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Una mano a la ciberdisidencia

Cada vez con más frecuencia, los activistas políticos y periodistas buscan en los blogs una vía de escape para denunciar y huirle a la censura.  Los gobiernos sofistican sus mecanismos de control virtual, mientras que los ‘hackers’ buscan derribarlos.

Juan Camilo Maldonado T.

10 de diciembre de 2008 - 06:00 p. m.
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“Desde hoy, pongo un pie en la blogósfera”. Con estas palabras, que bien podrían estar escritas en una bandera ondulante, clavada en algún ubicuo lugar del mundo virtual asiático, el investigador Isaac Mao inauguró, el 5 de agosto de 2002, el primer blog creado en la República Popular de China. Era una página de internet sencilla, sin ninguna complejidad en diseño, pero que cumplía con el más básico requisito para convertir a Isaac en blogger: era el espacio donde el ingeniero empezó a escribir sin ninguna restricción aquello que se le pasaba por la cabeza.

“Lo que después pasó era difícil de imaginar”, escribiría Isaac, seis años después. “Fue como en un cuento de hadas, en donde plantas unas semillas y te levantas la siguiente mañana para encontrarte que se han convertido en un bosque”.

Los cambios en la vida de Isaac, y de la China misma, fueron radicales. En poco tiempo pasó de ser una curiosidad a una celebridad, y dejó de ser el único blogger chino a ser uno más de los 44 millones que habitaban la red a finales de 2007. Isaac, pese a la competencia, no dejó de ser noticia. Sobre todo desde que, a finales de 2005, tras escribir un artículo sobre la censura en China, vio cómo su página, de un día para otro, dejaba de funcionar. Desde entonces se convirtió en la emblemática primera víctima de la Gran Muralla Virtual, mejor conocida como el Proyecto del Escudo Dorado o, para los chinos, “la Red Kung Fu”.

La Gran Muralla Virtual había sido anunciada en noviembre de 2000 en la cumbre de seguridad de China, llevada a cabo en Pekín, donde se dieron cita más de 300 compañías de software del mundo a pedido del Partido Comunista. Los objetivos de la cita eran claros: cómo garantizar la seguridad de un país que en cuestión de años tendría 250 millones de usuarios de internet. En la reunión, “el aparato de seguridad  anunció un plan ambicioso: construir una red nacional de vigilancia digital, conectando agencias nacionales, regionales y locales en una red panóptica de vigilancia”, escribiría Greg Walton, ingeniero de sistemas y activista, en un informe que fue presentado por el hacker chino Bill Xia ante la Comisión Ejecutiva sobre China en el Congreso de los Estados Unidos el 4 de noviembre de 2002 (casi al tiempo que el Escudo probaba su eficacia bloqueando el blog de Isaac Mao).

El funcionamiento del escudo es hoy conocido por el mundo entero gracias a la visita de periodistas a los Juegos Olímpicos de agosto. Hasta que el gobierno levantó el sistema de filtración y bloqueos de las páginas que pasan por el espectro de sus servidores, muchas sitios web eran inaccesibles. Pero frente a la esperada protesta de la prensa occidental ante este hecho, el gobierno de Hu Jintao ordenó liberar los bloqueos a los centros de prensa que cubrían el certamen, aunque aún después de su anuncio, páginas como las de Human Rights Watch y Amnistía Internacional seguían sin acceso, según relataron los periodistas colombianos que asistieron al evento.

Como China, alrededor de cincuenta países, con diversos matices, controlan el acceso de sus ciudadanos a ciertos contenidos en la red. “Los llamamos ‘enemigos de internet’ ”, explica desde París Clothilde Le Coz, encargada del buró “Internet y Libertad” en la organización Reporteros Sin Fronteras. “Son países que filtran los contenidos de los blogs e incluso amenazan a sus autores porque, finalmente, están diciendo lo que nadie más se atreve a decir”.


