23 Dec 2008 - 8:33 a. m.

Según El Nuevo Herald las Farc habrían participado en los atentados de 11-S

Un testigo y antiguo narcotraficante, vinculó al extraditado capo a EE.UU. Fabio Ochoa Vásquez con los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001.

Agencias

La defensa de Ochoa quiere declarar nulo el juicio contra su cliente porque dicho testigo, presuntamente padece problemas mentales y su declaración (contra su ex amigo y socio) al parecer, tiene varias inconsistencias.

El Nuevo Herald, contactó a abogados de parte y parte y publicó el siguiente artículo: Alejandro Bernal fue considerado un testigo estrella del gobierno de Estados Unidos en el juicio que culminó en el 2003 con la condena de Fabio Ochoa Vásquez, jefe y fundador del cartel de las drogas de Medellín.

Animado por la idea de reducir la larga condena (30 años) que afrontaba por cargos de narcotráfico, Bernal se declaró culpable y se sentó largas horas con los fiscales de Miami para confesar sus aventuras criminales en el negocio de la cocaína.

Además de comprometer a Ochoa, denunció a capos de la droga de Colombia y México, advirtió de la corrupción de agentes de la DEA y, desde el primer interrogatorio en febrero del 2002 relató una historia difícil de creer y que nunca salió a relucir en el juicio: Ochoa, según lo escribió Bernal en documentos radicados en su expediente, se alió con líderes guerrilleros de las Farc y aportó $2 millones para los atentados del 11 de septiembre a las Torres Gemelas de Nueva York.

Aparentemente los fiscales y agentes que escucharon la versión a finales del 2001, cuando Bernal fue extraditado de Colombia, le prestaron poca atención. Tampoco consideraron pertinente comunicarle a los abogados de Ochoa que dicha declaración existía.

Ahora esa supuesta omisión y otras informaciones adversas para la fiscalía que Bernal dio a conocer en cartas, mensajes y memoriales a raíz del deterioro de su relación con el gobierno, son parte de la artillería que está usando la defensa de Ochoa para pedir la anulación del juicio en el que fue condenado a 30 años de prisión.

Si la historia de Bernal del atentado a las Torres Gemelas no ha tenido hasta ahora ninguna utilidad judicial, podría servir de guión de una película conspirativa en donde la trama de fondo es el macabro e insospechado plan de venganza contra Estados Unidos fraguado por un grupo de narcotraficantes, guerrilleros y terroristas en una prisión de Bogotá.

Sin ahorrar suspenso y reconstruyendo diálogos enteros a partir de su memoria, Bernal describió en una moción a mediados de este año las supuestas conversaciones que mantuvo en la cárcel de La Picota con Ochoa y dos jefes guerrilleros presos en torno a la operación terrorista, y la visita que dos ''mercenarios'' le hicieron al narcotraficante en la misma prisión así como el presunto pago del dinero en España.

Para el abogado Paul Petruzzi, quien representa a Ochoa en un proceso civil en Miami mediante el cual se busca la anulación del juicio, la historia de Ochoa, las Farc y el 9/11 es absolutamente falsa.

Sin embargo, Petruzzi sostiene que el gobierno de Estados Unidos cometió una falla al ocultar a los abogados defensores de Ochoa esta declaración lo mismo que unas promesas de reducción de condena que los fiscales analizaron con los abogados de Bernal.

''Bernal ha dicho lo del ataque a las torres desde un comienzo, y sabemos que es una mentira, pero si los fiscales pensaban que era un mentiroso o que estaba loco se lo debían haber dicho a los abogados de Ochoa entonces'', explicó Petruzzi a El Nuevo Herald.

La fiscalía federal del sur de la Florida respondió a El Nuevo Herald que su política es no comentar casos pendientes pero en varios documentos aportados al proceso el fiscal del caso Ricardo del Toro ha calificado las cartas y mociones de Bernal como ''falsas'', ''chantajistas'' y escritas por una persona ''resentida'' y que "alucina".

''Si yo tengo o tenía problemas mentales, ¿por qué me permitieron testificar en el juicio de Ochoa y por qué fui usado por el gobierno en otras investigaciones?'', se preguntó Bernal en una carta al fiscal adjunto Glen Alexander en abril pasado.
Bernal, de 49 años, no se ha retractado de su versión sobre la participación de Ochoa y las Farc en el atentado. En un mensaje enviado desde la cárcel a su anterior abogado, Rubén Oliva, en agosto del 2003, escribió que está dispuesto a someterse a una detector de mentiras.

