6 Dec 2020 - 2:00 p. m.

Urgencia de un sistema educativo superior que apueste por la inclusión

CONTENIDO DESARROLLADO EN ALIANZA CON UNIMINUTO

La misión de las Instituciones de Educación Superior siempre ha estado delineada por principios como el brindar posibilidades de acceso, inclusión y cobertura para que todos los colombianos puedan ingresar y culminar con éxito su proyecto educativo.

Padre Hárold Castilla Devoz, rector general Uniminuto

Se necesita un sistema educativo que, además de asegurar una educación de calidad al alcance de todos, reconozca en ellos sus singularidades.
Se necesita un sistema educativo que, además de asegurar una educación de calidad al alcance de todos, reconozca en ellos sus singularidades.

El mundo enfrenta diversos retos y transformaciones que han sido aceleradas a partir de la denominada cuarta revolución industrial, la cual integra diferentes tecnologías que nos impulsan a cambiar a toda velocidad y a gran escala. Esta rápida transformación incide directamente en la educación y en sus instituciones. Nuestra capacidad de innovar y de tener una lectura amplia de las grandes tendencias y de sus implicaciones en las nuevas formas de trabajo, pero también del cuidado del ser humano, de su esencia y del equilibrio con estos cambios, demarcarán la forma como nuestros estudiantes y graduados se desarrollen desde todas sus dimensiones en la sociedad de la cual hacen parte.

En el marco de estos cambios, la misión de las Instituciones de Educación Superior (IES) siempre ha estado delineada, de manera transversal y prioritaria, por principios como el brindar posibilidades de acceso, inclusión y cobertura para que todos los colombianos puedan ingresar y culminar con éxito su proyecto educativo. De igual manera, también observamos cómo factores sociales y económicos limitan ese acceso y afectan la permanencia en la educación, particularmente por la actual contingencia de salud que vivimos a escala mundial, con fuertes consecuencias para el sector educativo y para las condiciones de vida de los colombianos.

Para hacerle frente a estos nuevos retos no es suficiente que generemos las condiciones para asegurar el derecho a una educación superior para todos, sino que además se brinden las posibilidades para que las personas puedan sentirse parte de una sociedad diversa y enriquecida por aspectos económicos, políticos y culturales.

Por lo anterior, se necesita un sistema educativo que, además de asegurar una educación de calidad al alcance de todos, reconozca en ellos sus singularidades y encuentre en las diferencias un potencial y el equilibrio de la existencia. En el marco de esta esperanza que motiva un proyecto educativo incluyente, tomo las palabras de una de las entrevistas a Humberto Maturana, de otras que se compilan en el libro El sentido de lo humano, para insistir en que todos somos distintos y tenemos elementos familiares, históricos, culturales, de modos de vida, que nos diferencian de los otros, lo cual no determina que seamos más o menos que el prójimo, simplemente somos. Parafraseando las ideas de la misma entrevista, en el momento en que nosotros pensamos que el otro es un ser limitado, hay sufrimiento, pero en el momento en que logramos comprender que el otro es un ser distinto, avanzamos desde las múltiples potencialidades que cada uno tiene.

(Lea también: La educación superior al servicio de un nuevo humanismo)

La Agenda 2030 de las Instituciones de Educación Superior para el Desarrollo Sostenible —en la Declaración de Incheon 2015— expone la necesidad de avanzar hacia sociedades más inclusivas, solidarias y cohesionadas, ubicando al ser humano desde su individualidad en el centro de este propósito. Pero ¿Qué estamos entendiendo por inclusión en el marco de la educación superior? Es un proceso permanente que reconoce el derecho de toda persona a una educación de calidad basada en el reconocimiento y la valoración de la diferencia y la diversidad, elementos claves para asegurar el acceso, la permanencia, la participación y la graduación oportuna de los estudiantes.

En el contexto colombiano y partiendo de la Política de Educación Superior Inclusiva del Ministerio de Educación Nacional (2013), la diversidad exige rescatar la riqueza propia de la identidad y particularidades de aquellos estudiantes que, por razones sociales, económicas, políticas, culturales, físicas, lingüísticas y geográficas, requieren especial protección.

Este énfasis no debe ser visto como un enfoque reduccionista que solo considera las necesidades de esas poblaciones, sino del proceso de inclusión en el marco de una educación para todos. La inclusión implica la puesta en marcha de un proceso educativo que busca articular aspectos éticos, sociales, económicos y pedagógicos que, vistos en conjunto, aportan a la superación de las múltiples formas de exclusión social. De esta manera creamos las condiciones que permiten que los grupos históricamente excluidos por variadas circunstancias accedan y permanezcan en la educación superior y puedan lograr su movilidad social. Es en ese sentido que urge un sistema educativo superior que apueste por la inclusión.

Síguenos en Google Noticias