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Más allá de ser herramientas que facilitan la existencia humana, muchas invenciones tecnológicas se han convertido en verdaderas fuentes de creatividad. Máquinas que componen sinfonías musicales, computadoras capaces de construir guiones cinematográficos y robots que dominan las más refinadas técnicas de pintura sobre lienzo dan cuenta de los fascinantes avances tecnológicos en el ámbito de la inteligencia artificial. Así lo demuestra un completo artículo sobre inteligencia artificial publicado en BBC Londres.
Tal es el caso de ‘Play the road’, una aplicación creada por Volkswagen junto con la agencia de marketing digital ‘Tribal Worldwilde’, la cual es capaz de generar piezas de música electrónica para los pasajeros de automóviles en tránsito. Tal como un artista de carne y hueso, esta aplicación para iPhone tiene varias fuentes de inspiración: la velocidad del auto, los movimientos del volante y el lugar por donde transite (el campo o la ciudad), son algunas de ellas.
“Ahora las personas pueden conducir acompañadas por melodías que están en perfecta sintonía con sus ritmos y estilos de conducción o con los paisajes que les rodean mientras viajan en sus autos. Con ‘Play the Road’, el auto será el instrumento y los conductores los músicos”, dijo Matt Oxley, director de ‘Tribal Worldwild Londres’.
Pero ‘Play the road’ no es el único compositor artificial. El proyecto Lamus, diseñado por un grupo de investigadores de la Universidad de Málaga, España, es el primer sistema no humano capaz de componer una partitura de música clásica. Francisco Vico, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, explicó que Lamus es una computadora que, a partir del toque de un botón, escribe "inéditas melodías que poco tienen que envidiar a las obras de los grandes compositores”.
Hasta el momento, Lamus ha compuesto 800 obras de las que se han seleccionado 10 para ser interpretadas y grabadas por la Orquesta sinfónica de Londres. Este ordenador, aseguran los investigadores, “permitirá a los compositores acelerar su proceso creativo e incluso ayudará a producir grandiosas obras a las personas que no tengan conocimientos sobre el lenguaje musical”.
“Lamus es el primer gran ejemplo de las posibilidades creativas que surgen mediante la aplicación de la evolución darwiniana y la genética de los seres vivos al lenguaje computacional ", dijo Francisco Vico, quien ha sido testigo de la conmoción que ha generado el invento en varios compositores. “Todavía no hay certeza de que las máquinas puedan pensar igual que los humanos, pero al menos hoy sabemos que pueden componer música como los profesionales”, agregó.
‘e-David’ es el nombre de un robot pintor capaz de crear impresionantes obras de arte sobre lienzo. Este es controlado por un ordenador y elige por sí mismo los pinceles, pinturas, lápices y colores necesarios para plasmar sobre un lienzo en blanco imágenes de las que previamente ha tomado un registro fotográfico.
Estudiantes de robótica de la Universidad de Konstanz, en Baden-Württemberg, Alemania, crearon a e-David con soldadura ordinaria y le agregaron sensores, una cámara y un control que lo conecta al ordenador. En su sitio web (www.informatik.uni-konstanz.de), sus inventores cuentan que el robot es capaz de tomar decisiones sobre el sombreado, las pinceladas y los matices y que ajusta sus movimientos en función de las particularidades de cada imagen.
“Queremos saber hasta qué punto una máquina es capaz de comprender el proceso creativo de la pintura. Los resultados de este proyecto podrían influir en nuestra percepción sobre lo que es el arte”, manifiestan los estudiantes.
Al igual que los estudiantes de la U. de Konstanz, Scott Draves, matemático y artista digital estadounidense, también se ha preocupado por buscar nuevas formas de entender las artes visuales a través del lenguaje computacional. Con el programa ‘Electric Sheep’ (Oveja Eléctrica), Dravers ha creado una forma de vida artificial que recrea los fenómenos biológicos de la evolución humana por medio de animaciones abstractas recreadas por una supercomputadora (‘Mente Cyborg’), de la que hacen parte más de 450.000 ordenadores y cibernautas.
Pero el cineasta Chris R. Wilson ha ido aún más lejos. A través de Cleverbot, un sitio web de inteligencia artificial que sostiene conversaciones con sus usuarios, Wilson construye sus libretos cinematográficos. A diferencia de otros sistemas conversacionales, las respuestas que entrega Cleverbot no se encuentran programadas, sino que se basan en un algoritmo que elige frases de su gran base de datos de conversaciones previas.
En la página web de Cleverbot, Rollo Carpenter, su creador, señala que “esta aplicación aprende de la intervención humana”. Cuando un ser humano ingresa una frase, el sistema busca todas las palabras clave que estén relacionadas o una frase exacta que coincida con la entrada enviada. "Se podría decir que se trata de una simple imitación, pero en realidad lo que sucede es que cada vez que hables con él, una nueva conversación sobreviene”, sostiene.
Ramón López de Mantaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial de España, dijo a El País de España que la idea fundamental de este tipo de invenciones no es copiar el cerebro humano neurona a neurona. “El objetivo es que las máquinas simulen el comportamiento del cerebro con la versatilidad de la inteligencia humana”. Para López de Mantaras ese carácter versátil y diverso de la imaginación de los hombres debe ser la principal fuente de inspiración para avanzar en las investigaciones y los proyectos en el campo de la inteligencia artificial.