13 Jan 2010 - 9:59 p. m.

Razones para una siesta

Pueden prevenir accidentes laborales y reducir el riesgo de  enfermedad cardiovascular.

Redacción Vivir

La doctora Yuri Takeuchi, neuróloga de la Fundación Valle del Lili, es una defensora a ul tranza de las siestas. En las conferencias que suele dar a estudiantes en la Universidad Icesi o a sus colegas en congresos médicos expone uno a uno los argumentos para revindicar ese viejo placer de tenderse en un sofá, un pradito o una cama en la mitad de la jornada laboral.

Los beneficios de un motoso van desde una mejoría en los niveles de atención y concentración en el trabajo, hasta una reducción en la mortalidad por eventos cardiovasculares. También se cree que las siestas resultan una medida oportuna para prevenir accidentes entre las personas que laboran de noche. Diversos estudios así lo han demostrado.

Mejor prevenir

En 2004, por ejemplo, un grupo de investigadores italianos se dio a la tarea de estudiar los efectos de la siesta entre los policías que conducían patrullas durante las jornadas nocturnas. Luego de recopilar datos de accidentalidad de esta población y comparar los que hacían siestas y los que no, el grupo de expertos detectó que aquellos conductores que omitían las siestas mostraban un incremento de 38% en los accidentes.

“Hacer una siesta antes de la noche de trasnocho es una contramedida efectiva para mejorar el nivel de alerta y el desempeño durante el trabajo”, comentó Takeuchi, “la siesta tiene una eficacia profiláctica en disminuir los accidentes de auto”.

Al profundizar en las ventajas de una siestica antes de una noche de trasnocho se detectó que las ideales son aquellas que duran alrededor de 10 minutos.

La doctora Takeuchi explica que los beneficios de la siesta para mejorar el desempeño laboral y cognoscitivo parecen depender de varios factores. Por un lado de la duración. “La siesta está directamente relacionada con la posibilidad de desarrollar etapas de sueño profundas (3 y 4, de ondas lentas cerebrales) o de sueño MOR (de movimientos oculares rápidos, más relacionado con las ensoñaciones), que son más reparadoras”, comentó la neuróloga.

Los estudios indican que la siesta de “mejor calidad” es aquella en la cual se entra en la etapa 2 del sueño (que ocurre entre los 10 a 15 minutos iniciales después de quedarse dormido). Si la siesta se alarga más allá de este lapso y la persona entra en etapas profundas (las que ocurren en las siestas de entre 20 y 30 minutos) el resultado puede ser la llamada “inercia del sueño” o “borrachera” del sueño, esa incómoda sensación de desubicación, malestar, torpeza.

Corazón contento

Las siestas también podrían tener efectos protectores contra la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares.

En un estudio que concluyó en 2007 y en el que se hizo seguimiento a 23.681 individuos sanos a lo largo de 6.32 años se logró establecer una relación entre las siestas y el bienestar cardíaco. En la encuesta en mención, los individuos dieron información no sólo sobre la duración y frecuencia de sus siestas al mediodía sino también de sus hábitos alimenticios y otras variables.

“Cualquiera que fuera la frecuencia o duración de la siesta, los individuos siesteros habituales y ocasionales que la tomaban tuvieron una mortalidad coronaria menor que los que no eran siesteros”, explicó Takeuchi. En los siesteros ocasionales se observó un 12% menos de mortalidad y en los siesteros habituales la mortalidad coronaria era hasta del 37% menos.

Empresas como Google ya han creado espacios de descanso para que sus empleados tomen una siesta. Finalmente la ciencia está del lado de los siesteros.

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