“El mecanismo es simple: el cuerpo yerto se tiende sobre leña y se cubre con leña. Entonces el nitrógeno de la carne y los huesos se combina con el carbón de la madera para llevar la materia a unos 140 grados y 'cocinarla' y producir la mejor tierra”.
La explicación es del escritor Martín Caparrós que refiere el tema en su más reciente columna de El País, de España. La idea es de Katrina Spade, una estadounidense de 37 años que armó la empresa Urban Death Proyect (Proyecto Muerte Urbana) y ofrece ser abono para la eternidad.
Durante el proceso, el cuerpo sin vida puede permanecer refrigerado por más de 10 días antes de la ceremonia. No se realiza ningún embalsamiento porque la descomposición es clave, asegura la página web de la empresa.
Las personas más allegadas al muerto lo acompañan y lo entregan, envuelto en una simple sábana, hasta una torre funeraria con maderas. Allí, bajo el cuidado de sus empleados, unas pocas semanas de bacterias y enzimas convertirían al muerto en abono orgánico para abonar una planta. Todo por no más de 2.500 dólares, unos 6 millones de pesos al cambio actual.
Urban Death Proyect se creó para recordarnos que los ritos funerarios cambian con los tiempos. Para Caparrós cada rito habla de una cultura: “nada más contemporáneo que el paso del cementerio urbano —donde filas y más filas de nichos se amontonan según el modelo de los edificios de viviendas– al cementerio country club –donde los muertos viven en las bucólicas parcelas de un barrio privado—. Pero las verdes praderas son, como casi todo últimamente, un privilegio: un planeta superpoblado sólo soporta tales coqueterías si las practican pocos. Lo cierto es que somos demasiados y nos morimos casi todos, así que los muertos tienen cada vez más problemas para encontrar su lugar en el mundo”.
Por eso la cremación es una salida. Convertirse en abono sería la solución ecológica y ahora, como tantas otras cosas, también se vende en Estados Unidos. “Tierra eres y en tierra te convertirás”, dice la biblia. Caparrós prefiere al escritor español Francisco de Quevedo: “Serán abono, mas tendrá sentido…”.