Una persona que lo conoce y que pidió no ser identificada cree que los meses que Bernal pasó en una celda de aislamiento total en el Instituto Correccional Federal (FCI) del centro de Miami, lo afectaron mental y emocionalmente.

Bernal se encuentra preso en el FCI y está a punto de cumplir su condena. Asesorado por un compañero de celda, él mismo ha presentado los últimos recursos en su expediente. Durante una buena parte del tiempo que ha estado en prisión, se dedicó a acusar a los fiscales de haber incumplido las promesas que le hicieron de reducción de penas y otros beneficios para su familia. Incluso llegó a decir que mintió en un pasaje de su declaración en el juicio de Ochoa. Luego se arrepintió y ofreció disculpas. Bernal esperaba salir libre en diciembre del 2005.

La fiscalía explicó ante la corte la manera como aplicó los atenuantes por colaboración, y tanto el juez Michael Moore como el magistrado Willian Turnoff fallaron en contra de Bernal.

El fiscal del caso, Ricardo del Toro, afirmó en otra moción reciente que después de todo, Bernal no se ha retractado de lo más importante y aún sostiene lo mismo: que Ochoa participó en el envío de drogas.

La cinematográfica historia que Bernal relató en una de sus mociones y que posiblemente tendrá que refrescar en el juicio civil, si el juez del caso acepta una moción de los abogados de Ochoa pidiendo pruebas, es la siguiente:

A mediados del año 2000, Bernal estaba preso en la cárcel La Picota de Bogotá, esperando su extradición a Miami donde afrontaba cargos por una operación antinarcóticos conocida como Milenio y anunciada en octubre de 1999 en simultáneas ruedas de prensa en Washington y Bogotá como el golpe más grandes al narcotráfico en el mundo.

Bernal fue identificado como el cabecilla de una red de unas 45 personas responsable de la introducción a Estados Unidos de 20 toneladas de cocaína al mes, cantidad que según se vio luego en el juicio obedecía más a la efervescencia del momento de los funcionarios de la ley de ambos países que a la contabilidad confiscada a la organización.

Conocido por su comportamiento jovial y humorístico, el narcotraficante de ojos azules compartía con Ochoa el pabellón de alta seguridad de la prisión bogotana. Ambos se trataban como grandes amigos que no se traicionarían jamás, según lo comprobó un reportero de El Nuevo Herald en una visita a la prisión.

Ochoa estaba acusado en la misma causa y promovía desde la cárcel una impresionante campaña contra su extradición bajo el lema: ''Ayer me equivoqué, hoy soy inocente''. El narcotraficante, acusado además en Estados Unidos de la muerte de un informante norteamericano, sostenía que las grabaciones que tenía la fiscalía federal de las reuniones en la oficina de Bernal en Bogotá no había un solo diálogo que lo pudiera comprometer en la más mínima operación de narcotráfico.

Bernal afirma que en la cárcel se le acercó el comandante guerrillero de las Farc, Ignacio González Perdomo, conocido como el comandante Alfredo Arenas, y le dijo: "Mi rey, Fabio Ochoa está en lo cierto en su planteamiento de que lo único que podría parar la extradición es el terrorismo, nosotros en la Farc tenemos contactos, y ustedes ponen el dinero''.

El comandante guerrillero aseguró que estaba en capacidad de llevar a la cárcel a algunos mercenarios que pondrían a los narcotraficantes en contacto con ''kamikazes árabes''. Estos a su vez secuestrarían aviones y los estrellarían contra el palacio presidencial de Colombia, la fiscalía y la embajada de Estados Unidos en Bogotá.

Así se pondría punto final a la extradición, como lo logró el capo Pablo Escobar, explicó el comandante guerrillero.

Bernal le dijo a González que esa operación tendría un gran costo, pero el guerrillero le respondió que sólo tendrían que pagar por los cursos de aviación porque los árabes que contratarían "son terroristas y hacen lo que hacen por sus convicciones religiosas''.

