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12 Apr 2020 - 4:30 p. m.

Un tiempo para aprender a cocinar con el alma

Desde Barcelona hasta Tel Aviv, la escritora Lola Mayenco, ha recorrido el Mediterráneo entrevistando a personas de diferentes culturas y edades para conocer las historias que se escriben detrás de la comida. Una experiencia que conecta con los más exquisitos ingredientes que emanan de la tierra.

MARÍA ALEJANDRA MORENO TINJACÁ

¿Consideras la cocina una obligación o una rutina? Estás a punto de descubrir que el triángulo formado entre la nevera, el fregadero y los fogones contiene los secretos de la creatividad, la sensualidad y el amor”, estas son las palaras que se leen en el libro “Cocinar con el alma”, publicado por Ediciones Urano, de la escritora y periodista Lola Mayenco, quien, a través de sus viajes por varios lugares del mundo, se ha dedicado a coleccionar historias que son las protagonistas  de un libro que invita a las mujeres a redescubrir ese placer que genera la cocina, visto más allá como el simple acto de cocinar para alimentarse, sino crear un espacio en el que las mujeres pueden encontrar esas pasiones que las motiva en la vida.

Además de un espacio para fortalecer esos lazos entre generaciones, pues quiénes no disfrutan al preparar una cena deliciosa en compañía de sus madre, hermanas, primas o amigas. La cocina es la excusa perfecta para entender las necesidades de los otros y acompañarlos a cumplir sus anhelos más profundos. Lola con un estilo fluido y con los relatos de mujeres y su relación con la cocina y los sabores, lleva a los lectores a crear una relación íntima con la gastronomía. Son 194 páginas en las que, además, encontrarán recetas de higos con miel y queso, flan de manzana con caramelo, tarta de limón con moras o galletas de semillas de amapola. Recetas sencillas que pueden realizar en estos tiempos de cuarentena.  La escritora Lola Mayenco, habló para El Espectador de cómo fue el proceso para escribir el libro y los viajes que realizó para conectarse con la gastronomía mundial.

¿Cómo nació la idea de este libro?

Siempre me ha interesado mucho la historia de la cocina; especialmente, el papel de las mujeres en la gastronomía y cómo, a lo largo de los siglos, hemos ido perdiendo tanto el poder como el placer de cocinar. Si, según los historiadores culinarios, cocinar es un invento de las mujeres y una actividad que durante muchísimo tiempo hicimos las mujeres en exclusiva, ¿por qué dejamos de cocinar en los rituales religiosos, los banquetes públicos y el negocio de las tabernas? ¿Y por qué acabamos cocinando sólo en casa, por obligación, sin cobrar y siguiendo las reglas que nos imponían los hombres?

Hoy en día, muchas mujeres ven la cocina como una especie de cárcel, miran el delantal con malos ojos, no disfrutan entre fogones y trajinan entre cazuelas y sartenes por deber o por rutina, no porque disfruten haciéndolo, y es una verdadera lástima, porque cocinar es una actividad de bienestar y empoderamiento personal importantísima. Así que, un buen día, decidí recorrer el Mediterráneo buscando a mujeres que realmente disfruten cocinando. Quería saber cómo lo logran: cómo hacen para no cocinar bajo presión y cocinar, en su lugar, con alma. Y mi nuevo libro es un collage de las historias y las estrategias que me fueron contado.

En Colombia y el mundo estamos enfrentando la crisis del coronavirus, por qué “Cocinar con el alma” puede ser una buena herramienta en este tiempo.

En este periodo tan duro que estamos viviendo, aprender a cocinar con alma es esencial, porque no queremos añadir más presión a unas circunstancias que ya son de por sí muy estresantes. Desde luego, no es el momento de empeorar nuestro sistema inmunitario comiendo regularmente platos que no sean sanos y tampoco de complicarnos la vida con recetas complicadas o que requieran de ingredientes difíciles de conseguir o caros. Ahora lo que toca es dedicar nuestro dinero, tiempo y energía a preparar platos saludables, con ingredientes locales y de temporada y que sean fáciles de hacer. En tiempos de pandemia, lo fundamental es tratar con amor y ternura a las personas con las que compartimos confinamiento y poner sobre la mesa platos ricos, sencillos y sanos. Todo lo demás es accesorio.

¿Qué fue lo más retador de escribir el libro y lo más significativo?

