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Regresa la Negra Soledá

Hace 50 años, el cantante Wilson Choperena compuso la letra de la emblematica ‘Pollera Colorá’.

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Sara Araújo Castro
30 de enero de 2010 - 02:12 a. m.
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“Fue en Barrancabermeja. Esos fueron mis grandes tiempos. Es que los cantantes tienen más salida, más posibilidad que los otros músicos...”. Son algunos recuerdos de aquel 1959 cuando nació La pollera colorá, ese himno a la sensualidad en ritmo de cumbia, que se cuelan entre nubarrones de olvido porque a sus 87 años, el buen semblante y el ánimo del maestro Wilson Choperena contrastan con su débil memoria.

Los detalles y las glorias hay que buscarlas en los viejos recortes de prensa y en las fotos de otros homenajes junto a otras leyendas como Jorge Villamil y Rafael Escalona: que la negra Soledá era una morena sensual que entró al bar donde tocaba la orquesta de Pedro Salcedo y se puso a bailar durante el ensayo; que la letra salió así espontáneamente; que nunca supo su nombre a pesar de haber tenido amores con ella seis meses por cuenta de la canción, y que fue en 1960 cuando la grabaron. También su compañera, Carmen, que celebra este año la misma edad de la canción, le ayuda a recrear el pasado que ella conoció por boca de él.

A pesar de que las únicas regalías que Choperena recibe van por cuenta de haber compuesto este tema, que tiene más de 20 versiones y que se oye de Argentina hasta México, lo cierto es que compuso más de 70 temas entre cumbias y boleros.

Pero la gloria de su canción no ha alcanzado para darle una mejor vejez, ni una mejor infancia a sus dos hijos menores, de 21 y 13, pues las dificultades económicas vienen de tiempo atrás. Sin embargo, toda la estrechez y la nostalgia de las dos habitaciones que comparte con su mujer y sus dos hijos se transforman cuando sus boleros empiezan a sonar en la pequeña grabadora. Toda la fuerza de este hombre, el sabor de Barranquilla y de Plato (Magdalena) —tierra donde creció—, los años con la orquesta de Pedro Salcedo y el encanto que no le robó el tiempo florecen al ritmo de las guitarras.

Ya no importan las preguntas incómodas, ni la presencia de visitantes y extraños. La música devuelve a este cantor de cumbias y porros su alegría y espontaneidad. Su voz, melodiosa y fuerte para los 80 años que tenía cuando grabó esos boleros, se riega por el ambiente y alegra esa tarde lluviosa del Barrio Bachué al occidente de Bogotá.

Es la música la que lo devuelve a sus 11 años, cuando, en un ensayo de la banda de Plato en casa de su abuelo, lo oyeron cantando en el baño y le dieron su primer trabajo. Recuerda a su abuelo Sócrates Caballero: “Fue él quien me enseñó de todo, era amigo de los músicos, y yo tenía mi gracia también”. Habla también de Pedro Salcedo, el director de la orquesta con la que grabó su canción emblemática que musicalizó Pedro Madera, y de cuando la grabaron con discos Tropical. Era 1960 y tenían la intención de grabar otros porros de Madera. Sin embargo, el hijo de Salcedo sugirió ese tema que ya estaba de boca en boca y de tambora en tambora, pero nadie había grabado.

Los boleros se acallan, a él le cuesta trabajo la batalla con la memoria, habla de La negra Soledá, pero el título por el momento se le escapa. No hace falta que él lo repita pues una y otra vez retumbará por las calles de Barranquilla durante el Carnaval: “Esa negra Saramuya oye caramba con su pollera colorá”, como conjuro para darle otros 50 o más años de inmortalidad.

Por Sara Araújo Castro

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