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Una sonrisa para despedir al ‘Flaco’

A sus 83 años, el comediante que por 38 años hizo reír sábado a sábado a los colombianos, falleció por una afección respiratoria.

Redacción Gente

21 de diciembre de 2009 - 09:45 p. m.
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“Al Flaco Agudelo hay que despedirlo con una sonrisa, porque fue para eso para lo que vivió”, dice afligido Alfonso Lizarazo, tras la noticia de que a los 83 años,  en la clínica Rafael Uribe Uribe de Cali murió lunes su íntimo amigo Jaime Agudelo víctima de una complicación respiratoria .

“Yo lo conocí cuando en 1972 empecé a armar mi equipo de trabajo para Sábados Felices y decidí que quería comediantes naturales y no actores, para que así no se acabara el repertorio, el Flaco había hecho de todo: su debut fue en Operación Ja Ja en 1961, tocaba la guitarra a dúo con su hermano y hasta había sido mecánico y manejado taxi, pero su humor era tan extraordinario que cuando lo conocí no dudé en saber que lo único que necesitaba era la oportunidad”, comenta Lizarazo.

Sus restos son velados en la Funeraria Los Olivos de Palmira, de donde era oriundo, y serán traídos a Bogotá donde se cremarán, según sus deseos.

En sus 38 años con uno de los programas más entrañables de la televisión colombiana, el  Flaco Agudelo interpretó papeles como el de Jaimito, un niño inocente que siempre vestía de marinero y que hacía atrevidas e indiscretas preguntas. Aunque este papel nació originalmente para la radio en las épocas de Montecristo y  Los tres ases de la risa, fue en la televisión, sábado a sábado, en donde se inmortalizó. “Jaimito era en realidad lo que era el Flaco Agudelo, recuerdo una vez en una importante reunión que tuvimos con el elenco del programa y el Flaco levantó la mano y mientras todos esperábamos que hiciera un aporte, él dijo: Oís Alfonso, a cómo estarán las puntillas en Cafam. Así era su inocencia”, asegura, por su parte, Juan Ricardo Lozano, más conocido como Alerta, quien trabajó desde 1990 con el humorista.

“Después de Jaimito interpretó papeles como el de la Pantera Rosa, el Agente Bueno-Bueno —un importante investigador—, además hizo de Don Chicote de la Mancha, con su Sancho Paisa. La verdad es que él disfrutaba de eso, de crear incesantemente. Para él hacer reír no era un trabajo, sino un regocijo”, añade  Lizarazo.

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Aunque desde joven tuvo afecciones de salud y sobrellevó su vida con una operación de estómago que lo condenó a comer poco y a cuidarse con el azúcar, el Flaco le sacó el mejor partido a su graciosa figura. “Lo que permitió que el Flaco Agudelo durara tanto tiempo y de manera tan vigente en la televisión fue su incansable capacidad de producir chistes, de aprovechar su cuerpo delgado para crear descabellados personajes”, comenta Alerta, quien confiesa que el Flaco era muy poco charlador y  que la mejor forma con la que se comunicaba con la gente era contando chistes.

 El humorista abandonó por un tiempo las grabaciones de Sábados Felices por dos afecciones cardíacas en 2008; sin embargo, había regresado al programa y aparecía en una pequeña franja en donde todavía podía contar sus chistes. Hace una semana, durante la celebración de los 40 años de Caracol, fue galardonado como uno de los personajes más relevantes de la televisión y a pesar de los achaques asistió para recibir su homenaje. “El Flaco nunca tuvo un recato en compartir un chiste, nunca hubo para él un momento inapropiado para hacer que la gente se reventara de la risa. Así, con ese recuerdo y con esas risas, lo despedimos”, concluye Lizarazo.

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Por Redacción Gente

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