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Seis mil muertos en el limbo

Se buscan dueños de los osarios del Cementerio del Sur.

Santiago La Rotta

11 de noviembre de 2009 - 09:37 p. m.
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El Cementerio del Sur se erige en la avenida calle 27 sur Nº 37-83. En un lote amplio se ubican bóvedas, capillas, baterías sanitarias y los mausoleos, dos de los cuales, según un concepto de la Dirección de Prevención y Atención de Emergencias (DPAE), tienen la “posibilidad de colapso a mediano y corto plazo”.

Son dos paredes imponentes tapizadas con flores, bolsas de agua y un sinfín de inscripciones y mensajes para el más allá de Inés, Víctor, Wilson, Cayetano, Ferney, Candelaria, María Esther y todos los demás. Algunas de las lápidas han visto mejores días; algunas de ellas datan de hace 20 años, otras incluso de más allá.

Por un lado está el osario del Sagrado Corazón, que tiene 12 filas de alto por 43 de largo en cada bloque; son cuatro bloques y cada uno por ambas caras del muro: 4.128 diminutos cubículos para ubicar restos óseos. Por el otro está el de Cristo Rey, de tres bloques, aunque sólo por una cara: 1.528 cupos. Ambas estructuras están visiblemente inclinadas hacia atrás y en cada esquina de ellas reposa un letrero, instalado por la administración del camposanto, que reza: “Prohibido el paso. Entre bajo su propio riesgo”.

En diciembre de 2008, Valentín Pinilla, antiguo administrador del Cementerio del Sur, instauró una querella ante la alcaldía local de Antonio Nariño para declarar la ruina de los mausoleos debido al deterioro en que se encontraban. En mayo de este año, luego de una visita técnica realizada el 13 de febrero, la DPAE conceptuó que se encontraban en “mal estado”, con fisuras y agrietamientos en la mayor parte de ambas paredes. En el mismo documento, la entidad, además de declarar la ruina de las estructuras, les recomienda a los propietarios de los inmuebles realizar estudios técnicos que permitan efectuar las respectivas reparaciones o demoliciones.

Y he ahí el problema. Hace unos 35 años aproximadamente, según los cálculos de Raúl Niño, actual administrador del cementerio, los osarios fueron edificados en terrenos que eran (y siguen siendo) del Distrito, pero cada cubículo fue vendido a particulares. El resultado de este proceso de venta es que hoy en día, los dueños de los osarios son, no sólo muchos, sino que nadie sabe a ciencia quiénes pueden ser. “Muchas de estas personas son gente pobre que, en algunos casos, sólo tiene una promesa de compraventa del osario. Otros incluso han perdido con el paso del tiempo la documentación que los acredita como propietarios del osario. Como son los dueños de estos los encargados de decidir qué se hará con los restos que reposan en ellos, el proceso de reparación o demolición de los mausoleos está en una peligrosa pausa debido al estado de deterioro de los muros.

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Desde la declaratoria de ruina por parte de la DPAE (13 de mayo de 2009), sólo se han retirado unos 10 restos y, a finales de octubre pasado, se habían identificado algo más de 500 propietarios de osarios ante la inspectora de Policía #15, encargada de levantar los datos de los dueños.

Según Miriam Margoth Martínez, directora de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, lo que resta ahora es esperar a que la alcaldía local emita un acto administrativo respecto a la querella instaurada y, después de esto, se realizará una convocatoria pública para que los dueños de los osarios se acerquen para discutir las opciones que hay acerca de la reubicación de los restos (en caso de la demolición de los muros) o el mantenimiento de las estructuras.

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De acuerdo con Martínez, los propietarios de los osarios tendrán un mes después de la emisión del concepto de la alcaldía (algo que se estima puede suceder en unos 15 días) para identificarse públicamente y será en este momento cuando se defina, de una vez por todas, qué sucederá con los mausoleos y el descanso eterno de los más de cinco mil restos que reposan en ellos.

La historia y el Cementerio del sur

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En 1888 se firmó un tratado entre la Santa Sede y el gobierno colombiano, mediante el cual se estableció que los cementerios que funcionaban en el municipio de Bogotá serían controlados y administrados por el Gobierno y no por la Iglesia. En 1920 entró en funcionamiento el Cementerio del Norte, en 1940 el del Sur y en 2005 el cementerio Serafín. Con el acuerdo 75 de 1960, el Concejo de Bogotá encargó a la Empresa Distrital de Servicios Públicos (Edis), hoy liquidada, la prestación del  servicio de cementerios y la administración de los cementerios Central, del Norte, del Sur y las fosas comunes. Luego pasó a manos de la Uaesp (Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos). A propósito de las fosas comunes, y las versiones que hay acerca de la presencia de algunos restos de los muertos en la toma del Palacio de Justicia,  la Fiscalía procedió a destaparlas en 1998 para exhumar los  más de 70 cadáveres que correspondían, presumiblemente, a algunos de los desaparecidos durante la retoma,  ocurrida en noviembre de 1985.

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Un año más tarde, en diciembre, fue enterrado en ese mismo cementerio del sur Campo Elías Delgado, quien asesinó a 29 personas y terminó suicidándose.

Por Santiago La Rotta

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