16 Nov 2014 - 2:00 a. m.

Al rescate del Fucha

El Colectivo Casa Nativa, iniciativa de la localidad de San Cristóbal Sur, lleva tres años en el proceso de recuperación de una de las cuencas hídricas más importantes de Bogotá.

Estefanía Avella Bermúdez

Dos veces por semana el Colectivo Planeta Casa Nativa se reúne a las orillas del río Fucha, a la altura de la localidad de San Cristóbal Sur, para aportar a la recuperación de una de las cuencas hídricas que atraviesa cinco localidades y que es de las más importantes que tiene Bogotá.

Hace tres años, Hamid Martínez fue a visitar el río Fucha, cerró los ojos e imaginó estar en un paraíso, pero a vista el panorama era algo completamente diferente. “Un basurero, un matadero y el lugar en el que al día varias personas eran atracadas”, así lo describe este hombre de 29 años quien comenzó su carrera de gestión ambiental y que ahora se dedica a la música y al río.

Desde entonces su iniciativa fue convocar a la comunidad, amigos y vecinos para que en un proceso conjunto recobraran el valor del río, del agua y del espacio en el que habitan. En torno a esta cuenca hídrica decidieron crear un ambiente de dispersión e integración que combinanan con lo que ellos llaman “perreo social”: una mezcla entre dance hall jamaiquino y lírica social.

El Fucha, que nace en los cerros orientales en el páramo de Cruz Verde y recorre la ciudad hasta llegar a su desembocadura en el río Bogotá, es una de las fuentes de agua de la capital más contaminadas.

En 1970, los grandes terrenos que bordeaban la parte alta de esta cuenca hídrica comenzaron a desaparecer. Las fincas de extensas hectáreas fueron vendidas y comenzó un proceso de urbanización que hoy continúa a pasos agigantados. Los humedales que existían alrededor y que recogían todo el agua cuando el río se desbordaba ya no están, porque fueron reemplazados por casas.

Octavio Rodríguez, sociólogo y coordinador social del Convenio de Recuperación de Quebradas de Usaquén de la Secretaría Distrital, señala que la población masiva hace que el río actualmente sólo tenga el 20% del material de su suelo original. “Para las construcciones los ingenieros retiran las rocas naturales ocasionando que las aguas tomen más fuerza y erosionen las zonas de ronda, arrastre tierra y basura, y ello puede llegar a ocasionar grandes catástrofes”, asegura.

Además, el experto reitera que este proceso de urbanización está ocasionando cada vez más contaminación y problemas al caudal. Las personas botan la basura al río, las canales que llevan las aguas residuales están conectadas con esta corriente, las construcciones han obligado a canalizarlo generando mayores flujos de agua, y las áreas de ronda son mínimas: lo ideal y legalmente establecido son entre 15 y 20 metros, pero actualmente la distancia de las casas puede ser menor a un metro.

Este panorama fue el que llevó a que Hamid buscara la manera de generar conciencia por el río Fucha. Su iniciativa no la hizo sólo a través de incentivos ambientales, sino que buscó en el arte la forma para congregar a las personas y plantearles una manera atractiva de conformar un colectivo que contribuyera a la regeneración de un espacio natural.

“Son momentos para compartir y en los que todos pueden expresarse a su manera”, describe. Niños, jóvenes y adultos voluntarios se reúnen la tarde de los miércoles y la mañana de los sábados para recoger basura dentro del agua, sembrar plantas y hacer acogedores los alrededores, así como para compartir un rato agradable en torno a la música, el yoga y las charlas informativas.

Con el tiempo, personas de otras localidades se han integrado a la actividad. Desde Bosa, Kennedy, Usme e incluso Chía llega gente a las jornadas semanales, pero ante todo a los eventos especiales que el colectivo Casa Nativa ha organizado a lo largo del año.

Entre los puntos de encuentro más representativos están “Escucha el río”, un espacio de transformación paisajística con la siembra de árboles nativos y la limpieza de retamos espinosos; “Reggae en río”, un festival de bandas locales, y “Travesía río Fucha”, para recorrer en un día las localidades que la corriente de agua atraviesa: San Cristóbal, Antonio Nariño, Puente Aranda, Kennedy y Fontibón.

De esta manera, la comunidad se ha apropiado de la fuente de agua que por más de 30 años los capitalinos han despreciado y el “desarrollo” ha destruido.

Iniciativas de reconocimiento como estas deben aplaudirse y darse a conocer, admite Joaquín Caraballo, director de la maestría en gerencia ambiental de la Universidad de los Andes. Para él, es importante que los bogotanos abran los ojos y miren las cuencas hídricas que son arterias indispensables para el ordenamiento de la ciudad, ya que sin ellas la capital sería muy distinta. Por ello, esta universidad, en compañía de el colectivo La Ciudad Verde y el Combo 2600, crearon la Ruta de la sostenibilidad: una iniciativa que pretende recorrer lugares ambientales claves para el desarrollo de Bogotá y con la que los asistentes pueden reconocer aportes sociales dedicados a la recuperación de estos espacios, como el de Casa Nativa.

“No podemos esperar a que las instituciones gubernamentales hagan esta labor de recuperación. La comunidad misma tiene que hacer esta tarea para enfrentar la crisis que los recursos ambientales están sufriendo en las ciudades”, afirma Hamid. Es indispensable, para este líder social y demás expertos en el tema, que los bogotanos dejen de dar la espalda a los cerros y las cuencas hídricas. de la capital.

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