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Conocí a Alfonso Cano cuando se llamaba Mincho. Estaba en quinto de bachillerato; yo en segundo año de sociología en la Universidad Nacional. Era tímido y callado. Lleras Restrepo era el candidato a la Presidencia de la República y organizamos un grupo para botarles bombas a las vallas que lo publicitaban. Digo bombas de caucho con anilina que hicimos tan pesadas que no alcanzaban el objetivo. Entró a estudiar antropología. Se veía aplicado. Militaba en la Juco y participaba muy activamente en el movimiento estudiantil. Un día se perdió. Volvimos a saber de él cuando cayó preso con una propaganda de las Farc y unas municiones. Estuvo unos meses preso y de ahí saltó a la guerrilla.
Lo encontré en Casa Verde después de los Acuerdos de La Uribe ya como comandante. Era el consentido de Jacobo Arenas, pero tenía muy poca experiencia militar; al fin y al cabo era un muchacho bogotano de clase media. Los guerrilleros rasos lo miraban con cierta distancia. Marulanda lo estimaba y por Alfonso logré que el viejo me diera una entrevista. En las conversaciones de Caracas fue uno de los negociadores y no el más flexible. Se mostraba duro, pero dialéctico y acentuaba la preeminencia de lo político sobre lo militar. Chucho Bejarano no lo entendía a pesar de que también se conocían desde la universidad. Creo que fue uno de los negociadores más afectados por el abrupto rompimiento de las negociaciones en Tlaxcala, donde llevaba la voz cantante. Las Farc estaban en pleno crecimiento y si no hubiera sido por el estúpido asesinato de Durán Quintero, en México, se había logrado un acuerdo.
Volví a encontrarlo en San Vicente del Caguán. Había llegado unos días antes desde la cordillera Central, atravesando el valle del Magdalena y remontando la cordillera Oriental. Le pregunté cómo había llegado. “A guayo hermano, a puro guayo”, me respondió en un tono reposado y sin alardes. No lo noté muy entusiasmado con las conversaciones que sostenía Marulanda con Pastrana —en realidad era más Raúl Reyes con Víctor G. Ricardo y luego Camilo Gómez—. De hecho, no participó en ellas; no disimulaba su escepticismo. El paramilitarismo y la derecha crearon un frente cerrado contra cualquier arreglo. Lo entrevisté para El País de España. Recuerdo la última pregunta y su respuesta: Alfonso, ¿usted si cree posible hoy en la socialización de los medios de producción y en la dictadura del proletariado? Me contestó: “Yo no sé, lo único que sostengo es que pelearemos hasta la muerte por una sociedad más justa”. Lo cumplió. Para los militares la muerte de Cano es una victoria. Pero el Gobierno cerró la puerta de un acercamiento en el que estaba interesado un gran sector del país. Por ahora ganó de nuevo el militarismo y la guerra se prolongará otros años. ¿Cuántos muertos más costará esta muerte?
“Hombre complejo”: Camilo Gómez *
A ‘Cano’ lo conocí en el proceso de negociación en el Caguán. Él estuvo muchas veces en la zona de distensión, pero no participó directamente en la negociación, era más bien un asesor del secretariado. A ‘Alfonso Cano’ lo conocí como un comunista activo de una izquierda rancia que ya no tenía mucho asidero en el mundo moderno. Era un tipo dogmático e intransigente. Se decía que era el ala política de las Farc, pero en realidad no creo que fuera así, era más bien un comunista anticuado. Con él fueron bastante difíciles las discusiones porque no era dado a aceptar argumentos distintos a los que él daba.
Hubo varios episodios. Por ejemplo, recuerdo el acuerdo de Los Pozos en 2001, con el presidente Pastrana. Ahí, ‘Cano’ fue uno de los más complejos en las discusiones. No quería ayudar ni a la redacción de los comunicados. Tenía posiciones arrogantes, esa es la mejor manera de definirlo.
No era ni tan negociador ni tan cercano a la paz. ‘Cano’ daba la sensación de ser un hombre político, pero su dogmatismo y su viejo comunismo no le permitían abrir la mente a cosas distintas.
* Comisionado de Paz en el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002).
“Un negociador”: José Noé Ríos *
Lo conocí en 1986 y tuve la oportunidad de verlo varias veces, la última en 1998. Me pareció siempre una persona con la que se podía conversar sobre todos los temas. Era abierto a las discusiones. Siempre le tuvo un inmenso respeto a ‘Marulanda’, por lo que era evidente que lo que decía ‘Manuel Marulanda’ era una ley para él. Recuerdo que cuando hicimos el intento de que se metieran en la Constituyente de 1991, él me dijo que compartía la expresión de ‘Jacobo Arenas’, quien decía que era inexplicable una Constituyente sin las Farc, igual que era impensable unas Farc con una constituyente. Eso nos hizo pensar que ese era un momento propicio para la paz, pero no fue debidamente manejado. Tuve la oportunidad de conocerlo en Tlaxcala, cuando se suspendió la negociación por la muerte en cautiverio de Argelino Durán Quintero. Nosotros en ese momento estábamos en plena negociación y el presidente Gaviria se devolvió y yo me quedé, por lo que tuve la oportunidad de compartir mucho tiempo con ellos. Siempre me llamó la atención que, en medio de las dificultades, ‘Cano’ siempre estaba dispuesto a enfrentar todo tipo de discusiones políticas y que sabía superar los escollos que se presentaban para insistir en el camino de la negociación. Recuerdo que esa era su insistencia cuando se levantaron las mesas de negociación y creo que era un sentimiento honesto. La consecuencia de eso fue que la Coordinadora Guerrillera se disolvió y nunca más fue posible que nos sentáramos a negociar con todos los grupos. Siempre queda la sensación de que con ‘Alfonso’ era posible hablar de política y de caminos negociados.
* Comisionado de Paz en el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998).