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Después de más de 15 años en el exterior, el doctor Wolfgang Munar regresó al país con el objetivo de enfrentar las tres grandes pandemias enemigas de la salud pública mundial: el sida, la tuberculosis y la malaria. Su preocupación es lograr financiación para el tratamiento y la prevención de las enfermedades infecciosas en Latinoamérica desde una oficina en Bogotá. Un trabajo que lo puso a la cabeza de la Fundación Salud Mundial - Latinoamérica, que será lanzada el próximo lunes en el marco de la Conferencia Mundial de Sida 2008, en México.
El año 2002 fue crucial para la salud mundial. Después de que Kofi Annan, entonces secretario general de las Naciones Unidas, declarara que las enfermedades infecciosas epidémicas debían ser tratadas por una coalición mundial, se abrió el Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, que cuenta con el apoyo económico de los ocho países mejor desarrollados, el conocido G8 y algunos empresarios privados.
Los parámetros del Fondo, desde su creación, fueron muy estrictos: los gobiernos que quieran recibir las donaciones para la prevención y el tratamiento de las enfermedades deben forjar una alianza con alguna organización civil, presentar propuestas viables que muestren resultados en menos de 18 meses y llevar un cuidadoso registro de inversión de los recursos.
El doctor Munar conoce muy bien el funcionamiento del Fondo Mundial. De hecho, se desempeñó como director adjunto de Operaciones y Director para América Latina y el Caribe, después de su paso por el Banco Interamericano de Desarrollo. Conoce el abecé de cómo deben ser presentados los proyectos para ser aprobados y por eso es que ha vuelto a Colombia, para asesorar a las naciones latinoamericanas en la elaboración de las propuestas y conseguir aportes financieros con grandes empresas que nutran el Fondo.
Un largo camino
Munar, barranquillero de 46 años, ha dedicado la mayoría de su vida al estudio de la salud y la investigación. Después de graduarse como bachiller, con apenas 16 años, logró un cupo en la Universidad del Norte para estudiar la carrera que lo apasionaba, la medicina. Su éxito académico le fue abriendo paso dentro de la Facultad, tanto que cinco años después, al obtener el diploma que lo reconocía como doctor, fue contratado como docente e investigador.
Munar cuenta que su enamoramiento por la salud pública vino acompañado de la bonanza carbonífera del Cerrejón en La Guajira. En el año 86, Intercor, la compañía encargada de la explotación de las minas, inició una labor de responsabilidad social en la que apostaba por extender los servicios de salud a toda la comunidad indígena wayúu que habitaba la zona. El programa fue bautizado con el vocablo wayunaiqui Anas (“Sentirse bien” en lengua común) y el joven médico Munar asumió la dirección.
“Trabajando en La Guajira me di cuenta de que es un error creer que la salud es únicamente un asunto individual. Si una persona está sana en una comunidad enferma, pues seguramente estará en riesgo de contraer enfermedades, es lógico. Así nació mi interés en estos asuntos”, sostiene.
Con una beca que le ofreció la Universidad del Norte, Munar viajó a Boston a la U. de Harvard, para hacerse máster en Política y Gestión Sanitaria. Dos años de academia internacional le ofrecieron la posibilidad de conocer a gente sobresaliente en el sector de la salud. Fue así como entabló lazos con el doctor Gabriel Carrasquilla, hoy director del Centro de Estudios e Investigaciones de la Fundación Santa Fe de Bogotá, de donde recibe todo el apoyo técnico y de infraestructura para la Fundación Salud Mundial.
A su regreso de la maestría Fuad Char, en ese entonces gobernador del Atlántico, lo contactó para ofrecerle el mando de la Secretaría de Salud del departamento. Pasaron dos años antes de que llegara al Ministerio de Salud en el año 93, en calidad de viceministro. Allí trabajó junto al fallecido Juan Luis Londoño, quien estaba al mando del ministerio, en las reformas estipuladas en la Ley 100 de 1993.
Una de sus compañeras de Harvard lo llamó a mediados de los 90. “Me ofreció ir a trabajar en el Banco Mundial y acepté”, cuenta el doctor Munar. Allí, con su oficina en Washington, viajó por el mundo tratando de reunir recursos económicos para la salud de los más necesitados, para después desembarcar en Ginebra a trabajar en las oficinas del BID. Ahora, contento de hallarse de nuevo en su país natal, dice que espera dedicarse a su trabajo en la Fundación Salud Mundial. “Espero que con el tiempo, con tan sólo visitar la página de la organización, las naciones latinoamericanas sepan cómo recibir las donaciones del Fondo”, comenta.