Convencido de que la infidelidad es una necesidad, e incluso muchas veces el remedio ideal para las relaciones de pareja que están atravesando momentos de tedio, crisis y aburrimiento, hace un año el británico Teddy Truchot decidió crear una comunidad virtual para personas casadas que quisieran tener una aventura. “Nuestro objetivo no es fomentar el adulterio, sino responder a una necesidad social que aunque para muchos todavía es un tabú, cada vez es más frecuente”.
Gleeden cuenta con más de 400 mil usuarios, la mayoría provenientes de países europeos. Su auge ha sido tan grande que la página ya tiene versiones en varios idiomas: español, inglés, francés e italiano. Además, antes de que se acabe el año su creador abrirá una comunidad virtual exclusiva para quienes vivan en EE.UU. y en 2011 para los latinoamericanos.
La idea es que sólo se registren personas casadas en busca de una relación extramatrimonial. Cada usuario tiene la posibilidad de publicar un perfil, intercambiar fotografías y mensajes. “La infidelidad es tan antigua como las colinas. Todo el mundo conoce a alguien que ha tenido una aventura. Gleeden.com intenta crear un espacio real para esta descuidada comunidad”, se defendió Truchot ante la lluvia de críticas de quienes consideran que su página es un destructor de relaciones.
Ashley Madison es otra de las redes sociales para infieles que más usuarios tienen. Con el lema “La vida es corta, ten una aventura” ha logrado conformar una comunidad de más de siete millones de internautas, la mayoría británicos, aunque hay algunos norteamericanos y latinos. Igual que aplicaciones de Facebook como FarmVille, en Ashley Madison los cibernautas compran créditos para poder chatear o enviar de regalo osos de peluche a sus amantes.
Trish McDermott, vicepresidente de páginas de internet para buscar pareja como Engage.com y Match.com, es uno de los que más han criticado a los creadores de Ashley Madison, pues asegura que se trata de “un negocio construido sobre corazones rotos, matrimonios arruinados y familias dañadas”. Noel Biderman, creador de esta comunidad de infieles, se defiende asegurando que “si las personas ya tienen aventuras fuera del matrimonio, es mejor que cometan adulterio en una comunidad segura”.
Elizabeth K. Englander, profesora de psicología de la U. de Bridgewater State, en Massachussets (EE.UU.), explica que quienes se registran en este tipo de páginas lo hacen confiados en que no serán descubiertos, porque al estar interactuando de una manera virtual se produce “un sentimiento en línea que es como el efecto multitud. La persona siente que hay tanta gente como ella, que no hay forma de que alguien la reconozca”.
Sin embargo, Englander admite que este furor de comunidades que propician la infidelidad puede convertirse en una grave amenaza para los matrimonios y, lo que es peor, sus efectos en las parejas y la vida familiar están por verse.