15 Nov 2009 - 2:00 a. m.

“Quisiera morir riendo”

El viernes se estrenó en las salas de cine nacionales la película ‘2012’, protagonizada por este reconocido actor norteamericano.

Fabián W. Waintal / Especial para El Espectador, Los Ángeles, Estados Unidos

Con casi dos metros de estatura, John Cusack incluso necesita bajar la cabeza para pasar por la entrada del Hotel Four Seasons. Un ‘grande’, en todo sentido, se hizo famoso por aceptar cierta calidad de cine, por encima de la cantidad de millones que puedan tentarlo en otro estilo de películas. Y será por eso que también resulta extraño verlo en una superproducción como 2012, en la que la acción de los efectos es la verdadera protagonista de la historia del fin del mundo. Pero tampoco es la primera vez que la palabra ‘extraño’ tiene que ver con su fama.

¿Cuál fue el lugar más ‘extraño’ donde lo reconocieron?

En la cárcel.

¿Cómo fue?

Cuando era jovencito, había dejado pasar una multa por alta velocidad, no la pagué. Y cuando me volvió a parar la policía, me tocó uno de esos locos que se creen superpoderosos y me llevó a la cárcel. Me llevaron a la Estación de Policía y me esposaron a una silla. Yo no lo podía creer. “¿Es una broma?”, decía yo. “¿Me van a esposar por una multa?”. Y al lado, había un borracho, también esposado, que me reconoció y me dijo “¡Te conozco! ¿Me podrías ayudar a conseguir representante?”. No puede parar de reír.

¿Y por su fama tampoco tuvo otros encuentros con la policía donde le perdonaron otras multas sólo por ser famoso?

¡Por supuesto! (Ríe) Así funciona todo en este mundo.

Rodeado de una familia de artistas, John Cusack nació el 28 de junio de 1966 en un ambiente de Chicago donde sólo su madre Nancy prefirió ser maestra de matemáticas en vez de pertenecer al Mundo del Espectáculo. Su padre Dick Cusack primero había trabajado en publicidad, ganando incluso un premio Clío, hasta que en 1970 cambió de rubro para crear su propia productora, impulsando un camino que siguieron sus hijos. Todos los hermanos se dedicaron a la actuación, inscribiéndose en la compañía de teatro Piven Theatre Workshop, cuando John recién estaba en la escuela primaria. Y en cierta forma, logró unir a la familia, más que nunca, porque con su hermana Joan Cusack, John llegó a filmar nada menos que diez películas diferentes.

¿Hay alguna razón en particular detrás del nombre tan parecido con su hermana Joan Cusack?

Tendría que preguntarlo, porque yo nunca lo vi como un nombre tan similar.

Lejos de las costumbres religiosas, John Cusack debutó en cine con apenas 17 años, en la comedia romántica Class, con Rob Lowe. Y para cuando apareció en Sixteen candles, entre sus admiradoras adolescentes ya era considerado como ‘superestrella’, en la misma época que también surgieron Demi Moore, Emilio Estévez, Charlie Sheen y Diane Lane.

Los roles maduros para John Cusack llegaron a partir de la película The grifters, con Angelina Huston. Y mientras se dedicaba a dirigir diferentes espectáculos de teatro con el grupo The New Criminals, John también volvió al cine con su propia productora, New Crime Productions, y la comedia Grosse Pointe Blank, reviviendo en la realidad la misma historia de aquella película, reuniéndose con sus ex compañeros de escuela, además del noviazgo que también tuvo, delante y detrás de cámaras, con Minnie Driver. Habiendo rechazado el papel que Woody Harrelson había tenido con Demi Moore en Indecent proposal o el rol de Bill Paxton en Apollo 13, el actor sólo aceptó la tentación de las superproducciones de Hollywood, con la película Con air. Pero tampoco tardó en volver con su estilo de cine tan particular como la película Midnight in the garden of good and evil, donde después de trabajar con Clint Eastwood, también vivió otro romance con su hija Alison Eastwood.

¿El más grande desafío actoral de  ‘2012’?

Simple resistencia y mucha energía, porque el proceso puede ser demasiado largo y hay que mantener la concentración durante los cien días de rodaje.

