7 Mar 2009 - 4:00 a. m.

Un banquero al escenario

Luis Guillermo Soto asume el reto de conservar y direccionar el legado de Fanny Mikey.

Angélica Gallón

“Dirigiré, eso es lo que hacen los directores”, asegura con su acento paisa Luis Guillermo Soto, el nuevo director del Teatro Nacional que desde el lunes, cuando sea ratificado, se ocupará de la programación de las obras, de las tres salas, la escuela y de todo el legado que dejó Fanny Mikey.

Su arribo al andamiaje de la fundación del teatro se produjo hace 27 años cuando él era el presidente de Davivienda (cargo que desempeñó por 17 años) y Fanny le solicitó una cita para pedir el préstamo con el que construiría el teatro de la calle 71. “Yo la había visto actuar en la Gata Caliente, entró a la oficina con su desparpajo y su melena roja y nos pidió 10 millones de pesos. Yo, que era el que tenía que aportar la mayor parte  le dije sin reparos que sí”, cuenta Soto.

Sin embargo lo que parecía una negociación cerrada se complicó con la negativa de algunos inversionistas que alegaron que el dinero de los ahorradores no podía invertirse en teatro. Pero la defensa que Luis Guillermo Soto hizo de la petición de Fanny le valdría no sólo sus verdaderos afectos, sino que además, unos años después, ella lo llamaría para que hiciera parte de la junta directiva del Teatro Nacional.

Y fue ocupando su cargo como vicepresidente de la junta directiva de la Fundación, cuando en la fiesta de despedida de año de 2008, algunos directivos empezaron a sugerirle que se postulara como candidato para director. “Juan Gustavo Vasco me dijo que me quería de cabeza en el teatro, y sin pensarlo mucho, acepté”, comenta Soto.

La cultura también es empresa

Sin duda, más que de balances, ajustes de presupuestos y puntos de equilibrio sabía este banquero. Al fin de cuentas, de su mano Davivienda se había hecho a una valiosísima pinacoteca y en su gremio era conocido porque desde joven había pagado boletos de avión para asistir a estrenos de obras de teatro en Londres, Nueva York o Buenos Aires.

 “La gente se debe preguntar ¿y qué hace un banquero aparte de mirar los balances? Y yo les respondo que hay que dejar de lado los estereotipos y que no olviden que Fanny fue sobre todo una gran empresaria”, explica el nuevo director. “He sido un ávido lector, asistente fiel a los fenómenos del teatro mundial y acompañante incondicional en los procesos de programación de las obras que montamos en las salas”, replica Soto. Y añade: “Además contamos con un comité de 70 personas que Fanny creo que tiene muy buen olfato, que tiene los pies en la tierra y que llevan más de dos décadas en las entrañas del festival”.

En cuanto al rifi rafe que se armó en el interior de la organización para el nombramiento de alguien que asumiera las funciones de Fanny, asegura que lo único que revela es que a todo el mundo le interesa lo que pase con el Teatro Nacional y que todos quieren participar. Aunque lamenta que algunas decisiones hayan estado tan afectadas por la exposición mediática. “Es necesario que se aclare que la junta directiva toma  decisiones de acuerdo con lo que le conviene a la entidad y no a la fuerza mediática”. Su relación con Ana Martha de Pizarro, elegida hace un mes como directora del Festival Iberoamericano de Teatro, la califica de buena y fluida, y espera trabajar con ella en equipo para seguir manteniendo la buena hora que vive el teatro. “El reto es grande, porque me entregan una empresa impecable, las salas llenas e invitaciones de todas partes del mundo. Será un privilegio rendir este homenaje a Fanny”, concluye Soto.

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