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Tristeza en la lejanía

Fernando Juárez, un reconocido psicólogo español, lanzó un libro con consejos para los inmigrantes. Su objetivo: enseñarles a manejar la depresión de no estar cerca de sus  familias.

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Lucía Camargo Rojas
31 de enero de 2009 - 10:00 p. m.
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La decisión de abondar el lugar de origen, la familia, el trabajo, los amigos, los cimientos de un futuro, la vida que se había construido, para buscar mejores oportunidades en otro país se ha convertido en una práctica muy común en esta época. Algunas personas lo hacen para escapar de su pasado, otras creen que podrán mejorar sus condiciones económicas, hay quienes lo dejan todo con la ilusión de estudiar en reconocidas universidades y por último están aquellos que, sencillamente, quieren darle un giro a sus vidas.

De acuerdo con el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) el siglo XXI ha presenciado una movilidad humana a una escala mundial sin precedentes: más de 200 millones de migrantes internacionales. En el documento se advierte que los traslados de personas dentro y a través de las fronteras se efectúan, principalmente, por la búsqueda de trabajo.

Los colombianos no se quedan por fuera de esta tendencia. Según este informe, 3’331.107 de personas han migrado en los últimos cinco años. La mayoría de ellos proveniente del Valle del Cauca, Bogotá, Risaralda, Antioquia y Atlántico. Por su parte, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tiene registrada la salida de 2’120.000 de personas del país en 2008. Sin embargo, esta cifra no está discriminada en turistas y migrantes. Pero lo que las autoridades sí han logrado establecer es que el destino privilegiado es Estados Unidos, Venezuela y Panamá.

A estos hallazgos se suman los resultados de una reciente investigación realizada por Bancaja y el Centro de Estudios para la Integración y Formación de Inmigrantes, los cuales revelaron que desde el año 2000 España se ha convertido en el país más apetecido. De hecho, las remesas enviadas a Colombia por quienes se encuentran en este lugar superan los US$3.000 millones anuales, y los colombianos representan el 7,7% del total de trabajadores extranjeros registrados en la Seguridad Social, según el informe.

Lo cierto es que sin importar el motivo específico, los migrantes  toman la valiente decisión de alejarse de su hogar con la ilusión de forjarse un futuro prometedor y aprovechar oportunidades que posiblemente nunca hubieran tenido en su país. Pero es sólo cuando están lejos que experimentan una sensación de soledad que no tenían contemplada en sus planes. Algunos, incluso, desde el momento en que se bajan del avión.

 Así lo recuerda Jesús Alfonso Valega, un colombiano que partió a España hace varios años: “Cuando me di cuenta que dejaba atrás el mar, mi tierra, mis costumbres, mis raíces y especialmente a mis hijas y mi esposa lloré y sentí un profundo dolor en el corazón por estar dejando lo que más amo”.

Fernando Juárez, un reconocido psicólogo español, ha atendido por más de quince años a pacientes como Alfonso en España, Colombia y Estados Unidos, quienes han acudido desesperados a su consultorio en busca de ayuda. Esta experiencia le ha permitido evidenciar los problemas psicológicos que aquejan a este tipo de población. “Ansiedad,


sentimientos de culpa por creer haber tomado el camino equivocado, desencanto y desilusión, sensación de fracaso, ira, rabia, desesperación, tristeza, nostalgia, melancolía”, son algunas de las características que presentan, explica Juárez.

En una de sus consultas, recuerda, un paciente le insistió en llevar al papel sus consejos, argumentando que no había encontrado una publicación en la que se ayudara a los inmigrantes de la forma en la que él lo hacía. Gracias a esa propuesta nació el libro Lejos del corazón, de la editorial Random House Mondadori. Una publicación que, según Juárez, recoge un arduo trabajo investigativo relacionado con la problemática de los inmigrantes, que pretende ser accesible a todo aquel que ha debido pasar por la experiencia de sentirse solo en una ciudad desconocida o para quienes vieron a su ser querido partir en un avión.

En uno de los más desgarradores testimonios del libro, un paciente de Juárez logra plasmar los sentimientos que usualmente aquejan a los inmigrantes y los hacen vivir una situación inestable en el nuevo país: “No sé ni dónde estoy, muchas veces me despierto en las mañanas para ir a trabajar y me dan sobresaltos, me siento como asustado, hasta que no pasa un tiempo y me doy cuenta de dónde estoy, no me tranquilizo. Durante el día en el trabajo me las voy arreglando, pero cuando llego a la casa en la noche es horrible, no me aguanto estar ahí. Tengo que salir a dar una vuelta”.

