Publicidad

Viaje a los nuevos planetas

Un año después de su inicio, la misión Kepler, de la Nasa, anunció el descubrimiento de otros 1. 235, algunos similares a la Tierra. Mario Pérez, científico del instituto, le explicó a El Espectador cómo fue la cacería.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Gabriela Supelano
05 de febrero de 2011 - 10:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Desde hace año y medio el Kepler ha acompañado a la Tierra en sus vueltas alrededor del Sol. Este  gran telescopio de la Nasa fue construido con el propósito de escudriñar planetas que no están dentro del sistema solar y que además sean similares a la Tierra y puedan albergar vida.

La semana pasada los investigadores de la misión Kepler revelaron los resultados de esta primera etapa de su investigación. Por medio del telescopio, los científicos han logrado distinguir 1.235 exoplanetas, de los cuales apenas 54 orbitan en una zona habitable. Pero la cosa se pone aún más interesante, ya que de éstos hay cinco que tienen las mismas dimensiones que la Tierra y otros seis que orbitan un sistema solar similar al nuestro.

Estos planetas, considerados como candidatos para albergar algún tipo de vida, deben cumplir unos requisitos básicos. En primer lugar, tienen que estar en la zona habitable de su estrella, ni muy cerca ni muy lejos, y de esta forma tener la temperatura ideal para que exista agua líquida. Pero esto no es lo único, también debe ser sólido. A diferencia de planetas como Saturno o Júpiter, un candidato no puede ser una bola de gas y tampoco diferenciarse mucho en tamaño de la Tierra.

El chileno Mario Pérez, uno de los dos científicos de la Nasa encargados de la investigación de exoplanetas, tiene una visión más realista de la misión. Para él, es apenas la primera etapa, “el proyecto es aún joven y sus resultados serán más contundentes en unos años, cuando tengamos respuestas definitivas”, asegura.

Son apenas incipientes, porque Kepler se ha dedicado a buscar planetas que están demasiado lejos. Otras misiones, como el Símil, del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, ha encontrado más de 500 planetas cercanos a la Tierra. Éstos están a unos 10 o 20 años luz del nuestro. El científico del instituto catalán Ignasi Ribas declaró hace unos meses: “Si nuestra galaxia fuera una ciudad de tamaño mediano, la zona en la que estamos buscando exoplanetas sería nuestro propio barrio y otro cercano”.

En Kepler no están mirando “la vecindad del lado”, como diría Pérez, ellos están poniendo sus ojos en las ciudades vecinas. Esas “ciudades” son las que se encuentran en la zona norte del cielo, en una constelación llamada Cygnus, que reposa a unos 2 mil años luz de aquí. Ahí es donde buscan sus candidatos.

Fue precisamente a través de un complejo proceso de observación que los científicos encargados de la misión Kepler encontraron, en tan poco tiempo, los primeros planetas de características similares a la Tierra. Y no fue una misión simple. Además de requerir equipos de altísima tecnología, el trabajo exige una gran dosis de paciencia entre los astrónomos. No es tan sencillo como mirar al espacio y ver qué planetas nuevos están flotando por ahí. Se requiere una cantidad de instrumentos supremamente sensibles para detectar un planeta al que se tardaría dos mil años en llegar si se viajara a la velocidad de la luz.

En primer lugar, lo que se observa no es el planeta, sino su estrella. Los investigadores registran las variaciones en la luminosidad de estos 1.235 astros. Si hay un cambio sutil, de apenas un 1%, en la luz que produce una de éstas y además es cada cierto período de tiempo, pueden asumir que por ahí orbita un planeta. Luego de tener esta certeza, los científicos determinan su tamaño. “Lo que no sabemos todavía es la densidad de estos lugares, es decir, si son sólidos o gaseosos”, explica Pérez. Para descubrir esto se requerirán otros instrumentos y otras misiones, al igual que para saber cuál es la composición química de cada uno.

Pero, ¿por qué es tan importante conocer de qué están compuestos? Porque así se puede saber si es probable que haya vida. “El Kepler no puede distinguir las marcas biológicas que sostienen la vida. No tiene la capacidad de observar la atmósfera de cierta forma y saber que en ella hay nitrógeno, oxígeno, metano y otros gases que aparecen cuando un planeta tiene seres vivos”, aclara Pérez. “De todas formas, la observación de estos gases no comprobaría 100% la existencia de vida”.

 En resumidas cuentas, lo que saben hasta el momento es poco en comparación a lo que todavía les falta por conocer. Todas estas incógnitas son las que dan paso a la ficción dentro de la ciencia y a que las personas asuman que muy pronto los humanos nos podremos mudar a estos planetas habitables. Pérez explica que aún faltan 10 o 20 años para obtener los resultados certeros que promete la Nasa.

Mientras que la física no haga un descubrimiento extraordinario que cambie la forma en que nos transportemos y logre movernos a la velocidad de la luz o incluso más rápido, no habrá viajes espaciales a estos lugares para recolectar pruebas de primera mano y hacer observaciones cercanas.

“Si se viajara a alguno de los planetas que están a 20 años luz con la tecnología actual, nos tardaríamos 200 o 300 años en ir y regresar. Incluso si se lograra llegar a la velocidad de la luz, una misión tardaría más de 40 años”, explica Pérez. No existe el combustible, la comida ni el cuerpo que pueda aguantar tanto tiempo en el espacio. Esto quiere decir que por ahora la investigación se seguirá haciendo por percepción remota, es decir, desde la comodidad de la Tierra.

Cuando se le pregunta a Pérez sobre lo que los descubrimientos futuros podrían significar para la humanidad, él responde desde su perspectiva: “El descubrimiento de vida extraterrestre no molesta a nadie que esté dentro de la comunidad científica. Es algo esperado y bienvenido”.

Los resultados compartidos por la Nasa el 1° de febrero sólo marcan la primera etapa en los estudios de este tipo. Según Pérez, en los próximos años vendrán misiones más ambiciosas que utilizarán equipos aún más avanzados. Pero por el momento, el Kepler no dejará de dar vueltas alrededor del Sol, como un pequeño espía de planetas lejanos, y personas como Mario Pérez no desistirán en su misión de encontrar otros mundos como el nuestro, para así decirle a la humanidad que reaccione, “ya que es egoísta pensar que entre todos los millones de estrellas la nuestra es única y sólo en ella puede existir vida”.

Los descubrimientos de la misión Kepler

Por Gabriela Supelano

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.