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Santiago Zuleta, el músico del páramo

Junto a un grupo de campesinos libran su propia batalla para que se cierre una mina de carbón.

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Pablo Correa
17 de junio de 2009 - 11:25 p. m.
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“Esto me lo he caminado todo”, dice Santiago Zuleta señalando los cerros de páramo que en forma de herradura rodean el valle de Subachoque, a unos 35 kilómetros de Bogotá. La temperatura está por debajo de los 10 grados centígrados. Pajonales, líquenes, musgos, chusques y frailejones colorean de verde todo el paisaje.

“Comencé estudiando derecho, pero me retiré. No me gustaba. Me pareció triste descubrir ese bache que hay entre lo que podría ser y lo que es la Ley, todo ese tejemaneje judicial tan lejos de los ideales”. Eso lo dice Santiago, que se dedicó a la música, mientras desciende por la falda de un cerro, antes de apuntar el dedo hacia una mina de carbón instalada por la compañía minera Don Tomás Ltda. en pleno corazón del páramo de Subachoque. Lo dice ajeno al tejemaneje que esta semana se vive en el Congreso de la República, donde se discute el nuevo Código Minero y en él, un artículo que excluiría páramos y zonas protegidas de las áreas de explotación minera.

La mina que señala Santiago, cuya boca se abre muy cerca de las quebradas que forman más adelante el río Subachoque, lo obligó a regresar a los libros de derecho, a leer la ley ambiental de Colombia, a buscar recursos jurídicos para poner freno a la intención de los mineros.

Al final, después de varias semanas de estudio y con el respaldo de 28 campesinos de la vereda El Guamal interpuso una Acción Popular en contra de la Nación, Ingeominas, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, el Municipio de Subachoque y por supuesto, la compañía minera. Buscan que se ordene el cierre definitivo de la mina que ha ido secando algunas fuentes de agua y parece un arañazo en esas verdes montañas.

Un problema más grande

La minería en páramos, la exploración en busca de oro o carbón, se ha convertido en una de las mayores amenazas para la estabilidad ecológica de Colombia y los países de la región Andina. Según Víctor Vásquez, coordinador de áreas Naturales Protegidas de  Conservación Internacional, las zonas de páramos en el país representan menos del 2% del territorio, pero de ellos depende el agua que consume el 70 a 80% de la población.

“¿Nos preocupamos por tener agua mucho tiempo o carbón por unos años más? El país necesita una política clara en este sentido”, apunta Vásquez. El caso del páramo de Subachoque es apenas uno en la lista. También están el Páramo de Guerrero en Cundinamarca, el de Santurbán en Norte de Santander, Rabanal en Boyacá, entre otros.

Eugenia Ponce de León, directora del Instituto Humbolt, reconoce la importancia del tema. Antes de llegar al instituto trabajó como consultora del Proyecto Páramo Andino, una iniciativa internacional que busca la protección de estas zonas. “Hay unas áreas que no se pueden negociar. Todas las ciudades andinas dependemos del agua que sale de los páramos”, comenta la experta. En ese sentido trabaja el instituto y el Ministerio del Medio Ambiente. Pero la tarea no es sencilla. Del otro lado están las presiones de multinacionales y pequeñas empresas mineras que ven en los páramos una joya más.

Hasta ahora se han otorgado concesiones de explotación minera que afectan al 6% del área de páramo en Colombia, pero lo más inquietante es que existen solicitudes de exploración minera para el 48% de estas áreas.

En una de sus columnas de prensa, el ex ministro de ambiente Manuel Rodríguez Becerra puso el dedo en la llaga: “¿Acaso el Ministro no sabe que Ingeominas otorgó 44 títulos mineros en 14 parques nacionales, en grotesca violación del artículo 34 del Código Minero, así como de otras normas de la Constitución y la ley, que excluyen tales áreas protegidas de esta actividad? ¿Acaso ignora que Ingeominas ha otorgado títulos en los páramos pisoteando así las sentencias de la Corte Constitucional que señalan el imperativo de excluir este tipo de ecosistemas de la exploración minera?”.

César Augusto Velásquez, profesor de la Universidad Nacional en Medellín, experto en páramos, sabe mejor que nadie los riesgos que corre el ecosistema con la llegada de los mineros. Estudiando microfósiles, junto a sus estudiantes han logrado reconstruir parte de la historia de los páramos en los últimos 17.000 años. Lo que han encontrado es una rica historia de biodiversidad que podría cambiar radicalmente si no se crea una política clara para protegerlos.

“Que Colombia es una potencia en agua ya se ha convertido en mito. Cierto que tenemos dos océanos pero producir un litro de agua pura, como la que baja de los páramos, es muy caro”, resalta el profesor Velásquez, quien viaja la próxima semana al Segundo Congreso Mundial de Páramos que se realizará en Loja (Ecuador). Es optimista en cuanto a los lineamientos políticos que puedan salir de esa cumbre.


Niños de la región

Cada fin de semana, los niños de la vereda El Guamal esperan ansiosos que aparezca Santiago por su escuela. La experiencia que acumuló a lo largo de varios años trabajando en instituciones de educación musical como Batuta y la Fundación Música en los Templos, lo convirtieron en un diestro maestro. Más allá de los recursos jurídicos, Santiago sabe que el futuro se juega en el amor que los niños sientan por su región. Por eso les enseña músicas de todo el país, los acompaña en caminatas por las verdes montañas y también les narra cuentos. “La música es un medio para expresar la vida y la vida está hecha, entre otras cosas, de esto, de la naturaleza que nos rodea”, dice Santiago.

Al cierre de esta edición, en el Congreso de la República se definía si se modificaba el artículo 34 del Código de Minas. La propuesta era que páramos, humedales y otras áreas de importancia ecológica figuren entre las zonas de exclusión minera. Sin embargo, un mico ya se había colado en el nuevo código, con el que se pretendía autorizar la minería con dragas, que causa inmensos daños al medio ambiente.

Zonas en riesgo

Según un diagnóstico del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, los páramos que se encuentran entre los más amenazados por la explotación minera son los páramos de Chingaza y Sumapaz (Cundinamarca), páramo de Belmira (Antioquia), páramo de Santurbán (Norte de Santander, páramo de Rabanal (Boyacá), los páramos del Parque de los Nevados y páramo de Puracé (Cauca).

Pero la amenaza de los páramos no termina con el avance de los mineros. También la expansión de la frontera agrícola hacia zonas altas así como el cambio climático constituyen parte del problema. Uno de los posibles escenarios futuros describe que la mayor parte de los páramos del país enfrentarán un aumento de temperatura de 2 a 4°C lo cual marcaría una alta vulnerabilidad ecológica de estos ecosistemas.

Ley conservación de páramos

Un proyecto de ley que cursa en el Congreso de la República busca  garantizar la conservación de los páramos en Colombia. Nancy Patricia  Gutiérrez es una de las autoras del articulado que entre otras cosas pretende la declaración de los páramos como ecosistemas de importancia estratégica. Según la directora del Instituto Humboldt, Eugenia Ponce de León, ya están realizando los comentarios al proyecto, aunque dice que el destino de los páramos se juega en las leyes que regulan sectores como el agropecuario y el minero, que son las mayores amenazas para estos ecosistemas.

Por Pablo Correa

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