“En términos globales”, explica Le Coz, “119 ciberdisidentes se encuentran hoy encarcelados en el mundo. Cincuenta de ellos en China”. Una cifra similar denunció hace una semana la Comisión Internacional para la Protección de los Periodistas, la cual afirmó en su último informe que en el mundo 125 periodistas están hoy encarcelados; el 45 por ciento de ellos escribe en medios virtuales. 

Herramientas para disentir

Del otro lado de la pantalla, a kilómetros de Harare  o Teherán, una armada de anónimos e invisibles ingenieros de sistemas se han dado a la tarea de alivianar la censura a la que son sometidos los bloggers y ciudadanos del los “enemigos de internet”.

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Desde hace muchos años los llaman “hacktivistas”, versiones híbridas y actualizadas de los clásicos ciberintrusos (hackers) y activistas, quienes ponen sus conocimientos informáticos al servicio de causas políticas.

Nacieron en los noventa, creando colectivos de trabajo para penetrar los sistemas de información del Banco Mundial y llamar así la atención sobre la situación de los indígenas de Chiapas; otros coordinaban actividades conjuntas con activistas antiglobalización, como los ataques informáticos que realizaron contra la sede del controversial Foro Económico Mundial, realizado en Seattle, en 1999.

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“A raíz de estos ataques”, explica Brian Still, especialista en hackers de la Universidad de Texas Tech, “los hacktivistas fueron pronto equiparados con ciberterroristas”. Sus tácticas empezaron entonces a transformarse, y sus valores se reafirmaron: “Apertura, capacidad de compartir, descentralización, acceso libre a los computadores y mejoramiento del mundo”, según se lee en varios tratados virtuales sobre hacktivismo. “Ellos ven en las trabas a la libertad de expresión un atentado contra su creación, y por eso trabajan en su contra”, recuenta Still, quien se ha entrevistado con una docena de estos anónimos seres, de los cuales sólo conoce su “alias”, y a quienes entrevista en redes informáticas alternativas desconociendo su ubicación, su profesión, nada de lo que ellos no quieran revelar.

La doctrina de estos peculiares y por lo general invisibles ingenieros, a los que la jerga llama “sombreros blancos”, es sencilla y poderosa: “Crear, nunca destruir”. Y la identificación de su enemigo es igual de unívoca: los programas informáticos que gobiernos como el de China están desarrollando para bloquear a bloggers y navegantes.

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Así, desde el surgimiento de la Muralla Virtual y otros mecanismos de control oficial, los hacktivistas diseñan programas gratuitos que permiten precisamente eso: esquivar la vigilancia, burlar a los censores y darle una voz a los ciberdisidentes. De todos ellos, el ingeniero Bill Xia fue uno de los pioneros. Desarrolló en el 2002 un programa para que los usuarios en China pudieran acceder, a través de atajos, a la red no censurada. Tras meses de trabajo, sin embargo, y luego de lograr que más de 20 mil chinos se conectaran sin censura a internet, Xia encontró en el gobierno chino un enemigo imposible de vencer. Ante el Congreso de Estados Unidos diría: “Este proceso es una carrera tecnológica y temporal. Ambos bandos pueden implementar tecnología para mantenerse a la delantera. Pero el futuro es más prometedor para los censores, porque China compra la más avanzada tecnología de compañías occidentales”.

Pese a la dificultad de su causa, otras organizaciones se han unido  en la búsqueda de una red sin censuras. Bajo el nombre de Iniciativa Red Abierta (Open Net), los centros de desarrollo informático de la Universidad de Toronto (Canadá), Cambridge (Inglaterra) y Harvard (E.U.) se convirtieron en espacios de investigación que permanentemente desarrollan tecnología anticensura. A su lado, un comprensivo trabajo en 2003, editado por Reporteros Sin Fronteras y titulado: Manual para bloggers y ciberdisidentes, ha sido la biblia de cientos de activistas virtuales, que encuentran en esta publicación las principales herramientas tecnológicas para que los bloggers esquiven a los censores. 