Si mi libro anterior, “Algo que celebrar”, fue un libro muy personal en el que compartí muchas historias íntimas, “Cocinar con alma” es todo lo contrario: es un libro que he escrito escuchando mucho y hablando lo mínimo. Y me he dado cuenta de que escuchar de verdad a las personas es difícil y, a veces, muy duro. Desde Barcelona hasta Tel Aviv, he recorrido el Mediterráneo entrevistando a personas que son de otra edad, nivel de estudios, clase social, orientación sexual, país y religión; las he acompañado al mercado, he visto lo que ponen en su cesta de la compra y he probado la comida que preparan en su día a día, no en ocasiones especiales. Esta cercanía me ha permitido escuchar historias vitales muy bonitas, pero también terribles. Y algunas de estas historias me han obligado a explorar los límites de mi empatía, algo que no me ha resultado siempre fácil.

¿Cuál es el objetivo que tiene con la publicación?

Cocinar es una actividad tan cotidiana, que a veces nos olvidamos del enorme placer que podemos sentir entre fogones, sobre todo si somos capaces de cocinar con alegría y poniendo todos nuestros sentidos en ello. Con atención e intención, podemos convertir el acto rutinario de cocinar en un arte que nos nutra no sólo físicamente, sino también emocionalmente, y no sólo a nosotros, sino también a las personas que más queremos. El mismo rincón de la casa en el que nos preparamos un café o unos huevos se puede convertir en un cálido refugio del alma y de los afectos, un lugar donde olvidarnos de los rigores de la vida, donde mejorar nuestro bienestar y el de nuestros seres queridos.

En el libro habla de empoderar a la mujer a través de la cocina, una actividad que se ve como obligación y no disfrute, ¿cómo funciona?

Aunque a veces no nos demos mucha cuenta, lo cierto es que las mujeres que cocinamos en casa a diario, lo hacemos bajo una presión enorme. Nos presionan los gurús de la gastronomía, los concursos gastronómicos de televisión y las redes sociales cuando nos imponen ideales imposibles de alcanzar en la realidad de nuestras cocinas. Nos presionan nuestras parejas e hijos cuando nos dicen los platos que debemos preparar, no nos ayudan y encima nos critican si no nos salen perfectos. Nos presionan las amigas u otras mujeres de la familia cuando nos imponen patrones y prácticas perpetuadas históricamente sin tener en cuenta que nuestra vida es diferente de la suya. Y nos presionamos nosotras a nosotras mismas cuando aceptamos estas presiones sin cuestionarlas o incluso sin percatarnos de ellas. Y por eso, precisamente, quise escribir “Cocinar con alma”: para promover un cambio de mentalidad que nos permita sentirnos más relajadas, seguras de nosotras mismas y libres de hacer lo que mejor nos parezca en nuestras propias cocinas.

¿Cómo reconectas a las generaciones con tu libro?

Pues precisamente ese poder de conexión intergeneracional que tiene la cocina ha sido una de las sorpresas más agradables con las que me he encontrado a la hora de escribir este libro. Haciendo las entrevistas me gustó comprobar que las personas que cocinan por placer y no por complacer disfrutan muchísimo compartiendo su pasión junto a otras personas y se lo pasan estupendamente intercambiando ingredientes y recetas. Nadie se fija en la edad de nadie, ni da ninguna importancia a las diferencias de sexo, clase, idioma, religión o las que sean: las personas que cocinan con alma minimizan todas estas diferencias, cuando no las desprecian por completo. Para ellos, el espacio formado entre la nevera, el fregadero y los fogones es sagrado. Y en los lugares sagrados, todo el mundo es bienvenido.

¿Cuáles son los platos que más disfruta preparar?

En tiempos de coronavirus, lo que más me gusta es preparar un buen desayuno sano y equilibrado que nos permita empezar el día con fuerza y energía. Y también disfruto mucho preparando una vez por semana algún postre especial que, aunque no sea tan sano, nos permita endulzarnos un poco la vida en estos días aciagos. El último que he preparado ha sido un flan de manzana con caramelo, porque es una fruta que me gusta mucho, está en temporada y además tiene un simbolismo muy bonito. Las manzanas nos transportan al relato bíblico del jardín del paraíso y a otros mitos antiquísimos: no podemos olvidar que las manzanas eran el secreto de la inmortalidad de los dioses nórdicos.

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