El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Un museo en el Salto

La casona que por años albergó a los visitantes del Salto del Tequendama y estaba abandonada será restaurada y convertida en un espacio para dar a conocer la riqueza de la biodiversidad de la zona.

Mariana Suárez Rueda

18 de enero de 2011 - 05:00 p. m.
PUBLICIDAD

Después de permanecer más de dos décadas cerradas, las puertas del antiguo hotel El Refugio del Salto volverán a abrirse. Aquella casona de cinco pisos y mil cuatrocientos metros cuadrados, construida en 1923 en el borde de la montaña justo al frente del imponente Salto del Tequendama y que durante años fue uno de los principales centros turísticos del país, se convertirá en el Museo de la Biodiversidad.

El proyecto en el que desde hace más de cuatro años ha trabajado María Victoria Blanco, junto con sus colegas investigadores de la Fundación Granja Ecológica El Porvenir, por fin se convirtió en realidad. Los estudios estructurales se terminaron a principios de este mes y la obra, que ya comenzó con la reparación de los techos, se extenderá hasta mediados de año, cuando se inaugurará la primera sala.

No ha sido una tarea fácil. Hace un tiempo María Victoria Blanco y su equipo se reunieron con Roberto Arias Pérez, quien en 1979 se convirtió en el dueño de la casa, que en ese momento era un estadero-restaurante manejado por Ferrocarriles Nacionales y la cual tuvo que abandonar diez años después de haberla adquirido por problemas de seguridad. Desde entonces Arias Pérez ha estado en la búsqueda de un nuevo dueño y cuando oyó del proyecto liderado por la Fundación Granja Ecológica El Porvenir supo que lo había encontrado. Después de una larga negociación lograron acordar un precio.

Como la Fundación que dirige María Victoria Blanco no contaba con el dinero, al que además hay que sumarle los costos de la reparación y adecuación de la casa como museo (aproximadamente un millón de pesos por metro cuadrado), han tenido que recurrir a la generosidad de los sectores público y privado —ya cuentan con el apoyo del Sena, la U. Nacional, Eternit, PCA ingenieros, Asomuña y la Gobernación de Cundinamarca, entre otros— y a las ganancias de un libro que hicieron con el botánico Santiago Díaz, ex presidente de la Academia Colombiana de Historia, sobre la historia del Salto del Tequendama.

“Lo vendemos por encargo y la plata que hemos conseguido hasta ahora nos ha permitido comenzar la obra. Claro que todavía necesitamos seguir recibiendo más aportes de quienes desean ver la zona del Salto recuperada y reactivada”.

Entusiasmada, María Victoria Blanco también cuenta que ya están diseñadas las salas del Museo de la Biodiversidad. Habrá una dedicada al río Bogotá, otra a las especies de animales y plantas que habitan en la región, a la arqueología. Los visitantes también podrán disfrutar de un salón de lectura, uno de conferencias, una cafetería y un local en el que se venderán artesanías.

“En nuestras manos tenemos la oportunidad de recuperar el patrimonio ambiental que es el Salto del Tequendama y queremos —confiesa María Victoria— que no sea un esfuerzo sólo nuestro, sino de toda la ciudadanía”.

Por Mariana Suárez Rueda

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.