25 Nov 2009 - 8:10 p. m.

Vacuna para la obesidad, ¿realidad o mentira?

Es perdonable que los pacientes que no quieren aprender repitan el error de expresión, pero no que un médico lo haga.

Ernesto Andrade*

La controvertida vacuna contra la obesidad no existe, sencillamente porque la obesidad no es una enfermedad causada por un virus o una bacteria y las vacunas son sustancias que generan en nuestro organismo anticuerpos para defendernos de estos agentes.

Es perdonable que los pacientes que no quieren aprender repitan el error de expresión, pero no  que un médico lo haga. La obesidad es una enfermedad que ha causado más muertes que el sida y es adquirida por nuestros malos hábitos de vida, sedentarismo y ocasionalmente por trastornos hormonales y no se cura mágicamente con una inyección.

Estudios en ratones mostraron trastornos de obesidad que podían corregirse  y algunos pensaron que esto se podía aplicar a los humanos, pero estos estudios son muy pobres. Dos laboratorios, uno en Suiza y otro en EE.UU., se aventuraron a la búsqueda de esas sustancias para conseguir que los obesos ordenaran su metabolismo. Me comuniqué con ambos y la respuesta fue la misma: abandonamos la investigación porque no pudimos demostrar su utilidad en el manejo de la obesidad.

La obsesión por la delgadez produce tantas enfermedades como la obesidad y es imperdonable que la voluntad de estas personas sea tan pobre que no les permita hacer lo indicado. El cigarrillo mata, pero mata más la voluntad nula de los fumadores en dejar tan espantoso vicio. Lo mismo pasa con la gordura. Entonces, nacen los oportunistas que ante una demanda gigante, se convierten en la oferta perfecta.

Yo perezoso quiero seguir comiendo mal, no hacer ejercicio y que alguien me ponga una inyección que me deje flaco para siempre. Yo médico ávido de dinero coloco un medicamento sin soportes científicos, que no está aprobado por las entidades reguladoras pero qué importa, la paciente se ve delgada, me manda más pacientes y hago dinero. Intolerable en el siglo XXI.

Los cirujanos plásticos existimos desde hace décadas y ofrecemos un servicio profesional serio. Pero, ante la demanda de pacientes que quieren mejorar sus aspecto con fórmulas mágicas, nos nació una competencia irresponsable de no médicos.

Ya existieron los biopolímeros, las pastillitas rojas adelgazantes, ya hemos visto suficientes deformidades físicas, muertes y familias destruidas por ligerezas de los pacientes y sus tratantes. Es hora de parar. La fórmula para lucir flaco sin hacer ejercicio y comiendo mal no existe ni existirá.

* Miembro de número de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y fundador de la Clínica del Chicó.

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