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Actualmente, de manera descentralizada y nunca visible, los hacktivistas filtran cada tanto una nueva herramienta para hacerle frente a la censura, que muchas veces los ciberdisidentes pueden utilizar con simplemente portar una memoria USB, o bajar un programa de alguna de sus redes.

Una vez logrado su objetivo, los sombreros blancos regresan a sus vidas soterradas, mezclándose con la gente en los metros, o viviendo tranquilos en una pequeña villa. ¿Cuándo volverán al ataque? No se sabe, dice Brian Still, “ni siquiera se sabe, si mientras realizan causas altruistas, también desarrollan virus o están hacienda daños”. A la larga, tras años de estudio, Still ha descubierto que en materia de hackers, nunca es posible descubrir realmente sus verdaderas intenciones. “Cualquiera que te diga que es un sombrero blanco”, concluye, “tiene un sombrero negro aguardando en el clóset”.

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Ciberpersecución

Recientemente, Reporteros Sin Fronteras publicó el informe ‘Internet bajo vigilancia’. Entre otros caos ,  denuncian que en Irán, el gobierno de Mahmud Ahmadineyad censura contenidos que considera no islámicos “y acosa y encarcela a periodistas ‘on-line’”. En Zimbabue, donde los periodistas de la oposición se refugian en internet, el régimen de Robert Mugabe refuerza su vigilancia a la red, e incluso arresta ciudadanos por criticar al gobierno a través de correos electrónicos. En noviembre de 2003, 14 fueron arrestados por circular un correo en el que se criticaban las políticas económicas de un país que enfrenta una inflación del 1.000%.

‘Hacktivismo’: “Creación, no destrucción”.

La palabra “hacker” tiene por lo general connotaciones negativas y peliculescas, y se asocia con episodios de crímenes informáticos. Pero para Brian Still, de la Universidad de Texas Tech, la definición de “hacker” es aún más compleja, y remite a sus orígenes, en los laboratorios del Massachusetts Institute of Technology. Allí, durante los ochenta, un ejército de ingenieros le dio vida a internet, y desde entonces nació la definición más esencial de un ‘hacker’: “Hombres y mujeres  creadores de tecnología”.

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En la medida en que internet cobró fuerzas, estos artistas de la era virtual (Bill Gates, entre ellos) se dieron cuenta del universo ilimitado de posibilidades que se abría en su camino. Y como en cualquier narración épica, los nuevos pioneros de la red se vieron enfrentados a un esencial y común dilema: hacer el bien o hacer el mal. En la jerga de los ‘hackers’, explica un veterano ciberintruso colombiano: “Ser un sombrero blanco o un sombrero negro”.

De los sombreros negros se habla cada rato, y todos les temen. Los sombreros blancos son menos publicitados. Algunos fueron ‘hackers’ (en la acepción popular de la palabra), que hoy trabajan con gobiernos o empresas privadas para garantizar su seguridad informática. Otros fueron más radicales, y se lanzaron a promover causas políticas, desde la lucha contra la globalización hasta la promoción de uno de sus valores fundamentales: la libertad de información en la red.

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En busca de la conversación global

A mediados de diciembre de 2004, decenas de bloggers del mundo entero se dieron cita en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, para discutir y comprender el panorama de posibilidades que se abría ante ellos con el boom de los portales personales en internet.

De la reunión nació el proyecto Global Voices Online, en el cual, bloggers de todas las latitudes, trabajando de la mano con editores locales, regionales y nacionales, han creado una red de comunicación constante, en las que se busca dar cabida a relatos alternativos que por lo general naufragan en las páginas y espacios televisivos de los grandes medios de comunicación.

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Los blogs son escritos muchas veces en lenguaje  nativos, y luego traducidos por un equipo de voluntarios. Miles de bloggers en el mundo hacen parte hoy de esta red.

Por Juan Camilo Maldonado T.

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