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Después de seis años orbitando a 700 kilómetros por encima de nuestras cabezas, el satélite Cryosat le está permitiendo a los científicos entender con mejor precisión qué es exactamente lo que está ocurriendo en los dos extremos del planeta: el Ártico y la Antártida.
La Agencia Europea del Espacio (ESA) reveló hoy un conjunto de imágenes y mapas que ha sido posible construir gracias a los datos aportados por el satélite. En uno de estos mapas se puede apreciar el grosor de toda la región Ártica y en otro una imagen tridimensional de las zonas continentales y el hielo de la Antártida.
Gracias a su tecnología radar, el Cryosat mide la altura de las masas de hielo que sobresalen del agua, lo que permite calcular el grosor. Además, obtiene información detallada de los bordes del hielo, lo que resulta de capital importancia para hacer el seguimiento de los cambios que se están generando por cuenta del calentamiento global. Esto ha permitido, por ejemplo, concluir que la primavera de 2011 es la tercera con menor cobertura helada en el Ártico desde que se tienen registros desde el espacio.
Con los datos aportados por el Cryosat se esperan zanjar buena parte de las disputas sobre el grado de derretimiento que presentan estás zonas. "Algunos años el viento empuja masas de hielo flotante y puede parecer que ha habido un derretimiento cuando no es el caso", explicó a la BBC Duncan Wingham, uno de los investigadores a cargo de la misión Cryosat, “sólo cuando combinamos la información sobre la extensión con el grosor del hielo podemos calcular el volumen y ése es el dato central cuando se trata de determinar el derretimiento”.
El CryoSat es una misión de la Agencia Europea del Espacio. El primer satélite del proyecto se perdió por un fallo en el lanzamiento en 2005. Entonces se decidió construir otro para reemplazarlo, que se lanzó con éxito en abril de 2010.