¿Cuál es la razón por la que no lo vemos casi en este estilo de cine?

¿Será que no me ofrecen las que son realmente buenas? Por lo general, las buenas superproducciones se las ofrecen a la superestrella que figura primero en las recaudaciones.

¿Pero no rechazó una película como ‘Indecent proposal’ con Demi Moore y Robert Redford?

Sí, pero no era para nada una película de acción.

¿Y ‘Apollo 13’?

También, pero ese ofrecimiento había sido para el cuarto personaje de la historia. Hubiera sido diferente si me hubieran ofrecido el rol de Tom Hanks.


¿Quiere decir que realmente le hubiera gustado convertirse en un héroe de las películas de acción desde hace tiempo?

Insisto: no pude conseguir los buenos roles y no quiero trabajar en películas malas.  Yo quiero hacer buen cine y conseguir los mejores personajes. Pero estoy dispuesto a actuar en toda clase de géneros. No me preocupa.

¿Antes del rodaje de la película ya estaba al tanto de las predicciones sobre el fin del mundo en el año 2012?

Sí, totalmente.

¿Y le da miedo alguna de las teorías?

No tanto. Las de Nostradamus, por encima de todas. Con el tema de los mayas, yo conocía la exactitud de los calendarios, que terminan en el año 2012, pero no creo que se vaya a caer todo del mapa.

¿Y fuera de la película cómo imagina el fin del mundo?

No lo sé.

¿Nunca pensó en algo así?

No. Yo siempre estuve más interesado en las imágenes y los símbolos como el Libro de las Revelaciones de San Juan, porque me criaron con la religión católica. Y por supuesto también siento lo que está pasando con el calentamiento global, por la cantidad de tormentas que hay en el mundo...

¿Llegó a visitar algunos de los tantos lugares místicos?

Sí. Estuve por todos lados, en Machu Picchu, las pirámides en México y también en Egipto.

¿Qué sensación tuvo en Machu Picchu, por ejemplo?

Cuando empezamos a subir, sentí algo espectacular. Era una noche de verano y se veía todo, por encima de los árboles, con la luna en el fondo. Se siente cierta continuidad espiritual. Había un calendario gigante y un reloj de sol exacto que te hace pensar lo intrincados que eran y lo exactos que eran. Se siente que en el lugar hubo alguien mucho mas grande que nosotros.

¿Entre todos los lugares hay alguno en particular que le impresiona por encima de otro?

La Plaza Roja de Moscú. Fue increíble estar ahí y ver el lugar donde hubo tanta historia, darme cuenta, por un mapa, que sólo está ubicada a tres horas de Alemania. Cuando yo era chico, para mí, Rusia quedaba mucho más cerca de China o Mongolia, por lo separada que estaba del mundo. Con el tema de la Guerra Fría siempre fue un lugar misterioso para mí. Por eso, caminar por ahí fue algo muy pero muy especial.

Y si supiera que viene el fin del mundo, ¿qué le gustaría disfrutar?

Antes que nada, terminaría esta entrevista (Ríe).

¿Y después?

Me alejaría del tránsito y probablemente me iría a la playa, a relajarme, porque igual no podría ir a ningún lado.

¿Cómo le gustaría morir?

No lo sé. Sería bueno morir riendo.

¿Se tomaría cierto tiempo para ver una película, en medio del Fin del Mundo?

No vería 2012, seguro.

El gran mito de 2012

Basada en la idea del calendario maya que termina el 21 de diciembre de 2012, cuando todos los planetas también se interponen en una misma línea, la película 2012 especula sobre lo que puede llegar a pasar en aquel momento. Y como lo describe el guionista Harald Kloser, “hay millones de personas que creen que habrá un cambio drástico en la sociedad o algún cambio espiritual”. Y nadie mejor que el director Ronald Emmerich para llevar semejantes especulaciones al cine, después de haber dirigido otras películas similares, como Independence day y The day after tomorrow.

Un dato curioso es que la película acertó en la elección de un presidente afroamericano para Estados Unidos, mucho antes de ser elegido.

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