Cantares del subdesarrollo

El sonero de Panamá se alista para hacer su doctorado en sociología y derecho, pero antes de entrar en las aulas visita Colombia para escuchar cómo la gente canta sus éxitos.

Rubén Blades se siente viejo. Ninguno de sus seguidores se atrevería a decirlo, pero para él hay dos indicadores irrefutables del paso del tiempo. Por una lado, hace muchos años que ninguna disquera se le acerca a hacerle una propuesta, decorosa o indecente pero que valga la pena, lo que sugiere que no está en el catálogo de estrellas de moda. Y por otra parte, está en un momento de su vida en el que tiene la suficiente responsabilidad social para agradecer el simple hecho de que lo dejen trabajar, que lo contraten, que lo pongan como figura central dentro de un cartel de rumba, y que lo inviten a otros países a desarrollar un poco más ese arte de sonear, en el que ya es un maestro.

Tiene 63 años y cuando mira a la derecha ve a un colectivo de muchachitos que no superan los 25 años y que son las grandes luminarias de la escena musical en el mundo. Voltea su mirada y a la izquierda se encuentra con lo mismo, mujeres hermosas, algo delgadas, intentando cantar y haciendo lo posible por parecerse más a lo que no son. Por fortuna, cree, dentro de estos grupos de jóvenes hay algunos diamantes a la espera de que el tiempo les proporcione esa madurez que él ya tiene y que le da la oportunidad de cantar, bailar, tocar las maracas y convidar al escenario a su alter ego Medoro Madera, sin tener que sudar mucho.

Por eso también se siente viejo, porque lo que antes le representaba litros de transpiración, ahora lo ejecuta como algo habitual, como una cotidianidad sin recreo de la que no pudo huir ni en aquel lustro dedicado a los escritorios y las relaciones públicas. “Esos cinco años en el gobierno en Panamá, sin hacer discos ni películas, me dieron la satisfacción de poder ser menos egoísta, de ser coherente entre lo que escribo, canto y lo que hago. Salí comprobando que a través del proceso político es posible realizar cambios positivos”, asegura Rubén Blades, ahora con su humilde rol de cantautor, desde el que compuso en 2009 Cantares del subdesarrollo.

En todos estos años de vida, el panameño nunca ha abandonado la música, y cuando le ofrecieron el cargo como servidor público, jamás se planteó la urgencia de decirle no al arte, más bien sintió el llamado a responderle con un ‘sí’, además incondicional, a su país. Promocionó su región como destino turístico y aprovechó la invitación de Calle 13 para hacer a seis manos el tema La perla. Ahí la conexión fue sencilla porque ambas propuestas sonoras se basan en necesidades urbanas. Esa canción fue el punto de partida para la elaboración de “Latinoamérica”, que se ha identificado como la continuación de “Buscando América”, un clásico de Blades.

“Creo que las cosas están allí para ser utilizadas responsablemente. El que un trabajo inspire otro no es nuevo. Ojos de perro azul, cuento corto de Gabo, fue mi punto de partida para esa canción y el álbum ‘Agua de luna’, inspirado en su obra”, comenta el salsero, quien tiene el proyecto de hacer un disco de tangos con Carlos Franzetti y otro de salsa con Cheo Feliciano. Pero también quiere realizar una película con Denzel Washington, en Sudáfrica, sin olvidar su doctorado sobre sociología y derecho en Nueva York, y mil proyectos más.

Rubén Blades se siente viejo y, por fortuna, la juventud es un defecto que se cura con los años.

Aguapanelas Internacional. Sábado, 8 p.m. Boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.

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