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Reflexión sobre el aborto

Legislar contra el aborto termina volviéndose castigar con cárcel a aquellos que no creen en el castigo del infierno

El Espectador

23 de agosto de 2011 - 11:30 p. m.
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Aunque no leo absolutamente todas las columnas que se publican en El Espectador, y seguramente me habré saltado algunas relacionadas con el aborto, creo que es importante hacer una reflexión sobre el debate que se ha venido publicando en éste diario en las últimas semanas.

En primer lugar, ninguna de las columnas parece dar en el clavo sobre las partes clave de la discusión. Por ejemplo, la columna de Nicolás Uribe sobre el aborto es una reflexión absolutamente científica, sin tomar partido, un error desde el primer renglón hasta el último.

Uribe presenta su primera “verdad”. “Para empezar el debate, por ejemplo, los proabortistas deberían reconocer que existe un nuevo ser humano desde el momento de la fertilización y que ello no es producto de la opinión sino de la verdad científica”. Este primer error del señor Uribe, en realidad da en el centro de lo que deberíamos estar debatiendo. Las preguntas a las cuales nos enfrentamos son: desde este punto de vista, cuáles son las características que definen un “ser humano”, cuándo empiezan a aparecer esas características, qué puede decir la ciencia al respecto, también, dónde empieza la vida.

Me llama mucho la atención que en ninguna columna de opinión se debata ninguno de estos puntos. Y que se usen argumentos que develan la ignorancia al respecto. Pareciera prevalecer el orgullo y la necesidad de pronunciarse sobre un tema, a reconocer que no hay experiencia respecto a este tema.

Por ejemplo, Ernesto Yamhure comenta: “¿acaso habita allí una rata que de manera sorprendente el día 120 se convierte en un ser humano?”. Este interrogante evidencia la misma incapacidad de definir de nuevo qué consideramos ser humano y qué no.

¿Dónde comienza la vida?

Para enriquecer el debate, y ayudar a los columnistas que, sin sonrojo, cometen semejantes errores científicos. Empecemos por la pregunta más sencilla de las anteriormente planteadas. ¿Dónde comienza la vida? La vida, como concepto, no empieza en un momento, es una continuación. Un óvulo o un espermatozoide, son células vivas, tanto como los millones de células vivas que componen un ser humano. Un huevo y una gallina, ambos, tienen vida. Sin embargo, no tenemos problemas al diferenciar que nos comimos uno o el otro. Un óvulo, un óvulo fecundado, un blastocisto, una mórula, un embrión, un feto, un recién nacido, todos tienen vida.

La segunda pregunta pertinente parece ser, si es claro que la vida es un continuo, qué características debe tener algo para poder ser llamado ser humano. Ésta no es una pregunta de poca monta, mucho menos en momentos en los que es posible literalmente construir células con la carga genética que deseemos o cuando clonar, desde un gato hasta un ser humano, es un proceso sencillo y fácilmente realizable.

Éste debate se ha planteado en muchos escenarios, desde la computación hasta la biología, pasando también por la legislación, toda vez que al definir las características que debe tener un “ser humano” se le confieren inmediatamente derechos y deberes. El derecho más importante acá es el derecho a la vida.

Entonces, si podemos diferenciar entre un huevo y un individuo o entre un huevo fecundado y un pollo, y entendemos que el huevo no es el pollo y que no tiene las mismas funciones, ni realiza las mismas actividades, porqué es tan complicado diferenciar entre un ser humano y un huevo fecundado de ser humano. La verdad, contrario a lo que nos presenta Uribe, la ciencia no tiene la respuesta a esta pregunta, no es una verdad científica que “exista un ser humano desde la fecundación”.

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La ciencia claramente hace una distinción entre un individuo del género Homo Sapiens y un óvulo fecundo de este individuo. Claramente un óvulo fecundo no califica, por sus características morfológicas para hacer parte del grupo de individuos. Mucho se ha dicho y escrito acerca de estas características. Algunos filósofos plantean que no se puede considerar un individuo como ser humano, hasta que éste no alcanza una capacidad de raciocinio clara, lo que se logra tiempo después del nacimiento.

En medio de la turbulencia y la dificultad para definir qué es un ser humano, las personas en contra del aborto han decidido que potencialidad de ser humano es igual a ser humano. Gran error, potencialidad de gallina (huevo) no es igual a gallina. Después de mucho debate, en general la discusión se ha zanjado en torno al desarrollo del sistema nervioso central (desarrollo del cerebro) y a la viabilidad del feto, si el feto es o no viable aún para sobrevivir fuera del vientre de la madre. Las regiones donde abortar es legal, en general están en uno u otro extremo.

Teniendo claro que la vida es continua, que las características que definen un “ser humano” no están claras y aún son materia de debate, me pregunto, porqué hay periodistas que titulan su columna “Debate por la vida” o por qué Nicolás Uribe titula 'Debate con altura' y propone una seguidilla de mentiras, y falsas referencias médicas. 

Derecho a la vida

Una vez claros los términos “vida” y “ser humano” sería conveniente evaluar cuándo, si en algún momento, pueden estar los derechos de un embrión o feto sobre los derechos de su madre. El derecho de un ser humano no formado a la vida puede prevalecer sobre el derecho de otro a la vida. Como el debate sobre la definición de dónde comienza  un ser humano está “abierto” y circunscrito a algunos momentos específicos, por qué existe una legislación que intenta prohibir que las personas piensen en el marco más aceptado actualmente.

Por qué existen columnistas que no entienden que lo que debe buscar un país es incluir las diferentes corrientes de pensamiento y jamás penalizar una que difiera del statu quo. Si existen suficientes razones, científicas, filosóficas y legales para pensar que las características de un ser humano se alcanzan mucho después de la “fecundación” ,el sistema legislativo no puede, bajo ninguna circunstancia, penalizar con los instrumentos de un estado laico las decisiones personales que van en contra de la religión mayorista, sea esta el catolicismo o el islam.

La decisión de abortar debe ser una decisión personal. Aunque no existe una definición clara de cuándo podemos empezar a llamar algo “ser humano”, claramente el consenso está centrado en un rango “pequeño” de tiempo que deja por fuera las primeras semanas de gestación. Legislar en contra de este consenso científico es legislar en contra de la ciencia y a favor de la religión, y termina volviéndose castigar con cárcel a aquellos que no creen en el castigo del infierno. Sobra decir que si un conjunto de células no es definido como ser humano, no tiene los derechos y deberes de un ser humano y por lo tanto la discusión sobre los 3 casos aprobados por la corte no tiene piso. Cómo va a tener más derechos que un ser humano, algo que no tiene esta categoría.

Por: Carlos Andrés García 

Por El Espectador

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