Días después Bernal se unió a una charla que sostenía Ochoa en su celda con González, Yesid Arteta, otro comandante de las Farc, Luis Fernando Rebellón y Alfredo Tascón, estos dos últimos acusados en la operación Milenio.

Allí Bernal escuchó decir a Ochoa que él quisiera destruir las Torres Gemelas de Nueva York, la Casa Blanca, lista a la cual Arenas sumó el Pentágono "porque allí es donde se toman todas las decisiones militares en contra de todos los países''.
Aunque Arenas insistía en que los ataques deberían hacerse en Colombia, Ochoa se inclinaba por los blancos en Estados Unidos.

''No, yo quiero hacerle daño a los gringos, ellos son los que nos quieren llevar a su país'', dijo Ochoa, según Bernal.
Como un niño, Rebellón apoyaba todo lo que decía Ochoa, recuerda Bernal. ''Sí, sí, las Torres Gemelas'', decía Rebellón.

Algunos días después el comandante Arenas se le acercó a Bernal y le dijo que dos hombres que estaban hablando con Fabio eran los mercenarios que él había llevado. Bernal dice que al confirmar con Ochoa esa información, le advirtió que todo podría terminar en una tragedia terrible con la muerte de mucha gente inocente como en la época de Escobar.

''Yo voy a terminar con la extradición'', le habría dicho Ochoa. "No les voy a decir cómo ni cuándo, pero voy a poner hasta $2 millones''.

Según Bernal, la esposa de Fabio, a quien identifica como La Mona (rubia), viajó a España ''y entregó los $2 millones a los mercenarios designados''. Bernal no explica cómo se enteró de esta entrega. En enero Bernal le comentó a su abogado de Estados Unidos, Michael Blacker, que lo visitó en la cárcel de Bogotá, que la relación con Fabio se estaba deteriorando porque él se negaba a participar en sus planes terroristas.

A finales de agosto Ochoa fue trasladado a la cárcel de la policía judicial (Dijin) en preparación para su extradición. Antes de dejar La Picota, Bernal le preguntó a Ochoa por sus planes y Ochoa le respondió: ''Tenga fe, Mono, espero que no me lleven muy pronto porque va a ocurrir la próxima semana''. Ochoa fue extraditado a Estados Unidos el 7 de septiembre.

Relata Bernal que el 11 de septiembre el comandante Arteta se dirigió a los internos de La Picota diciéndoles: "! Enciendan los televisores, lo logramos!''.

Cuando Bernal estaba viendo cómo se estrellaban los aviones contra las torres, Arenas les gritó a su compañeros de patio: "Ahora todos ellos [Estados Unidos] saben del poder de las Farc''.

Bernal se dirigió a la celda de Tascón y lo encontró con una Biblia en sus manos y lágrimas en sus ojos. ''Estaba devastado por el resultado de las muertes causadas por el plan de Ochoa'', escribió Bernal. Los miembros de las Farc celebraron toda la tarde.

En octubre del 2001, Bernal fue extraditado a Estados Unidos donde contrató a Oliva y tras declararse culpable relató esta historia al fiscal Glen Alexander así como al agente de la DEA Nick Collen.

De acuerdo con Bernal, Collen comentó: "Ya hemos escuchado sobre esto, usted nos confirma lo que ya sabíamos''. Días después el agente de la DEA a cargo de su caso, Minh T. Nguyen, le comentó que había confirmado la versión con Tascón, quien también fue extraditado.

Ante la poca atención que Bernal sentía que le habían prestado a su denuncia de terrorismo, consultó con su abogado Oliva y éste, según Bernal, le respondió:

"Alejandro, éste es un asunto bien peligroso y delicado. Si el gobierno no considera necesario hacer algo, aun si es verdad, porque no está dentro de sus mejores intereses, te voy a decir lo que puede pasar contigo: ellos pueden declarar que eres mentalmente incompotente o tienes un desorden mental, te internan en una clínica de reposo o un sanatorio y ahí te van a volver realmente una persona enferma. En el mejor escenario, te desaparecen en el sistema de tal manera que tu familia jamás te encontrará. Así que ya lo sabes. No hables más sobre esto con nadie''.

Oliva dijo a El Nuevo Herald que prefería no hacer comentarios porque cualquier pronunciamiento suyo en ese sentido violaría el acuerdo de confidencialidad de abogado y cliente.

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