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Era 1992 cuando Juan Jiménez se tropezó con el dolor. Uno de sus perros, de sus mejores amigos, fue atropellado por un carro y murió casi al instante. La rabia lo envolvió rápidamente al no poder hacer nada para salvarlo. Después de un tiempo, lo abrazó la curiosidad y exploró caminos que, de alguna manera, pudieran ayudar a los animales. Fue así como decidió ser veterinario.
Jiménez tiene claro que su profesión también implica ser un trabajador social. En 2007 comenzó el Proyecto Humanitario Fauna Callejera, enfocado en la esterilización de animales en Antioquia y Cauca. La iniciativa nació debido a la proliferación de perros y gatos abandonados.
Se estima que solo en Bogotá están vagabundeando por las aceras este año 903.573 perros sin dueño, un problema de salud pública al que el veterinario Néstor Muñoz se refiere preocupado: “Imagínese que una labradora fue abandonada en la calle. En algún momento estaba en celo y se metió con otro perro. Quedó embarazada y tuvo 11 perros. De ellos, hay cinco hembras. Ellas a los seis meses también están en celo y pueden tener otros 11 cachorros. En seis meses tenemos 60”.
Un escenario bastante complejo por los inconvenientes que puede traer: animales sin vacunar, que escarban las basuras y dejan sus excrementos en zonas comunes. Muñoz señala que la mayoría sufre y, lo peor, pareciera que a nadie le importaran sus deplorables condiciones de maltrato. En una semana llegan 30 casos de animales desprotegidos a la veterinaria donde trabaja.
Jiménez y Muñoz están convencidos de que su labor es indispensable. Por eso hoy trabajan horas extras. Sin embargo, aunque no cobren sus honorarios, los procedimientos y medicamentos siguen siendo muy costosos y debe haber alguien que se haga responsable.
Les preocupa que no existan iniciativas públicas masivas para disminuir las problemáticas del abandono, el maltrato y la natalidad fuera de control, y que sean solo los privados los que se encarguen de mejorar las condiciones de vida de los animales desprotegidos: “No sé qué pasa con las entidades públicas. Hacen de vez en cuando algunas campañas y recogen perros, pero eso no es suficiente. Los hospitales deben hacer esterilizaciones. Además, cuando se abre la convocatoria, los dueños tienen que pagar y entonces no hay suficientes cupos”.
Los equipos de Jiménez y Muñoz viajan por Colombia tratando de esterilizar la mayor cantidad de perros y gatos posible. El primero ha estado en catástrofes como la del Canal del Dique, en 2010, donde ayudó a rescatar cientos de animales damnificados. Hace unas semanas viajó a San Andrés y atendió 300 casos. Su trabajo es impresionante: al día, el grupo de Jiménez tiene una capacidad operativa para hacer hasta 120 cirugías.
Muñoz, por su parte, recorre los barrios populares de Bogotá enseñándoles a las personas sobre el cuidado de sus animales. Laura Rodríguez, directora de la Fundación Adopta No Compres, asegura que si no fuera por estos veterinarios, muchos animales habrían muerto.
“Esta labor es en realidad una responsabilidad social de todos y no de unos pocos, porque los animales callejeros no son parte de nuestra basura, son parte de esa falla que tenemos como sociedad”, enfatiza. Por eso los tres expertos coinciden en que no son los únicos que pueden contribuir al cambio. Solo con adoptar y no comprar ya se hace la diferencia. Tal vez hay quienes prefieran las mascotas de raza, pero existe un argumento que Jiménez expresa y que es difícil de refutar: “Los amigos no se compran, se adoptan. Quien diga que la amistad no está a la vuelta de la esquina nunca adoptó un animal rescatado”.