13 Nov 2020 - 1:11 a. m.

Reconexión y renaturalización Río Fucha, San Cristobal, Bogotá

Hamid “Nativo” Martínez Rodríguez y Lina Pedraza (Negrita Nativa) lideran un escuadrón ambiental que todas las semanas se encarga de recoger las basuras alrededor del río Fucha, en Bogotá, retirar especies exóticas e invasoras y de reforestar la zona con especies nativas en la cuenca alta de este rio capitalino. Información institucional.

BIBO

En la localidad de San Cristóbal, en Bogotá, un joven gestor ambiental está desde hace 8 años recuperando el río Fucha, que atraviesa la capital del país. En los últimos seis años se ha puesto en la tarea de recoger basuras con la ayuda de la comunidad; niños de varios colegios de la localidad, universitarios y adultos mayores quienes recorren dos veces por semana tramos del río en busca de desechos, bolsas, latas, plásticos y papel. El objetivo es sanar las aguas de cada territorio y donde se espera se pueda volver a nadar y pescar en el cuerpo hídrico, así como caminar alrededor, esta segunda parte ya se está construyendo como el primer eco-corredor de rio de la ciudad.

Hamid Martínez Rodríguez y su esposa, son los fundadores del Colectivo Corporación Planeta Casa Nativa, quienes son los responsables de que todas las fuerzas humanas de la comunidad del alto Fucha en la localidad de San Cristóbal se hayan unido en torno a un solo propósito. La idea surgió cuando paseaba junto a mi esposa por los alrededores del rio Fucha, que nace en los cerros orientales; El cauce del rió Fucha recorre Bogotá de oriente a occidente. Nace en el Páramo de Cruz Verde, baja por la calle 8 sur en San Cristóbal, pasa por los barrios de otras cuatro localidades y se extiende más de 20 kilómetros hasta su desembocadura en Fontibón, en el meandro de Say en el río Bogotá. Durante ese recorrido cambia de agua, color, ancho y paisaje, pues se encuentra canalizado hasta la Avenida Boyacá, donde cientos de barrios e industrias descargan residuos, tóxicos y basura en él, como si fuera un caño.

Fue en el páramo de Cruz, donde se dieron cuenta de que sus aguas se transformaban en unas de las más contaminadas al caer sobre las calles bogotanas. “La mano del hombre estaba acabando con el río”. Empezarón a recoger solos los residuos mientras que hamid se comprometió a hacerlo como un proceso de sanación personal, de reconexión. Luego hizo el llamado a la gente a los vecinos y colegios del sector. Y así se fueron uniendo poco a poco más personas.

“Nací y crecí junto al rio, hay que reconocer el territorio en el que vivimos. Conocí el río, cuando chico, en la parte alta, y es agradable, y en la parte de abajo es un canal y cambia totalmente, por ello es que nos volvimos sus guardianes por eso es lo que queremos salvar”, dice uno de los voluntarios que pertenece al colegio técnico José Félix Restrepo, uno de los aliados de esta corporación. “Ese contraste, donde es la misma comunidad, sus niños y jóvenes, según Hamid, es el que logra cambiarle el chip a la gente y la motiva a trabajar por la protección de su zona”.

“Le entregué mi vida al río”, explica este sobreviviente de un cáncer que lo hizo repensar su vida. Alterno su otra pasión su negocio de montaje de sonido y logística de eventos y fiestas -en lugares de rumba como Siam o Casa Babylon-, por “palas, carretillas, guadañas, machetes, árboles y plántulas”.

En esta corporación de San Cristóbal están convencidos de que la construcción de la paz y de convivencia también se trata de pequeñas acciones que transformen y beneficien a las comunidades. Así surgió su proyecto ‘Reconexión y renaturalización rio Fucha’, con el que niñas, niños y jóvenes se comprometieron a salvar y proteger la ronda del río Fucha y en la que han invitado a otros sectores de la comunidad al proceso de salvar este rio.

Una tarea aparentemente pequeña, pero que ha logrado cambiarles la cara a varios barrios, unir a sus comunidades y recibir premios y reconocimientos en los ámbitos nacional e internacional al igual que hacerlo un Titán Caracol.

“La primera vez que hicimos una intervención en el río Fucha, recogimos 3.4 toneladas de basura. Hoy, luego de más de seis años de trabajo, no sacamos más de dos bolsas. Eso para nosotros ha sido un logro gigante porque quiere decir que la gente ya se ha concientizado y evita botar basura al río o sacarla en los días que no corresponde”, comenta el profesor Hammes, quien acompaña en algunas oportunidades el proceso del servicio social de su colegio.

Gracias al trabajo mancomunado entre la comunidad educativa y diversos colectivos locales, este proyecto se ha convertido en un ejemplo de cómo pequeñas acciones “revitalizan espacios donde antes había delincuencia, desaseo y desorden social, y se crean escenarios propicios para la reconciliación, la convivencia y el desarrollo de actividades culturales que, en su conjunto, hacen posible que se empiece a construir paz”, asegura Lina cofundadora y convencida del cambio que ha generado en la comunidad, por ello quieren aumentar su alcance a otras localidades de la ciudad.

“Le apostamos al cambio por el planeta y, en ese sentido, los estudiantes no solo ven en estas actividades semanales una forma de obtener su certificado de servicio social. Son la oportunidad de pertenecer a un grupo, de hacerse voluntarios de la trasformación de su localidad, donde son aceptados en actividades que benefician a toda la comunidad, modificando no solo su comportamiento sino sus intereses. Se trata de repensarnos para cambiar por un bien común y eso, es un ejercicio de paz y sostenibilidad ambiental de encontrarnos con el planeta y el territorio”, finaliza Hamid no sin antes invitarnos a conocer este proyecto de trasformación de San Cristóbal en Bogotá.

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