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Víctimas de la talidomida

Miles de afectados por este medicamento, que malformó sus extremidades, rechazan las disculpas que después de cinco décadas ofreció el laboratorio productor. En Colombia también se comercializó y hay rastros de perjudicados.

Sergio Silva Numa

05 de septiembre de 2012 - 05:35 p. m.
Alrededor de 10.000 niños nacieron en el mundo con malformaciones por culpa de la talidomida. Se calcula que entre 5.000 y 6.000 siguen vivos. / EFE
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“Las disculpas llegan cincuenta años tarde”. Esa es la respuesta de la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (Avite) a la farmacéutica alemana Grünenthal, que esta semana se disculpó por primera vez públicamente por los estragos que provocó el producto de su marca. Por culpa de la talidomida, vendida en las décadas del 50 y el 60, aún hay 200 afectados en el país ibérico y entre 5.000 y 6.000 en todo el mundo, según la Asociación Británica de Víctimas de la Talidomida (Thalidomine UK).

Todos están indignados. Y no es para menos. Nacieron con malformaciones en sus extremidades, o ciegos o sordos, luego de que sus madres, en el período de embarazo, la tomaran. El fármaco, que salió al mercado el 1º de octubre de 1957, prometía calmar las náuseas, conciliar el sueño y aplacar una que otra molestia.

Hoy, después de cinco décadas de silencio y una estadística de más de diez mil niños que presentaron deformaciones, esas víctimas rechazan las disculpas que ofreció Grünenthal hace unos días. “Perdón por no haber encontrado el camino hacia las víctimas, de ser humano a ser humano”, dijo su director ejecutivo, Harald Stock, al tiempo que inauguraba un monumento que representaba el estado de los afectados.

“Según nuestra ley y la lógica humana, no sólo ha de disculparse, sino también reparar en lo posible el daño causado, lo que en este caso no puede sino conllevar una indemnización suficiente para las víctimas”, le respondió la asociación de víctimas Avite a El Espectador.

Aseguran, además, que la compañía farmacéutica se limitó a ofrecerles una “generosa” oferta de 120.000 euros para 200 víctimas. Es decir, 600 a cada una para “una media de 80 años de vida llena de sufrimiento”.

Por eso es que están indignados. Por eso es que pretenden seguir dando la pelea en los juzgados de Madrid, donde reclaman 200 millones de euros.

Aunque en 1961 la empresa alemana retiró la talidomida del mercado, luego de que un pediatra descubriera sus consecuencias, hoy se sigue vendiendo en gran parte del mundo. Los fines son otros. Se usa para tratar la lepra, el lupus eritematoso sistémico y una forma de cáncer de la médula ósea.

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Sin embargo, se cree que algunas embarazadas la siguen consumiendo para calmar sus males. Por eso las organizaciones de víctimas claman para que se suspenda su producción de forma definitiva.

Son millones las tabletas que se han vendido en distintos países. Estudios indican que sólo entre 1985 y 1992 se habían suministrado más de dos millones en 38 países, con 52 nombres diferentes.

Actualmente en nuestro país la droga se puede conseguir. El Ministerio de Salud la tiene bajo control y la suministra de forma gratuita para tratar la lepra. Pero sólo se puede adquirir mediante prescripción médica y luego de pasar una serie de exámenes que confirmen que el paciente realmente la necesita. Su productor es el Laboratorio Tecnofarma y las droguerías tienen prohibida su venta.

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Sin embargo, fuentes consultadas por El Espectador aseguraron que si bien hay un estricto control de las autoridades, es muy posible que esté entrando por contrabando desde Venezuela a varios municipios de Norte de Santander.

Y si bien hay registros de que en varios lugares de Latinoamérica la talidomida se vendió en décadas pasadas, no se sabe con certeza si en Colombia las pacientes embarazadas la utilizaban.

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Pese a ello, una posible víctima confirma esa hipótesis. Se trata de Ariel Muñoz, un bogotano que nació en 1970 sin el antebrazo izquierdo. Los médicos que ha visitado siempre coinciden en su parte: “la culpa es de la talidomida”.

Aunque él no sabe con certeza los motivos de su malformación, recuerda que su madre siempre le decía que el causante de su problema era un medicamento que ella tomaba cuando estaba embarazada. “La empresa tiene mucha responsabilidad. No tener brazo afecta gran parte del proyecto de vida”, dice. ¿Cuántos casos más existirán en Colombia? Al menos, las cifras oficiales no lo dicen.

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Por Sergio Silva Numa

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