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'Regularización, la opción'

El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, ha sido en los últimos meses el gran proponente de debatir la política antidrogas, un tema clave en la Cumbre de las Américas.

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Diego Alarcón Rozo / Enviado especial a Cartagena
14 de abril de 2012 - 04:23 a. m.
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Otto Pérez Molina sabe muy bien qué es luchar contra las drogas. Antes de dedicarse a la política fue general del Ejército de Guatemala y llegó a dirigir la inteligencia nacional entre 1992 y 1993. Desde entonces han pasado dos décadas, pero han sido pocos los avances que las autoridades han conseguido. “La situación ahora está peor”, afirmó el mandatario guatemalteco en entrevista con El Espectador: la producción creció a la par con las organizaciones criminales, la violencia está desbocada y la corrupción inunda las instituciones.

¿Espera que haya un avance en materia de políticas de drogas en el debate de hoy?

Siempre voy a decir que es necesario buscar otras alternativas en la lucha contra el narcotráfico y voy a puntualizar que en más de 40 años los resultados no han dado lo que esperábamos, que es necesario llamar al diálogo, al debate, y tener otra posibilidad de encontrar nuevas rutas, otras alternativas, entre las que no descartamos la regularización de las drogas, la producción, el tráfico y el consumo. No quiero ser el que se apropie del tema. El éxito se da en la medida en que más líderes en el ejercicio del poder puedan ir sumándose a esta propuesta.

¿Y qué actitud ve en sus homólogos?

Como en todo asunto difícil y escabroso, siempre hay dudas y siempre va a haber posiciones encontradas. Pero nosotros, más allá de sólo hablar de la despenalización —que es lo que produce esa división y los argumentos divididos—, queremos hablar de la búsqueda de nuevas alternativas. Nosotros no estamos a favor de la liberalización de las drogas, es decir, que se consuman en cualquier lado y que se vendan en cualquier lado. Hemos hecho otras propuestas, como que haya una compensación económica por cada incautación que se haga, por cada destrucción de un plantío, y que eso nos sirva para la misma lucha y también para programas de salud y educación, para prevenir el consumo.

Si de usted dependiera, ¿qué decisión tomaría?

La regularización. Sé que eso tiene grandes problemas, pero si la regulamos es como cualquier mercado. Al haber prohibicionismo, hay mercado negro y se suben los precios; eso es llamativo para las organizaciones criminales. Yo me la jugaría por la regularización. Esto quiere decir que hay productos como la heroína, por ejemplo, que tienen que estar totalmente regulados; no se puede estar vendiendo heroína en cualquier esquina de una ciudad. Tiene que entregarse con prescripción médica, tiene que verificarse su calidad, tienen que chequearse la pureza, los procesos por los que pasó, etc.

¿Su modelo de legalización contempla producción, distribución y consumo?

Deberían regularse producción, transporte y consumo. El proceso completo, porque si sólo se regula una parte, se sigue produciendo mercado negro en las otras áreas.

¿Cómo llevar un modelo así a la práctica sin que se llegue a un aumento considerable del consumo y a un detrimento de la salud pública?

Aquí lo que habría que hacer es que los recursos que se estén invirtiendo en el prohibicionismo, en las fuerzas de seguridad, todo el gasto que se hace para lograr —algo que no se ha logrado nunca— prohibir y luchar contra las drogas, deberían destinarse a planes de salud, prevención y educación.

¿Usted trató previamente el tema con el presidente Santos?

Antes de la cumbre sólo hablamos por teléfono. Él estuvo con nosotros en la toma de posesión del 14 de enero. Hablamos de cooperación y de seguridad. Pero sobre la droga, antes de la Cumbre sólo hemos hablado telefónicamente.

¿Cómo llegar a un diálogo sabiendo que Estados Unidos está dispuesto a debatir pero no a cambiar de modelo?

Es un primer paso. Que Estados Unidos haya dicho que está dispuesto a debatirlo es un avance importante. Cuando yo dije públicamente que iba a luchar por la despenalización, en menos de 24 horas la Embajada de Washington en Guatemala dijo que ellos rechazaban totalmente la propuesta que yo estaba haciendo. Y en menos de dos meses hemos visto cómo han flexibilizado su posición.

Por Diego Alarcón Rozo / Enviado especial a Cartagena

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