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23 Jan 2010 - 8:59 p. m.

Rescate en el planeta ruina

La historia de los trabajadores de la capital que lograron lo imposible en medio del desastre haitiano.

El Espectador

Milagro. Gritos de felicidad. Las imágenes lo decían y lo contradecían todo: una niña haitiana de 22 días de nacida soportó siete días enterrada en los escombros de su casa en contra de los pronósticos, las posibilidades, la estadística, la fe y el optimismo. Milagro, dijo William Tovar, director de la operación en Haití del Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, una y otra vez a través del teléfono: “No sé cómo más describirlo”.

Caminar por Haití es, en palabras de un fotógrafo de una agencia de noticias, como estar en otro planeta: planeta ruina. En Puerto Príncipe, dicen los corresponsales, el aire es insoportable, mezcla de calor, humedad y fetidez: aroma de desgracia. El trabajo de Tovar es escarbar en las entrañas de la tragedia para producir esperanza, rescatar de entre el metal retorcido con violencia una voz que ha cantado y gritado seis, siete días para que nadie se olvide de ella.

El rescate de la bebé, si bien espectacular, casi un error estadístico, no fue el primero para el USAR (Urban Search and Rescue, por su sigla en inglés) de Bogotá. Días antes, en Puerto Príncipe, miembros de este equipo descendieron metro y medio hacia la oscuridad del derrumbe para encontrar a Lidovia Pierresainte, 33 años, escondida bajo una viga que le robaba la vida hacía tres días. El trabajo de rescate de Pierresainte llevó casi 12 horas e involucró a brigadas de Perú y España. Milagro, una vez más.

De los 37 expertos del Cuerpo de Bomberos de la capital que viajaron a Haití, hay hoy 12 en Puerto Príncipe y los otros 25 fueron desplazados hacia la vecina ciudad de Jacmel (a seis horas de distancia por tierra) para ayudar con la remoción de cadáveres, principalmente. El equipo fue llevado hasta allá en un helicóptero de las Naciones Unidas. Si bien la atención sobre el drama después del sismo ha estado centrada en Puerto Príncipe, la capital, otras ciudades, como Jacmel, sufrieron igual cantidad de daños y su aporte a la gran montaña de cadáveres que dejó el terremoto no es menor. El USAR de Bogotá es el único equipo que hizo presencia en este lugar.

“Cuando llegamos a Jacmel nos pusimos a disposición del personal de la ONU, en donde nos dieron las instrucciones de cuáles sectores y edificios eran en los que aún había probabilidad de realizar un rescate de alguien con vida. Sin embargo, nuestra labor en esta ciudad ha sido mayoritariamente de recuperar los restos de aquellos que no alcanzaron a escapar de sus viviendas”. Tovar es un hombre curtido en este oficio, una labor no sólo extenuante, sino casi intimidante; uno de aquellos trabajos en los que cada triunfo es una tímida señal de algún poder superior con algún rescoldo de benevolencia.

Si todo sigue marchando bien para el equipo, también serán los primeros en toda la región de las Américas en ser acreditados por las Naciones Unidas como USAR de nivel medio, una meta que Tovar espera alcanzar alrededor de marzo de este año, lo que los coloca a la vanguardia de la atención en desastres. El USAR de Bogotá está compuesto por 112 personas, entre personal administrativo y especialistas en rescate (rescatistas como tal, ingenieros, bomberos y médicos).

Las labores en el país centroamericano ya se están cerrando y las esperanzas de encontrar más personas con vida atrapadas son, con el correr de los minutos, más escasas. Los equipos de atención de varios países han empezado a replegarse de nuevo hacia sus países de origen, hacia la seguridad de un abrazo familiar, de un lugar que no esté signado por la muerte. El USAR estará de vuelta en Bogotá, después de coordinar el vuelo de regreso, entre otras cosas, para mediados de la próxima semana. Después del recibimiento y el descanso quedará por delante seguir entrenando y preparándose. El siguiente terremoto puede ser acá.

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