipos del dengue”.
De todas formas, afirma el director del Pecet, “pese a que la vacuna sería efectiva para ayudar a los planes de control del virus, nunca se puede plantear como una panacea ni se puede crear la expectativa de que va a acabar completamente con la epidemia”.
Para Vélez, sería muy peligroso si la vacuna sustituye los programas de prevención de los gobiernos. “Hay que seguir eliminando los criaderos del mosquito, fumigando y formando a los médicos”, agrega.
De acuerdo con el experto, en la lucha contra el dengue tampoco se puede descuidar el cambio climático, la principal causante de brotes de la enfermedad: “Hace que tierras que antes eran muy frías para el mosquito ahora sean aptas para su reproducción en ciudades como Medellín, donde el clima ha aumentado significativamente en los últimos 20 años”. Asimismo, la premura con que se atiende en los centros hospitalarios evita que se haga un adecuado diagnóstico de estas enfermedades: “Lo que está pasando en la consulta regular es que la persona llega con fiebre y dolor de huesos, se le prescribe un simple analgésico y no se busca el dengue como una posibilidad del diagnóstico”, denuncia Vélez.
* Este artículo resultó de la invitación que Sanofi Pasteur ofreció a El Espectador para visitar sus laboratorios en Francia.