Aunque todavía la comunidad científica no ha tipificado las características que presenta la población inmigrante, sí es una problemática que empieza a debatirse y cuyo origen, advierte Juárez, radica en el hecho mismo de alejarse de las personas queridas, algo que resulta inevitable. Pero esta separación puede manejarse de forma adecuada y así evitar problemas emocionales importantes. Para hacerlo, según Juárez, es necesario actuar sobre el origen del problema, que consiste en una interpretación equivocada: creer que la distancia geográfica es equivalente a la distancia emocional.

El autor, consciente de que la lejanía es el obstáculo más difícil de superar, considera que la clave está en la mente. “El libro busca hacerle entender a las personas que se puede vivir bien a pesar de esa distancia si se aplican ciertas recomendaciones, como aprender a sentirse emocionalmente próximo de los seres queridos y mantener la identidad del país de origen, a pesar de cualquier situación adversa. Una cosa es sentirse solo en ese nuevo sitio y otra muy distinta es llegar allí y tener la certeza de que otros te apoyan y acompañan”.

En el texto, finalmente, se recogen los testimonios de varios colombianos. De acuerdo con su experiencia, Juárez afirma que los inmigrantes de nuestro país tienen otro dolor adicional: el hecho de irse de un lugar al que quieren, pero que tiene una realidad social muy compleja.

En tales casos, comenta el psicólogo  español, los deseos de devolver al país todo aquello que sienten que en su existencia les ha brindado, se trunca, paradójicamente, por la falta de oportunidades.   “Muchos de ellos tienen la sensación frustrante de que podrían haber aportado más a Colombia, . Quisieran haber ayudado desde sus profesiones y conocimientos. Por eso apoyan a los colombianos que están en el país al que han migrado, logrando consolidar una hermandad fuerte”.

“Debí disfrutar más a mi padre” 

Hace 18 años Darío Acero llegó a Miami, junto con su padre, para pasar una temporada vacacional. Le gustó tanto Estados Unidos que decidió extender su descanso e ir a California a saludar a unas tías. La visita, pensada para un mes, se extendió a seis, gracias a que consiguió un trabajo. “Yo estaba muy joven y todo lo veía fácil”, cuenta Acero.

Pasaron los años y sin darse cuenta Estados Unidos lo fue envolviendo, por lo que decidió quedarse a como diera lugar. Por eso viajó a Miami y, sin conocer a nadie, empezó a trabajar como ayudante en una pizzería y poniendo ventanas en la temporada de huracanes. Sin embargo, el paraíso en el que se sentía partícipe sólo podía ser realidad cuando resolviera su situación legal.

Así que se adentró en un hoyo negro de más de cuatro años. Decidió casarse con una mujer americana y pagar por los documentos, pero su “esposa” se enamoró y, para retenerlo, trató de manipularlo con amenazas y abusos. “Esa constante lucha por los papeles me costó mucho más de lo que pagué”, afirma resignado.


Después de cuatro años de una situación inmanejable, logró obtener los documentos. Aunque ya tenía el trofeo, la alegría no fue completa, al poco tiempo sus hermanos lo llamaron para darle la noticia de que su padre había muerto. “Fue un golpe muy duro para mí, pues pensé que en todo ese tiempo podía haber disfrutado más a mi padre”, explica.

Un año después uno de sus hermanos decidió probar fortuna en los Estados Unidos, la situación en Colombia no pintaba muy bien. Por eso se trasladó a California junto con su familia. En cierta medida quisieron resolver el problema de la distancia geográfica al reunirse. Porque aunque no trabajen en lo que estudiaron, saben, como cuenta Darío, que “ todos nos sentimos felices por estar juntos y llevar una situación económica manejable”.

Consejos para afrontar la distancia

1. Recuerde qué circunstancias lo obligaron a tomar la decisión de partir.

2. No se desgaste al querer controlarlo todo. Intente hacer las cosas de la mejor manera posible.

3. Piense que alejarse de los seres queridos no es abandonarlos, es tener, de otra forma, la posibilidad de seguir compartiendo con ellos de forma satisfactoria.

4. El amor por las personas amadas necesita ser alimentado hoy y no puede esperar a mañana.

5. A pesar del dolor, puede vivir una relación gratificante con las personas amadas.

6. Las relaciones no se pierden con la distancia geográfica, solamente se transforman.

Lejos del corazón

El libro Lejos del corazón, de la editorial Random House Mondadori, tiene como objetivo dar recomendaciones y consejos para que tanto los inmigrantes como sus familiares afronten de la mejor manera la situación emocional que se desata luego de que un individuo decide partir a otro país.

Su autor, Fernando Juárez, es un español que reside actualmente en la ciudad de Medellín y que se considera a sí mismo como inmigrante. Se ha dedicado durante más de 15 años a tratar pacientes foráneos que residen en Estados Unidos, España y Colombia.

Juárez considera que, “si se puede sentir la ausencia de las personas que amamos es porque seguimos vinculados a ellos”.

Por Lucía Camargo Rojas

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