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El 15 de julio de 2008, en un botadero de basura situado en la autopista Petare-Guarenas, en Venezuela, la división de homicidios de la Policía levantó el cuerpo sin vida de una joven de contextura gruesa con escoriaciones, raspaduras y traumatismos que daban cuenta de su deceso producto de una paliza. Este fue el comienzo de una de las más sonadas investigaciones judiciales en el vecino país en los últimos tiempos, ahora convertida en un documento escrito que revela los secretos de un exótico personaje: el psiquiatra Edmundo Chirinos.
Reconocido hombre público en Venezuela, dirigente estudiantil en la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, exrector de la Universidad Central, excandidato presidencial y psiquiatra personal del presidente Hugo Chávez cuando éste regresó a la libertad tras su aventura golpista en 1992, el médico Edmundo Chirinos terminó siendo, en calidad de victimario, el gran protagonista de esta historia. Y del otro lado, la joven estudiante de octavo semestre de periodismo Roxana Vargas Quintero, muerta a sus 19 años.
El caso conmocionó a Venezuela porque, tras el asesinato de Roxana Vargas, salió a relucir la inédita faceta del reconocido médico, que resultó ser un excéntrico sujeto que hoy escandaliza a la sociedad, al punto de que en el universo de la psiquiatría ya empieza a ser un caso de estudio por su truculenta y enigmática personalidad. Un personaje y un contexto que requerían la trayectoria profesional de una periodista como Ibéyise Pacheco para detallar las minucias de este increíble suceso, objetivo que cobró forma en el libro Sangre en el diván.
Publicado en su primera edición a mediados del año anterior en Venezuela, ahora llega a Colombia con los testimonios, diagnósticos y el contexto precisos sobre el caso Chirinos, que terminó siendo mucho más que el brutal asesinato de la joven Roxana Vargas. La evidencia de más de 1.000 fotografías de mujeres desnudas, muchas de ellas con sus camisas o brassieres mal subidos o los pantalones, faldas y pantaletas puestos a medias, encontradas durante un allanamiento al consultorio del psiquiatra, dejaron al descubierto su retorcida mente.
Tras su primera publicación, Bajo la sotana, confesiones del padre Pablo, la periodista Ibéyise Pacheco, exreportera del Diario de Caracas y exjefa de redacción del diario El Nacional, venía buscando un tema para persistir en su vocación de periodista de investigación. Lo encontró en el caso Edmundo Chirinos, a quien paradójicamente había visto por primera vez cuando ella era estudiante de la Universidad Central y él rector de ese centro docente. Nunca imaginó que este autorizado médico, padre de dos hijos, pasara a ser el objetivo de su pesquisa.
En 251 páginas, con acuciosidad narrativa, Pacheco va develando las claves del caso Chirinos. El crimen con el que se quisieron ocultar los abusos sexuales del psiquiatra a la joven Roxana Vargas; la investigación judicial que permitió descubrir el decadente abismo que rodeaba la existencia del psiquiatra; el proceso penal que poco a poco fue dejando sin piso la estratagema que montó Chirinos para buscar la impunidad, y el viaje a la vida pública y privada de un delirante personaje que a raíz del homicidio pasó de héroe a villano.
Una obra a través de la cual, en palabras de la propia periodista, quedó probado cómo actuó a sus anchas un sórdido sujeto, ante los ojos de todo un país que lo admiraba y lo tenía bien ubicado en la élite política e intelectual del país, llegando muchas veces a faltar a la ética profesional de su saber y causando aún hoy sorpresa entre quienes se acercan a conocer los pormenores de su historia. Un solo capítulo, titulado “El diagnóstico”, deja ver, en opinión de psiquiatras clínicos, que Chirinos es sin duda un caso de estudio.
Pero el trabajo de la periodista va más allá, y después de su acercamiento directo al psiquiatra añade a su relato la forma como Chirinos describe sus relaciones médico-paciente con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a quien describe con duras frases: “es manipulador y muy mentiroso (...) no es un intelectual, pero es fantástico para engañar a la gente (...) termina siendo hiperquinético, pero, hay que reconocerlo, con una gran capacidad de trabajo”. En su programa Aló Presidente, Chávez se refirió a él como “un buen amigo que entró en desgracia”.
De paso por Bogotá para presentar el extraordinario caso del doctor Chirinos, Ibéyise Pacheco, una periodista que se declara perseguida del gobierno Chávez, al punto que ha tenido que afrontar procesos judiciales en su contra, dejó dos argumentos que, en su opinión, explican la repercusión del caso: era un episodio que sólo podía ser asumido con los métodos propios del periodismo de investigación; y probó que, como reza el refrán, cuando el río suena... Alrededor del psiquiatra Chirinos venía creciendo una sospecha que ahora es evidencia y expediente de psiquiatría.